Tomando los escenarios

Con motivo del día Internacional de la Mujer y de la Huelga General Feminista convocada el de 8 de marzo, quiero aprovechar este artículo para reivindicar el papel de la mujer en el mundo de la música, y más concretamente, en el mundo de la música alternativa (entendamos por música alternativa géneros musicales como el rock, el punk, el metal, el hip hop, entre muchos otros).

En primer lugar, quiero empezar con una reflexión sobre el tema lanzando esta simple pregunta: ¿por qué las mujeres, en pleno siglo XXI, seguimos siendo tan invisibles, en este caso, en los escenarios de la música alternativa? Una respuesta podría ser perfectamente esta:“hay menos grupos de mujeres” Vale, es cierto, pero ¿a qué se debe este hecho? Otra respuesta sería: “es que la industria musical debe contratar a grupos de renombre para atraer público”. O también esta: “a las mujeres no les suele gustar la música alternativa, son más de música suave”.

En contestación a la primera respuesta, recalcar que si no se nos da una oportunidad a la gran cantidad de mujeres que queremos participar en el mundo de la música alternativa y que podemos demostrar que valemos, jamás llegaremos a tener una visibilidad equitativa a la de los hombres. Por otra parte, a la segunda respuesta hay que decir que al no tener demasiados referentes, a las mujeres nos cuesta más animarnos con este tipo de música porque la sociedad en general nos hace sentir que no es nuestro lugar, sin embargo, hay que ver los referentes que existen en otros estilos y el “bombo” que se les otorga…

La sociedad en general debe tomar consciencia de que las bandas de música alternativa en las que todos sus componentes o parte de ellos son mujeres existen, pero pocas llegan a nuestros oídos, ¿será porque hay alguien que no quiere que se nos escuche? En un mundo en el que somos algo más del 50%, y que “cueste encontrarnos”, hay un problema. Y es que si las mujeres no llegamos a los oídos de la gente, es obvio que hay quien no nos está dejando llegar.

Para poner un ejemplo muy claro, cojamos el cartel de un festival de gran envergadura en el panorama musical alternativo como es el Viña Rock y contemos cuántos grupos contratados son femeninos o mixtos. Me parece que con una mano los podemos contar, y en este festival bandas hay muchísimas y de géneros musicales muy diversos. Increíble. Si pasa esto encima de los escenarios, imaginad detrás de ellos. El porcentaje de mujeres que trabajan como productoras o como técnicos de sonido también es mucho menor que el de hombres.

La realidad es que existe un patriarcado musical. Hoy en día aún se concibe la idea de que las chicas no estamos hechas para formar parte de grupos de estilos de música considerados “fuertes”, sino que lo más habitual es que participen en géneros suaves o simplemente hagan coros. Es obvio que el género musical ha condicionado y sigue condicionando la presencia femenina. En la música alternativa es más difícil encontrar mujeres protagonistas; sin embargo, en la música más comercial (y sobre todo en estilos como el reggaeton) las hay a montones, y detrás de ellas se encuentra la gran industria musical con sus intenciones de reproducir los estereotipos machistas y los mensajes heteropatriarcales. Su objetivo es claro: que sea difícil concebir otra realidad. Y es que a lo largo del día recibimos muchísimos estímulos sobre cómo debe ser una chica para poder gustar a la sociedad. Desde luego, no es la imagen de una chica o grupo de chicas en un escenario ”cabreadas” tocando punk. En fin, por desgracia, los estilos de música alternativos se siguen asociando más al género masculino.

Pasando a hablar un poco sobre mi experiencia, he tenido la oportunidad de formar parte de dos grupos: el primero La Rekua (al cual he tenido que dejar recientemente, muy a mi pesar, por estar trabajando fuera de casa), grupo de punk-rock en el que yo era la única chica, tocaba el bajo y hacía coros. El segundo grupo era De Drops (que posteriormente se llamaría Curvas Peligrosas), que en un principio estaba formado por cinco mujeres.

