El Cementerio de Buñol

Para un pueblo como Buñol, con más o menos 10.000 habitantes y de una complejidad cultural abrumadora, tener un cementerio como el que posee es realmente una característica que lo hace único y especial y que refleja ese laberinto de ideas que lo define.

Pasear sin prisa por este recinto es percatarse de la combinación y mezcla que nos ofrece, empezando por la división entre los creyentes y no creyentes y acabando por la multiplicidad de símbolos, nombres, epitafios, apodos, fotografías y un sinfín de detalles que va más allá de lo que puede considerarse corriente y normal.

Entrar en el cementerio Civil es adentrarse en el mundo de los masones y republicanos que ya en vida defendieron sus ideas y que en la muerte las respetaron sus allegados. Es el mundo de las fotografías de principios de siglo con los atuendos propios de una época que permanece en el recuerdo de cuantos las miran. Es la siniestra muestra que nos lleva a la hora fatal representada por los relojes quietos de la muerte. Es, en fin, la variedad de tumbas, que junto a las de la plaza de las Hornacinas nos dejarán constancia de que los nichos proliferan sobre ellas y que tal vez hubiera sido diferente el apostar por estos enterramientos para recuperar espacio, ya que mientras en una tumba pueden caber hasta siete finados, en un nicho solo se pueden enterrar como mucho a tres o cuatro personas.

Hay algo, creo yo, que desluce este cementerio Civil y es la decisión inadecuada de haber mezclado a creyentes y no creyentes en aras de una democracia que no por eso iba a ser diferente. Pienso que de este modo se ha formado un batiburrillo de cruces y símbolos laicos que, al estar en el cementerio Civil, pocos visitantes ajenos al pueblo entienden. Y la mayoría del pueblo de Buñol tampoco.

Al quitar espacio al cementerio Civil se redujeron sus medidas y, por esta cuestión, aquellas personas posteriores que han deseado fervientemente ser enterradas en este lugar y que así lo hicieron saber a sus familiares, en lugar de respetar las lápidas antiguas han colocado otras más actuales quitando de este modo la verdadera esencia de sus primeros moradores.

Por dos veces, en el Pleno del Ayuntamiento y por unanimidad se han aprobado sendas mociones acerca del cuidado y respeto del cementerio, teniendo en cuenta no solo el tema del respeto a las lápidas antiguas, sino también la reedificación de nichos estropeados, paredes y tejados rotos, lápidas descolocadas… Hasta este momento el Ayuntamiento no se ha pronunciado al respecto y se ha limitado a pintar y embellecer el recinto, relegando todo lo anterior.

Hay otro tema preocupante que se va dejando de lado como si no existiera, probablemente porque es difícil de solucionar: se trata de los huesos de aquellos buñoleros moriscos que se encontraron al edificar una finca y que siguen guardados en una de las dependencias del cementerio en espera de su enterramiento definitivo. Pienso que estas personas buñoleras, como ya he dicho, merecen la misma consideración que los actuales moradores del pueblo y que, por tanto, deberían ser enterrados como tales.

Cuando los visitantes tanto de Buñol como de fuera paseen tranquilamente por las dos partes del cementerio, Civil y General, se van a encontrar con una diversidad de estímulos tanto visuales como escritos difíciles de superar en un paseo rápido, por eso se recomienda toda la tranquilidad que el lugar requiere.

Por un lado existe la paradoja de símbolos contradictorios en una misma lápida de nicho doble, ya que puede darse el caso de que uno de los finados sea creyente y en cuyo caso habrá una cruz, una virgen, o cualquier otro símbolo religioso y su pareja no haya tenido esas creencias y, por lo tanto, hallaremos otro tipo de símbolos auténticamente laicos: de caza, de agricultura, de fútbol, de música…

Por otro lado podrán leerse los apodos o motes que identifican de forma singular y única tanto a hombres como a mujeres y hay que destacar que esta característica es bastante extraña hallarla en otros cementerios. Aquí su valor va más allá de la persona finada puesto que es la autenticidad de su permanencia en aquel lugar tal y como todos la conocían. Al leer los nombres escritos en la lápida, es posible que no nos digan absolutamente nada porque hay muchos Josés, Franciscos, Vicentes, Carrascosas, Galarzas, Zanones, pero “el Mata”, “Leno”, “el Chilero” “el Bollo” “la Royeta” “la Carlota” “la Canastas”… únicamente los podemos identificar con alguien a quien se le llamó de esta forma en vida.

Hay otra característica poco común y es que en algunos nichos se observa que el retrato de la persona difunta no se corresponde con la fecha de su deceso, ya que dicha fecha es bastante posterior a la de la fotografía. Esto ocurre sobre todo en representaciones de mujeres que, tal vez por coquetería han deseado mostrar su imagen más bella.

Así mismo, los visitantes podrán leer los epitafios con tranquilidad, sin prisa, despacio, puesto que en ellos se valora la intensidad del vacío que deja la muerte. No hay epitafios en todos los nichos, pero se pueden observar algunos muy bellos:

“Me llevo tanto amor como dejo”
“Donde vayas yo me iré, si me quedo a oscuras, luz de la locura, ven y alúmbrame”.
“El bien amar la libertad sobre todas las cosas. Y aun cuando fuera por un trono, nunca traicionar la verdad”.
“Qué bien lo tuviste que hacer para que te quisiéramos tanto”.
“Cada persona es única entre millones de estrellas”.
“Te digo adiós y con esta despedida mi más hermoso sueño duerme dentro de ti y te digo adiós para toda la vida, aunque toda la vida siga pensando en ti”.

Además, este cementerio nos depara calle a calle, nicho a nicho, lo que es el pueblo en que vivimos: la música, las ideas, la cultura, los deportes, los oficios, las aficiones. El mundo del Cementerio de Buñol es un reflejo de su pasado y de su presente. Cuidemos los vivos nuestra cultura, nuestros sentires, nuestros sueños y al mismo tiempo protejamos un patrimonio tan asombroso y entrañable como es este Cementerio.

Consuelo Trasobares Serrano
Autora del libro “El cementerio de Buñol”

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2 Comments - Escribe un comentario

  1. Un cementerio curioso de ver y una vergüenza de cementerio por no tener una máquina llámese tipo grúa o como se llame para subir la ataúd al nicho y no entre uno o dos andamios cutres y destartalados donde el pobre difunto va dando tumbos impulsado por el equilibrio humano de las personas valientes que se ofrecen a ayudar ,valientes por el esfuezo y valientes por la responsabilidad de que no pase Nada y mientras tanto,los familiares además de sobrellevar la gran pena y duelo por perder a un ser querido,quedan perplejos al ver tal escena tercermundista y dolorosa y difícil de olvidar

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    1. Saludos, el portanichos ya está en el cementerio hace unas semanas. Esto ya no volverá a ocurrir.

      Un saludo

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