Caminos hacia la música (Vol.2)

n19 musica

Continuando los relatos del mes pasado, en los que narré la fuerza de ciertos momentos donde un pequeño gesto, un rato de compartir música con alguien a quien admiras siendo un niño (y ahora también) puede abrir puertas y renovar la pasión por tocar música.

Este mes me gustaría explicarlo al revés, y tratar de mostrar cómo se puede sentir el feedback1  emocional desde el punto de vista de “el que ayuda”, e incluso darse cuenta, aunque sea con el paso del tiempo. Lo contaré con una anécdota que para mí tiene un gran calado filosófico musical, y que puede servir para animar a músicos y no-músicos a “darle vueltas al tema”.

Fue en 2014, en un concierto benéfico que se hizo en La Violeta, en beneficio de la ONG Saheli2, donde actuaba Lafu, Carlos Zanetti y Zona Creactiva (del Conservatorio de Buñol) con Don Kuerales y sus Modales, entre otros.

Entre los artistas hubo buen rollazo total, y al final de las actuaciones comenzamos a tocar mezclados, a improvisar juntos y demás mandangas de músicos. Un señor (mayor) del público pidió cantar unas canciones y le dejaron una guitarra y cantó canciones sociales, muchas compuestas por él, canción protesta old school3 de la que llega, de la que te la crees. Honesta.

Tras un largo discurrir musical de toda la tarde y parte de la noche acabamos tocando con él, y se notaba que no estaba acostumbrado a tocar con gente, que venía tocando solo durante muchísimo tiempo, o desde siempre, con una guitarra, sus propias canciones, con sinceridad. Notamos que estaba incómodo, pero no por él, sino por nosotros, por si por su longeva soledad interpretativa nos resultaba molesto seguirle. Y nos lo dijo. Le dijimos que no se preocupara, que el “tirara” que nosotros le seguíamos.

No importaban los pequeños errores “cogiendo la canción”, daba igual si alguien desafinaba un poco, o en algún cambio de estas inexploradas canciones la batería hiciera algún “perchón”. Estábamos a gusto y allí noté que, al menos bajo mi percepción, iba a pasar algo mágico.

Se relajó, interpretamos tres canciones suyas, se hicieron solos muy inspirados, y podíamos ver que el hombre estaba disfrutando, se dejaba llevar por la batería, cantó con gran potencia y emoción, tocó la guitarra cómodamente, ya que otros guitarristas le cubrían las espaldas, y se sintió feliz.

¿Qué cómo lo sé? Porque me lo dijo él. Dijo que tras años y años tocando solo, nunca hubiera llegado a imaginar que podría tocar sus canciones alguna vez con más músicos, con solos, con ritmo, que para él había sido cumplir un sueño imposible, que se había emocionado, y que nos lo agradecía infinitamente. El señor no era un niño físicamente4, pero en la práctica de tocar con otras personas podríamos decir que sí que lo era, y así lo reflejaba su cara cuando estábamos en plena actuación improvisada.

A mí sus canciones me gustaron, y así se lo dije, y durante la conversación posterior, él me dijo que se iba con las pilas cargadas, con muchas ganas de hacer más canciones, de cantar, de tocar la guitarra… Es exactamente el mismo efecto del que hablaba el mes pasado, y está pasando constantemente en el mundo. En todas partes estos pequeños momentos y situaciones hacen avanzar el mundo de la música desde su motor más espiritual, y se basa en el apoyo, la comprensión, la tolerancia, y no en lo que estamos más acostumbrados, el pique, la envidia, y el “pues yo mejor”.

Y diría más, a modo breve de conclusión personal: creo que el beneficio que da el pique y la alimentación del ego es artificial, no vale, no es del todo real, aunque pueda funcionar, no nos vamos a creer esas penas ni vamos a perdonar esos fallos.  A ese señor sí, y a los que viven la música con sinceridad y sin tanta tontería egocentrista, también.  Ya no basta con salir del atril, hay que creérselo de verdad.

1 Capacidad de un emisor para recoger reaccio-nes de los receptores y modificar su mensaje, de acuerdo con lo recogido.
2 Saheli es una asociación, que pretende contri-buir al desarrollo de una sociedad libre e iguali-taria, sin discriminación por sexo, raza o condi-ción social.
3 Vieja escuela.
4 Al hilo de los relatos del mes pasado.

Enrique Hernández Pérez
Músico multiusos

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