Cine y literatura como inspiración

Con la resaca todavía duradera del esperado final de la 7ª temporada de Juego de Tronos, nos volvemos a encontrar en este pequeño espacio para hablar de la ficción por episodios que, pese al actual momento de saturación y sobreproducción de títulos, goza todavía de muy buena salud.

A un servidor, que esperó el final de temporada de Juego de Tronos para escribir algo al respecto, (tranquil@s no habrá spoilers), le ha dejado esta penúltima entrega un sabor agridulce. Por un lado, ese subidón ya habitual en los finales de temporada con nuevas sorpresas y giros argumentales –aunque en esta entrega hay menos–, y por otro, con la sensación de que buena parte de la trama sobreviene con ciertas prisas marcadas por un final de la serie que ya está próximo. Al terminar esta 7ª temporada, y con solo una más para cerrar definitivamente la serie, parece que tienen que pasar todavía muchas cosas y que será difícil meterlas de una forma totalmente estructurada en la 8ª y última temporada sin incurrir –como pasa en esta 7ª–, en un corta-pega de escenas precipitadas, donde se observa falta de profundidad en algunos momentos y algunas incoherencias en las líneas espacio-temporales. Pese a todo, sigue valiendo mucho la pena verla. La diversión está garantizada.

Hoy os quiero hablar de 2 buenísimas series inspiradas en el cine y en la literatura respectivamente. En primer lugar, tenemos Fargo, que toma el nombre de la excepcional peli de los hermanos Cohen (que aquí son productores), y que, si bien no reproduce exactamente la misma trama que la película, toma una estética y forma que recuerdan a ella: construcción de personajes, ambientación, estética, ritmo, violencia y un humor negro que, aunque no llega a la genialidad de las pelis de los Cohen, nos las recuerda mucho. De momento cuenta con 3 temporadas que se pueden ver independientemente. Las tramas de cada una de ellas suceden en líneas temporales diferentes y tienen solo una pequeña conexión a través de un personaje común en la 1ª y la 2ª y en la 1ª y la 3ª, que no afecta al devenir de cada temporada. Destaca sobremanera la magistral interpretación de Billy Bob Thornton, un viejo rockero de la gran pantalla, que borda el papel de sicario en la 1ª temporada. También encontramos stars del cine en la 2ª (Kirsten Dunst) y en la 3ª (Ewan Mcgregor), aunque como casi siempre, me quedo con el trabajo de muchas caras desconocidas que le dan a esta serie un aire indie, de una calidad indiscutible. Para no perdérsela.

En segundo lugar, hemos podido disfrutar este verano de un estreno basado en la novela de la escritora canadiense Margaret Atwood, El cuento de la criada (The handmaid’s tale). Esta excelente entrega de 10 episodios, que ya ha renovado por una 2ª temporada, reproduce con bastante fidelidad la inquietante distopía escrita por Atwood en 1985. En la novela, y por ende, en la serie, nos encontramos en unos EE.UU. en los que por la fuerza ha accedido al poder una casta teocrática, instituyendo una suerte de república totalitaria cristiana llamada Gilead, en la que se han suspendido los derechos y libertades sociales, incluida la Constitución, y donde toda forma de autonomía e independencia de las mujeres queda subordinada a un aparato jerárquico patriarcal que divide la sociedad en castas, utilizando, clasificando y desechando a la mujer según su grado de fertilidad y/o utilidad para sus fines. Por no dar pistas demasiado reveladoras, el leitmotiv de la serie gira en torno al grave (y todavía sin resolver) problema del actual sistema patriarcal, llevado en este caso hasta límites extremos, poniendo a su vez énfasis en otros problemas que ya afectan en mayor o en menor medida a la sociedad actual: el terrorismo, la infertilidad relacionada con la contaminación medioambiental, el fanatismo religioso, la intolerancia, el racismo, el clasismo, etc…

El cuento de la criada es una serie durísima pero absolutamente necesaria para comprender el tortuoso camino que ha tenido –y que por desgracia sigue teniendo– la mujer para liberarse de la opresión y la dominación de un patriarcado –en este caso de tintes ultrarreligiosos– que impide que todavía hoy no podamos hablar de igualdad de género. También sirve para cerrar de un plumazo ese falso debate generado recientemente en torno a esa aberración llamada “gestación subrogada”. Quienes la vean, despejarán sus dudas al respecto. Toda persona, hombre o mujer, que se considere feminista y/o que apoye su causa, debería de ver una serie en la que destaca, por encima de todo, la magistral interpretación de su protagonista, Elisabeth Moss (Mad men), con escenas que por momentos te ponen los pelos de punta. Con una cuidadísima puesta en escena, fotografía y construcción de personajes, no llega a la profundidad y calidad del libro, aunque se queda a muy poco de igualarlo, y eso es mucho decir. Se nota la mano de la propia escritora en tareas de asesoramiento. Por eso, y aunque no es mi apartado, me permito la licencia de recomendaros también la novela. Tanto esta como la serie son imprescindibles.

Y hasta aquí por hoy. Nos vemos pronto amig@s.

Jose Guerrero Moliner
Ácrata y serieadicto

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