Cuando la Feria y Fiestas en Buñol eran algo más que La Tomatina

De la Tomatina se han dicho mil y una cosas, de como aparece, de prohibiciones y entierros, de si yo fui de los “fundadores”, si fue en ese momento o en algún otro parecido. Para mí, de la Tomatina no es eso lo más importante. Lo asombroso, según mi visión del asunto, es que es difícil de entender cómo es posible que se haya extendido de tal manera, que sea motivo de películas, de spots publicitarios, de dibujos de Disney, de preguntas en concursos televisivos. Una concentración de unos miles de personas lanzándose tomates, una sola hora y una sola vez al año, creo que eso sí es motivo de estudio sociológico. 

La Tomatina no fue reconocida oficialmente hasta veintitantos años más tarde de lanzarse el primer tomate. Aparece en el Libro de Fiestas por primera vez en el año 1971, un miércoles 1 de Septiembre. Como se puede apreciar, no siempre era el último miércoles de agosto. Casualidades del destino y de lo que sería una muy mala noticia, ese primer año de la oficialidad de la fiesta se suspendió por el fallecimiento ese miércoles del que era gran amigo mío, Salvador Puchades Perelló, que vivía en el centro de la Plaza del Pueblo. A partir de ese año y tras unos años en que los Clavarios de San Luis se hacen cargo del desarrollo de la fiesta, es el ayuntamiento el que, tras la renuncia de los primeros, toma las riendas del asunto y lleva la Tomatina a los niveles actuales.

Pero no todo es tomate. Las Fiestas de Buñol han sido y son riquísimas en variadas formas de diversión y de reivindicaciones populares. Después de las de Játiva, creo que son las mejores ferias de todos los pueblos del País Valenciano.

Poco han cambiado, giraban y giran en torno a tres conceptos: las sociedades musicales, la iglesia y el deporte, aunque podríamos agregar un cuarto, que sería el de espectáculo de variedades selectas, todos ellos coordinados y subvencionados por el ayuntamiento. 

Las sociedades musicales, con sus cabalgatas, sus Reinas y Misses, no difieren de lo actual. Espectacular era el Día de las Músicas, con gran número de bandas invitadas que participaban en los pasacalles habituales y que competían en un certamen musical en el recinto de la feria, en la que, como cierre, las dos bandas locales tocaban su repertorio, de tal forma que si un año una tocaba la primera, al año siguiente lo hacía la otra, lo que conducía a que el día se les hacía interminable. Esa fue la razón para que las bandas se dirigieran al ayuntamiento para decirles que se podría buscar una nueva fórmula que no hiciese tan pesada la jornada, con lo que se trasladó a otro día la actuación que las dos bandas locales daban ese último domingo. El día fue miércoles 28 de Agosto de 1974, y con el título de Extraordinario Concierto Musical y siguiendo el turno del año anterior en el concierto del Día de las Músicas, La Artística tocó en la primera parte y La Armónica tras el descanso. El turno continúa igual, los años pares Los Feos y los impares los Litros. Lo que sí que varió fue el nombre, pasó de Extraordinario Concierto Musical a Mano a Mano.

El papel de la iglesia tampoco ha cambiado mucho. El primer sábado de fiestas traslado en manifestación de San Luis Bertrán, desde la ermita situada en el paseo de su nombre hasta la Iglesia de San Pedro Apóstol, para llegar al segundo lunes de fiestas y también en manifestación trasladarlo de vuelta a la ermita y, salvo alguna circunstancia especial, no salir hasta el año siguiente. El papel de los Clavarios sí que ha variado, de ser posiblemente el “alma mater” de las fiestas junto con las entidades musicales y el ayuntamiento, pasaron  primero a desaparecer y más tarde su vuelta ha sido más simbólica que otra cosa, denominándose primeramente como Asociados de San Luis, para más tarde volver a la denominación de siempre, Clavarios de San Luis, limitándose a participar en los dos o tres actos religiosos y nada más. Muy importante para los católicos es la misa solemnísima y sermón del jueves de feria en honor al patrono y por la tarde también solemnísima procesión general, así como las anteriores nombradas manifestaciones de ida y vuelta a la ermita. Como dato curioso, es de resaltar el hecho de la incorporación de las mujeres primeramente a los Asociados y más tarde a los Clavarios de San Luis. 

