Darío, poeta

Ya me comentabas y también lo escribiste, que había un monte en Buñol que apenas nadie conocía o se nombraba, el Monte Baltasar así llamado. Se encuentra al entrar en la villa, cerca de la cementera. Imponente y guardián vigila desde miles de años, esta, nuestra tierra.

Así me lo comentabas un día antes de bajar del tren de la tarde que venía de Valencia. En el crepúsculo conocí Baltasar, el monte guardián.

Escribiste libros de poemas, más de tres. Sobre la mesa, en la tarde oculta de los poetas, ojeo Buñol Di-Verso, publicado en 2003, abro una página al azar y releo:

Hay una infancia perpetua,
Que toma como tesoro
Jacintos de Compostela…

Sí, hablas del Monte de los Pilaretes, donde tantas veces arañamos nuestras piernas jóvenes, en busca de piedras preciosas y hermosos colorines. Montes rojos y ocres, al fondo el pueblo, con las mejores vistas para la foto del artista. Después, cayendo ya el ocaso, entre nubes de algodón rosa, leo:

Aperos y clarinete.
En Monedi anochece
Humildemente Mozart.

Sí, amado poeta, te echan de menos, bandas sonoras La Lira y la otra, La Armonica, La Artística y la Sinfonica, el Auditorio, con su voz hueca, pregunta por tus versos. Ya no te vemos en el Rosario de la Aurora, querido amigo, el primer domingo de octubre, ni por la Cueva Turche ir paseando para escuchar a los Litros.

San Miguel guardaba higos
Para los cofrades de la Aurora
Después del Rosario unidos…

En San Luis charlamos sobre el Poeta en Nueva York, mientras preparamos un recital en Montecarlo. San Luis nos vigila y sonríe, quiere que sigamos con el proyecto, quiere poetas en las noches de verano y verbena, quiere que los versos dulces y amorosos se pierdan entre su manantial de agua. Nos asomamos a la ermita y discutimos sobre su inundación allá por el siglo XVIII. Las acacias nos saludan, así como el viejo Viento del Oeste. Quizás el Alto Jorge.

Horma, frutal, algarroba
Y secreto levantisco
En el rincón de Mahoma…

Nos gusta la historia, pregun-temos a Daniel Hernández sobre este tema de los moriscos y su expulsión, mejor al Castillo y su morada, a su biblioteca en la Iglesia del Castillo, donde los viejos libros nos aguardan en la cenicienta tarde del viernes.

Amigo Darío, yo también soy poeta y escribo al viento, para donde estés ahora leas mis versos, y acudas al tiempo de las perpetuas verbernas del estío:

Qué noche la de aquel día
Tocaban los Juglares
en la piscina…

Y miro desde la ventana, desde el balcón, nuestro amadísimo pueblo y sonrío de alegría ante tal estampa, de blanco y negro al color pardo de la historia, y digo, el castillo, la Iglesia, Borrunes, Turche, Planell, el Alto Jorge, el Monte la Cruz… ¿Quién compuso tan bello cuadro? La tarde cae y brumario se nos lleva, amigo poeta Darío. Hasta siempre.

En la llanura alta
Eolo, cruces, aspas.

Darío Cervera Gomez, poeta, autor del libro de poemas Buñol Di-Verso. 2003.

Rafael Ferrús Iranzo
Buñol histórico

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