Goytisolo

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En Marrachech, en junio del 17, moría, o mejor, dejaba la escritura, o definitivamente mejor, dejaba de escribir, Juan Goytisolo y digo dejaba de escribir más que la escritura porque los libros, y más los libros con enjundia, aquellos que suman al árbol de las letras como fueron los suyos, nunca dejan la escritura, quedan ya a los ojos más que a las manos de la continua reescritura que cada lector lleva a cabo en el increíble proceso de leer, es decir, una continua vivificación del texto escrito concebido así para el máximo ejercicio de las palabras, de la lectura…

De forma que en junio del 17 Juan Goytisolo dejó de contar entre los vivos corrientes y molientes, mas esta ausencia no menoscabó su presencia: ahí tenemos en pleno vigor literario, humano, testimonial… la certeza de su obra: presente en el torbellino de este vertiginoso tiempo donde todo caduca antes de establecerse o más, donde establecerse es un concepto inexistente, donde la inexistencia forma parte de la continua representación sin estructura ni cimientos. 

Adentrarnos en «Coto vedado» o «En los reinos de taifa» es entrar de lleno en el universo literario, biográfico y creativo de Juan Goytisolo, en el gozo creador del proceso de la lectura; abrir «Cuaderno de Sarajevo» o «El sitio de los sitios» es mirar con lucidez lo menos notable del ser humano y a la vez constatar el continuo esfuerzo por compensar la barbarie. 

En los ensayos «El bosque de las letras», «El furgón de cola», «España y los españoles», «Contracorrientes»… Juan Goytisolo nos adentra en su rica percepción de la historia de España, en la hibridez consustancial de la literatura hispánica, en su propuesta acrecentadora de la reflexión y el arte como herramientas para entender y construir, como amnios vitales que enriquecen nuestro paso liviano y breve por la vida.

En sus novelas de los años 70 «Reivindicación del conde don Julián», «Juan sin tierra» y «Makbara» encontramos el impulso transformador que nos enriquece como lectores y a su vez alimenta y transforma las formulas narrativas hispánicas.

En sus últimos ensayos «Tradición y disidencia», «El Lucernario», «Contra las sagradas formas»… disfrutamos de un depurado estilo y de toda una vida de creativa reflexión y mágica disidencia. La fortuna le deparó un largo, fructuoso y creativo vivir donde la escritura fue su forma de relacionarse con el mundo y su aporte al colectivo humano.

Retirado en Marrakech, su sitio de nómada en el mundo, sus últimos años, aunque disfrutó del silencio, fueron difíciles, con lo justo para vivir.

Él, que había devaluado los honores y premios: «Me siento más cómodo cuando me declaran persona non grata que cuando me premian», tuvo con discreción y entrega que aceptar el premio Cervantes, dado que el importe del mismo salvaba su maltrecha economía. Quizás hasta el extraño traje que lucía aquel 23 de abril fuera prestado cuando él mismo se prestó para un evento ajeno a sus simples y ejemplares maneras. Todo fue, en cierta medida, bien Cervantino, propio de alguien que, como él, declaraba ser de «nacionalidad cervantina» y decía que «cervantear es aventurarse en el territorio incierto de lo desconocido con la cabeza cubierta con un frágil yelmo-bacía. Dudar de los dogmas y supuestas verdades…»

Si pasas por Larache, oh lector, en el cementerio Marino, al borde del Atlántico, junto a la tumba de su amigo Jean Genet, encontrarás una lápida simple: «Juan Goytisolo. Escritor. Barcelona 1931-Marrakech 2017». Si pasas por sus libros, oh lectora, encontrarás el sentido profundo de la escritura y, más, el profundo sentido de la naturaleza de leer.

Biblioteca Municipal
bibliotecabuñol.es

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