En los deportes la cosa sí que ha variado para ir a peor. De todos es conocida la célebre frase que en todos los programas de feria aparecía cuando, al referirse a los partidos de fútbol que se jugaban los martes y jueves, el C.D. Buñol siempre jugaba contra un potente equipo. Eran memorables las partidas de pelota galocha que lunes y martes se jugaban en la calle Colón, al igual que el trofeo San Luis Bertrán de ciclismo, con los equipos más potentes del ciclismo aficionado: Orbea, Carpi, Ferrys, Galerías Todo, La Casera y un largo etcétera. Quien no recuerda al casi paisano el yatovense Eugenio Lisarde, al grandísimo corredor de Utiel, Ramón “Tarzán” Sáez, ganador ya como profesional de siete etapas en la Vuelta Ciclista a España, la vuelta a Aragón de 1971, o su más valiosa conquista, como fue la medalla de bronce de los mundiales de ciclismo (contrarreloj por equipos) de 1967. 

Desapareció el tiro al plato y el tiro pichón. También muy interesante era la exhibición, más que competición, la que hacían los nadadores de los clubes que el ayuntamiento, a través de la Federación Valenciana de Natación, invitaba casi todos los años. Recuerdo entre ellos el Delfín, Medina, Canoe, Gandía… con algunos nadadores que más tarde fueron figuras nacionales, como Chicoy. 

Algunos años, en el campo de fútbol, se ofrecían espectáculos que nada tenían que ver con el balón. Recuerdo que vino una señora que se acreditaba como “la mujer forzuda”, la más fuerte del mundo. Con la boca arrastraba un camión, rompía tacos de baraja, doblaba barras de hierro como si fueran churros, total que si no era la más fuerte sí que se acercaba a las más fuertes. Capítulo aparte era otra de las atracciones que de vez en cuando venía también al campo de fútbol. Se anunciaba que un corredor pedestre vencería con unas condiciones determinadas en una carrera alrededor del campo a alguien montado en bicicleta, e incluso retaba a los motoristas del pueblo a que compitieran contra él. Era el “Tío Meló” (dos vueltas el corredor, cinco o más el ciclista o el motorista), un medio fondista o fondista muy veterano que se ganaba la vida de pueblo en pueblo y de feria en feria dando un espectáculo que pocas veces podíamos ver dada la casi nula implicación de la sociedad de la época en el atletismo. Lo veíamos como una cosa extraordinaria, siempre ganaba, también para esto cooperaban los ciclistas y motoristas locales. 

El boxeo no era muy habitual, no llegaba todos los años, pero cuando lo hacía tenía un éxito asombroso, seguramente la herencia que nos había dejado nuestro paisano Ricardo Alís unos años antes. Lo que sí desbordaba todo el entusiasmo era el catch, o lucha libre americana. Era raro el año que no se montaba una Gran Noche de Catch, con lleno hasta las banderas del recinto de la feria al final del paseo. Sabíamos que todo estaba apañado, que peleaban unos contra otros, siempre los mismos, que hoy le tocaba ganar a uno y mañana era el otro el que ganaba, pero era apasionante. Enseguida tomábamos partido por uno o por otro. Había un pelirrojo (no me acuerdo del nombre), decían que era de nacionalidad belga. Era el ídolo de todos los que asistíamos. También los Hermanos Pizarro, Hércules Cortés… unos se disfrazaban de moros, otros de enmascarados, en fin, un espectáculo imborrable en mis recuerdos.

Las variedades selectas eran números de revista de los que actuaban en invierno en los teatros de Valencia (Olimpia, Ruzafa..), números que una vez pasada la correspondiente censura que el régimen ponía a esta clase de espectáculos con mucha gracia, y olvidándose del censor, hacían que unas pequeñas bocanadas de libertad afloraran encima del escenario. Vedettes como nuestra paisana Ana Mar, o la más famosa de todas, Rosita Amores (inolvidable la interpretación de Dame menta), geniales siempre estaban Pepe Marqués (Flores de Valencia) y Rafael Conde El Titi (siempre en el recuerdo canciones como Libérate, Colorines o No me llames Titi), y aunque en Buñol siempre presumimos de liberales y de avanzados, no siempre era así. El corresponsal de la revista local Voces de Buñol decía comentando las fiestas del año 1970 y concretamente sobre el espectáculo de Variedades  Inoportunidad de traer esos espectáculos de variedades de dudoso gusto y desde luego fuera de lugar en nuestros días”.El artículo lo firmaba como El Corresponsal, supongo que para no dejar constancia de ser el autor de esa perla. Espectacular era el Gran Fakir “Majana, ana, ana” y, por encima de todos ellos, “El Gran Pepote”, que este sí que no fallaba ningún año. Por último, el ayuntamiento era el que coordinaba, el que a través del Concejal Ponente de Fiestas ponía a través del presupuesto municipal los medios para el buen desarrollo de las fiestas. Seleccionaban el “mantenedor” de la inauguración del feria, contactaban con los feriantes, los dueños de las atracciones que iban a entretener a niños y mayores: tiro rifle, tiro al pato, barcas volaoras, barcas de fuerza, barcas infantiles, bazar de juguetes (preferentemente del buñolero Moliner), la tómbola, venta de caramelos, porciones de coco… ¿Quién no tiene la foto de niño montado en la Vespa? Cercaba con una valla el final del paseo, en la zona de la ermita donde se colocaba el escenario, una valla que hacía que los espectáculos tuviesen un precio. La organización y beneficios a cargo de alguna entidad local: fallas, sociedades musicales, C.D. Buñol, etc. Los gastos, el ayuntamiento.

