Salva Lacruz Zorita

En la defensa de los Derechos Humanos

 

n2 el foco

Este buñolero dedica su labor social y profesional a la defensa de los derechos humanos, desde que se incorporó en 2002 a CEAR del País Valenciano, donde fue responsable de incidencia política y participación social. Con CEAR impulsó un espacio de atención y defensa para las personas migrantes en Buñol, junto a nuestra también vecina Monika Krygiel. Fue también miembro activo de la Campaña por el Cierre de los CIE (Centros de Internamiento de Extranjeros). En la actualidad está establecido en el estado de Chiapas, en México.

En youtube podemos verte denunciando la opacidad de los CIE. Otro buñolero, Pablo Argente, ha participado en el documental 2330 Una historia Cautiva, que recoge testimonios de personas afectadas ¿Qué opinas del documental?
Es un nuevo esfuerzo para sacar a la luz esta realidad tan oculta. Llevamos décadas permitiendo la represión del Estado y de la Unión Europea contra las personas migrantes sólo por el hecho de “no tener papeles”. Se les detiene al cruzar las tristemente célebres vallas de Ceuta y Melilla, al llegar a las costas o simplemente mientras circulan por las calles, para ser encarcelados en estos centros durante semanas o meses sin haber cometido delito alguno. Cada vez hay más grupos  ciudadanos conocedores de todo esto, organizándose y luchando contra la injusticia.

Desde noviembre de 2014 estás trabajando en el Centro de Derechos Humanos Fray Matías de Córdoba de Tapachula, en Chiapas, en la frontera sur de México. ¿Cuál es tu labor allí?
Hacemos una labor de intervención directa con las personas que cruzan la frontera entre Centroamérica y México, atendiéndoles desde el punto de vista jurídico y social. Esto incluye a personas refugiadas, solicitantes de asilo, personas detenidas en centros de internamiento que son todavía peores que los tenemos en España, a niños, niñas y adolescentes, y también a personas que están establecidas en nuestra región. En México, además de contemplarse la conocida realidad de las personas que cruzan el país intentando llegar a Estados Unidos –el famoso tren llamado “La Bestia”–, es además un país de llegada y establecimiento de migrantes. También hacemos una labor política de defensa de los Derechos Humanos, intentando impulsar un movimiento social que exija justicia y medidas públicas a nivel regional en Mesoamérica que respeten un mínimo y una dignidad para las personas migrantes.  Yo estoy ubicado en esta faceta de la organización. Acá estoy pudiendo comprobar cómo son las condiciones de vida de las personas migrantes: por qué salen de Centroamérica huyendo de la extrema violencia, cómo sufren extorsión del crimen organizado, corrupción y represión por parte del Estado, cómo les deportan de nuevo a sus países, o en qué condiciones de explotación y discriminación viven quienes alcanzan a establecerse en México. A veces la situación me resulta desbordante, pero hay personas y organizaciones luchando aquí para que las cosas cambien, y tarde o temprano las propias personas migrantes y refugiadas se organizarán también para exigir respeto y derechos. El trabajo es duro, pero apasionante.

En tu destino anterior, Nicaragua, fuiste asesor de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos de la República, y responsable ejecutivo del Mecanismo Nacional de Prevención contra la Tortura (MNP), ¿cuál era tu cometido?
El MNP es un órgano del Estado, pero de carácter autónomo e independiente. En España, por ejemplo, depende del Defensor del Pueblo, y en Nicaragua es parte de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos. Las funciones superan la mera observación, se trata de monitorear intensamente los centros de privación de libertad (prisiones, comisarías de policía, centros de detención de migrantes…) para identificar factores de riesgo potencialmente provocadores de casos de tortura o situaciones con tratos crueles, inhumanos o degradantes, para a partir de ahí proponer mejoras a las instituciones de gobierno responsables de los centros. Tanto  Nicaragua como México suponen una intensa experiencia en la defensa de los Derechos Humanos en un contexto realmente complicado, como es la situación de las personas privadas de libertad en la región centroamericana.

Con la “Ley Mordaza” se legaliza la indefensión de los ciudadanos. La violación de los derechos humanos parece una espiral creciente ¿crees que otro mundo es posible, Salva?
Supongo que todas las personas que andamos de un modo u otro luchando por la justicia, por la defensa de derechos, creemos que otro mundo es posible y como se dijo ya hace años, que además es necesario y urgente. La pelea es dura porque quienes ostentan el poder económico y político tienen a su alcance infinidad de medios para reprimir la protesta social. Esta última ley es un ejemplo: la utilización de medios que puede que sean legales pero no legítimos. La parte buena de todo esto es que la clase política vinculada a las oligarquías se está “retratando” muy bien. A estas alturas, quien no se ha dado cuenta de cómo funciona todo esto y cuáles son los intereses que hay detrás, es porque no quiere. Es evidente que cada vez hay más ciudadanía crítica y consciente que trabaja para lograr una verdadera transformación social.

¿Qué cualidad de los buñoler@s destacarías como motivo de orgullo, y qué característica resaltarías para mejorar?
Siempre me ha gustado la naturalidad de las gentes de Buñol, su cordialidad sosegada sin falsas efusiones ni “calabasadas”, no sé si me explico. Y orgullo, orgullo, pues que conservemos  los ideales progresistas en nuestro imaginario colectivo, que sigamos sintiéndonos un pueblo de izquierdas generación tras generación. Pero por encima de todo siempre presumo del legado cultural que supone todo el movimiento musical buñolero, que también viene de antiguo pero está sabiendo renovarse. Y no me siento yo muy legitimado para decirle a los buñoleros y buñoleras lo que tenemos que mejorar, pero creo que en general hemos sido un pueblo que nos hemos mirado demasiado a sí mismo. Me gustaría que sin perder nuestra identidad, fuéramos capaces de abrirnos más al mundo.

Por último, ¿qué es lo que más echas de menos de Buñol?
Echo de menos a mi gente y el pisar una tierra donde sientes que tienes las raíces, caminar por el Ciprés, el Candel o la Jarra y reconocerme a mí mismo como parte del territorio. Sentirme tranquilo y de algún modo protegido por la comunidad…

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