Centenario de la fábrica del gurugú

Con capital procedente de la propiedad inmobiliaria y el comercio, José Serratosa Mir y Rafael Ridaura Soria, lo reinvirtieron en una industria a los albores del siglo XX.

El inicio de la cementera de Buñol se debió al pago de una deuda que Ridaura acepta, consistente en la propiedad de una fábrica de yeso en Buñol. Sería el hijo de Serratosa quien propusiera la transformación de la fábrica de yeso en una industria de cemento Portland. Así, en abril de 1917, Ridaura y los Serratosa, junto a dos socios más, fundaron la Compañía Valenciana de Cementos Portland (CVCP), que sería presidida por Rafael Ridaura.

El negocio del cemento artificial tenía en España serios competidores que, por medio de la Unión de Fabricantes, ejercía el control de oligopolio. Para poder participar del negocio, Serratosa acudió al Conde de Romanones, para conseguir competir en España. La iniciativa fracasó.

Sería Pablo Garnica, con el apoyo del Banesto, con quien la CVCP sacaría el máximo partido a la fabricación de cemento, con la incorporación de un horno rotatorio que mejoró la capacidad productiva. La capacidad productiva de la empresa superaba las 100.000 toneladas anuales y sus ventas se aproximaban a dicha capacidad productiva a finales de los años veinte.

El coste del transporte era, en esa época, un factor determinante que condicionaba el acceso a mercados fuera del ámbito regional. La estación ferroviaria de Buñol fue estratégica en el transporte del cemento para su venta y la entrada de carbón como energía necesaria en la producción. En 1928 la estación de ferrocarril de Buñol facturó 77.202 toneladas. Pprácticamente todo el transporte se desarrollaba por ferrocarril hasta la década de los 60, en que la empresa se dotó de una flota de camiones-silo (cubas).

En los años treinta, la fábrica de Buñol fue pionera en España en la fabricación de cemento blanco. La Guerra Civil trajo consigo la incautación de la fábrica, que pasó a ser dirigida por un comité de intervención integrado por los obreros.

En 1958, la CVCP recibió la medalla de empresa ejemplar. Ya se trataba, pues, de una empresa de gran tamaño, intensiva en capital y con tecnología avanzada, exportando en 1.980 más de 2 millones de toneladas (entre Alicante y Buñol), llegando a ser la primera empresa exportadora del país.

La fabricación de cemento en Buñol llegó a comportar una plantilla cercana a los 1.000 trabajadores con empleo directo y con una gran incidencia en el empleo indirecto, que principalmente se abastecía de la comarca. Con 75 años de historia había alcanzado un capital social de 5.400 millones de pesetas, del millón inicial de 1917, superando sus ventas los 4 millones de toneladas. Hoy la empresa pertenece al grupo CEMEX, quien la adquirió en 1.992 por 125.000 millones de pesetas (la mayor OPA de la historia), pagados en parte con los créditos que el gobierno de Felipe González otorgó a México por medio de los fondos de ayuda al desarrollo.

Fuentes: Joaquín Azcarraga; Hemerotecas de la Vanguardia y ABC.

En recuerdo de mi padre, a Jaime Villar (el Cuco) y de todos aquellos que con su trabajo en la cementera engrandecieron Buñol

Emilio Lamas Galarza

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