El arte de la pintura era casi obligado, y las exposiciones de Andrés Ortiz “Patrón”, Roberto García, Josefina Luján y, más escalonado, Rafael Raga, eran habituales todos los años. 

El miércoles en el Pueblo, y el viernes en las Ventas, festejos populares. También se hacía cargo el ayuntamiento. Palo Jabón (con pollo, a veces con dos y tres), gigantes y cabezudos, el tomate, si había que tirar algo, cada uno lo llevaba de su casa, poco, por cierto.

A lo largo de los años se vieron algunos muy buenos espectáculos, como los de la Banda Municipal de Valencia, dirigida por José Ferris o la Orquesta de Radio Televisión Española, dirigida por Enrique García Asensio, además de grandes zarzuelas. 

En coordinación con el C.D. Buñol, en el año 1971, se jugó en el Beltrán Báguena uno de los primeros partidos de fútbol femenino, actuando como árbitro Vicente García Lambies (Mauri). Se enfrentaron el Racing Levante contra el Sporting Valencia, con el resultado de empate a un gol.

La Reina de las Fiestas del año 1974 fue mi amiga Rosa Pérez. El hecho fue histórico, pues volvía la figura de Reina de las Fiestas tras décadas de ausencia. Años más tarde volvería a desaparecer, para ya en democracia volver, espero que para siempre. 

Pero no todo en las fiestas era alegría. Recuerdo cuando era muy pequeño, al ir con mis padres a la feria, que en los días más festivos, en las aceras en dirección a San Luis, veía mucha gente (hombres casi todos y aparentemente con poca de diferencia de edad) pidiendo limosna, alguna moneda para subsistir. A mí me daban miedo, no había visto nada igual, tantos hombres con casi las mismas amputaciones, brazos, piernas, a veces el rostro desfigurado y esto año tras año. Un día ya no vinieron. Al hacerme un poco mayor y tener en mi pensamiento esa terrible imagen, me pareció encontrar lo que motivó ese gran número de personas con tan grandes mutilaciones. Eran los excombatientes republicanos que, una vez terminada la Guerra Civil, al encontrarse desprotegidos por el bando ganador, no tenían más opción que ir de aquí para allá, pidiendo que les dieran algo para poder comer. Al ser casi todos de la misma edad, casi todos desaparecieron al mismo tiempo. En el otro bando, el bando ganador, también hubo heridos, sin brazos, sin piernas, con el rostro desfigurado, pero hubo una gran diferencia, fueron declarados como “caballeros mutilados”, y eso llevaba consigo reconocimiento, concesiones de estancos, administraciones de loterías e incluso la monopolista Campsa les otorgaba alguna que otra gasolinera, y a los que no optaban a esto, se les concedía una paga de por vida. A los primeros se les llamaba vagabundos, mendigos, incluso se les aplicaría la “ley de vagos y maleantes”, a los segundos, como he dicho, “caballeros mutilados”. Nunca podré olvidar esa escena de las aceras.

Las fiestas de Buñol no aparecen en Televisión Española hasta el dos de septiembre de 1972, cuando en el programa Gran Antena se hace un resumen de la Tomatina y de la carrera ciclista. Por el mismo tiempo, se emite en el cine Palacio de la Música un corto grabado en super ocho por un para mi desconocido Gabino Martínez. Esto sí creo que fue la primera vez que la Tomatina era grabada y divulgada en un lugar público.

Las fiestas pasaban rápido, siempre se hacían cortas, el final de agosto daba paso al poco amable invierno, empezaba la rutina de la escuela, el trabajo para los más mayores y un hasta el año que viene. Eso sí, siempre quedaba el recuerdo del cierre diario con una bonita traca de colores en el Real de la Feria, y el segundo lunes para acabar “las fiestas” y desde el monte La Cruz un extraordinario castillo de fuegos artificiales.

Manuel Roca Vallés
Recordando otras cosas del 68

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