Tocando con La Rekua, recuerdo alguna anécdota, como por ejemplo que en algunas pruebas de sonido antes de los conciertos, los técnicos preguntasen por el bajista y se dirigiesen a un hombre estando yo allí, a su lado. También recuerdo algunos momentos mientras tocábamos, en que había personas que se acercaban por debajo del escenario a aplaudirme o señalarme por ser una chica que tocaba en un grupo de punk-rock. Reconozco que me hacía sentir especial pero a la vez también extraña, por el hecho de que verme a mí en esa situación no fuese “lo normal”. También recuerdo ser, en la gran mayoría de veces, la única chica entre muchos grupos que participaban en pequeños conciertos. Todos los demás miembros de las bandas eran hombres.

Respecto a mis vivencias con De Drops (o Curvas Peligrosas) la verdad es que nos fue bien. Hacíamos versiones sobre todo de rock de los 80. No éramos unas virtuosas ni lo pretendíamos, pero disfrutábamos haciendo música y la gente acudía a vernos actuar. Llamábamos la atención por el hecho de ser todas mujeres, era toda una novedad. Y es aquí a donde quiero llegar, a que se le debe dejar de dar tanta importancia a que seamos mujeres las que también tocamos para crear la normalidad y naturalidad que buscamos. La relevancia debe recaer en las cosas que queremos contar y expresar a través de la música y no al hecho de que seamos mujeres.

Por supuesto, el problema del que vengo hablando es responsabilidad de las instituciones que velan porque esta desigualdad continue. Y es que parece que la ley de igualdad tan bonita que tenemos está de adorno. Esta ley, en su artículo 26 establece que las administraciones públicas que configuren el sistema de gestión cultural, han de desarrollar actuaciones como las siguientes:

Adoptar iniciativas destinadas a favorecer la promoción específica de las mujeres en la cultura y a combatir su discriminación estructural y/o difusa. Políticas activas de ayuda a la creación y producción artística e intelectual de autoría femenina, traducidas en incentivos de naturaleza económica, con el objeto de crear las condiciones para que se produzca una efectiva igualdad de oportunidades.

Promover la presencia equilibrada de mujeres y hombres en la oferta artística y cultural blica.

Adoptar medidas de acción positiva a la creación y producción artística e intelectual de las mujeres, propiciando el intercambio cultural, intelectual y artístico, tanto nacional como internacional, y la suscripción de convenios con los organismos competentes.

Suena precioso ¿verdad?, lo único malo es que no es real… Ya que la selección y programación de bandas no se realiza teniendo en cuenta criterios de género, sino criterios de demanda y venta de tickets. Así que el público y la oferta musical mandan.

De aquí podemos extraer la conclusión de que con una oferta musical en la que nos es complicadísimo pensar en bandas de mujeres o en la que asociamos a las mujeres casi exclusivamente al papel de vocalistas de música pop, no favorece que decidamos, por ejemplo, tocar la batería. No me refiero a que ahora todas las niñas quieran ser rockeras, sino de ampliar sus posibilidades, de que sepan que, si quieren, pueden hacerlo.

Si queréis informaros un poco más sobre este tema, os recomiendo el documental “Las que faltaban”, estrenado el mes pasado, en el que la banda valenciana de “reggaecore” Mafalda nos muestra un relato colectivo de lo que es ser mujer en el ámbito musical actual.

Por último, decir que espero haberos hecho reflexionar tanto como lo he hecho yo escribiendo estas líneas en que existe una situación injusta y así favorecer que se realice un esfuerzo por cambiarla. Y sobre todo, desde aquí animar a las mujeres a subirse a los escenarios, sin miedo al “qué dirán”, si es realmente lo que deseáis. No os quedéis con la idea de que nos queda mucho por hacer, al contrario, somos tan válidas como ellos. Poco a poco iremos tomando los escenarios.

Ana Matamales Cano
Maestra de Educación Musical y Melómana

 

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