¿Dónde está el límite?

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“Somos seres deseantes destinados a la incompletud y es eso lo que nos hace caminar.”
Jaques Lacan.

Señoras y señores, seguidores de las dietas “megasanas”, de la meditación trascendental, de la carne sin grasa, del donut light y del cigarro eléctrico.  No voy a entrar a debate en la utilidad de todos estos objetos y disciplinas pero, ¿Cuántas excusas tenemos que ponernos para no afrontar nuestra propia vida? ¿Nos ayudan estas cosas realmente a resolver los problemas? ¿Qué fue del tan preciado “Sentido Común”?

En otros artículos ya mencioné el avance sin freno hacia una sociedad líquida en la que “todo vale”, los límites se han diluido y de ahí las frases motivadas por un sistema de consumo “Sky is the limit” (el cielo es el límite). Uno ya no debe controlarse porque se han inventado sustancias que sustituyen el carácter maligno y terrorífico de la sustancia anterior. Consume-Consume-Consume. ¡Podemos tenerlo todo!

Unos años atrás, el acceso a conseguir ciertas cosas estaba limitado y requería de grandes sacrificios. Hoy en día, nosotros mismos nos estamos convirtiendo en objetos, véanse  drogas, tatuajes, operaciones estéticas, deporte en exceso, anabolizantes, cremas, y un sinfín de productos que han sobrepasado la barrera de lo externo y van directamente a nuestro cuerpo, con los riesgos que eso conlleva. Parece que todo vale y es porque carecemos de aquello que los románticos llamaban el soñar. Queremos una cosa y al instante de conseguirla queremos otra. Como decía Bertrand Russell “No hay lugar para el aburrimiento”. Si en el pasado creábamos síntomas por represión (“No puedo hacer esto”), ahora los creamos por excesos y sobreestimulación…

Así que para llegar a experimentar un vacío tenemos que ponernos enfermos. Es la única vía que tenemos de desear algo, el deseo de estar sanos. Es un ejemplo que no da lugar a dudas.

Hoy en día estamos cambiando hacia una generación “sin ganas…”. No hay ganas de relacionarse, no hay ganas de estudiar ni de trabajar, no hay ganas de nada. Hemos saturado el deseo.

Para desear es necesario experimentar una falta.  Por ejemplo, el niño recién nacido debe separarse del pecho materno para observarse a sí mismo como individuo independiente que tendrá que apañárselas para conseguir lo que quiere.

Es por esto que muchos padres se preguntan, “cómo pudo pasarle eso a mi hijo, si nunca le falto de nada”. ¡Eh aquí el error! Le faltaron las ganas de desear. Por tanto no desear por los hijos, no anticiparse reiteradamente a sus demandas es una actitud fundamental para despertar el deseo en ellos.

Para que un niño o un joven estén en condiciones de enfrentar su futuro sin más angustia de la indispensable, debe dar sentido a su vida a través de proyectos que se lo permitan y criarse en un clima donde esto sea posible. Un hogar, sea como sea, en el que se hable de futuro con expectativas.

Tras varios meses trabajando como psicólogo en una residencia de ancianos he podido aprender muchas cosas, pero quizá la más importante es que uno solo da importancia a su vida cuando ha pasado. Entonces en esos últimos años, intenta recordar aquello que en otros tiempos no daba importancia. Salir a pasear al campo, disfrutar de la compañía de la pareja, comer chocolate, tomarse un vaso de vino y un café, hacer pequeñas travesuras. Son pequeñas cosas que en el pasado costaban cierto sacrificio y eran vistas como privilegio y ahora hemos perdido su valor debido a la abundancia. No digo que tengamos que privarnos del acceso a aquello que tanto nos ha costado conseguir, pero tomémonos un tiempo en disfrutarlas porque quizá el día que queramos hacerlo ya no podamos.

Mi consejo siempre está orientado en la misma dirección. No se trata de poner “gemas mágicas”  a nuestro alrededor esperando que los problemas se resuelvan por sí solos. La esperanza viene de esperar. Yo recomiendo más bien el afrontamiento, el “nunca es demasiado tarde” y el “no esperes a mañana que el tiempo corre”. Luchemos por aquello que queremos solucionar, dejemos a los niños y jóvenes pensar por sí mismos dándoles un entorno con oportunidad, aprendamos de un “saber hacer” de las cosas que nos rodean, volvamos a la lógica, lloremos de rabia y riámonos a carcajadas… Así, el día que siendo ancianos nos pregunten ¿Piensas que es maravilloso vivir? Respondamos con un “no hay nada mejor”.

Francisco Hernández Pallás
Psicólogo y Psicoanalista

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