Un héroe local olvidado

Juan Clemente, héroe buñolense condecorado cinco veces en la Primera Guerra Carlista.

Se cumplen ahora exactamente 140 años que los españoles iniciamos la primera de nuestras cuatro guerras civiles. Los derechos dinásticos del hermano del rey fallecido Fernando VII, Carlos de Borbón, se consideraron usurpados por su sobrina, la que después sería Isabel II, ya reina de las Españas como se titulaba. Más que un enfriamiento dinástico, aquella guerra conocida como “1ª Guerra Carlista” era una lid entre las dos Españas consetudinariamente irreconciliables, la liberal y progresista por un lado y la foral y conservadora por otro.

En 1808, año de la invasión francesa, nació un niño en el barrio de las Alpujarras de Buñol, que así se llamaba al dédalo de callejuelas que aún al presente existe detrás de la iglesia y cuyo nombre se remonta al siglo XVI por ser allí donde tenían su morada los moriscos expulsados. Este niño se llamaba Juan Clemente García y era el menor de una larga familia con muy pocas posibilidades económicas. Transcurrió su infancia colaborando en las labores agrícolas propias de aquel entonces y único medio de vida. Jamás fue a la escuela y únicamente en su mayoría de edad aprendió a escribir regularmente y a mal firmar.

A los 23 años, fue incorporado como soldado, junto con otros muchos paisanos nuestros, al llamado Reglamento de la Princesa, sitio al que iban preferentemente los soldados de nuestro pueblo, pues una de las circunstancias necesarias para ingresar en aquel privilegiado Batallón, era el tener una estatura mínima de 170 centímetros y aunque hoy es una estatura vulgar, entonces lo era excepcional y la gente de nuestro pueblo la daba en gran número. Así que esta circunstancia unida con la imposibilidad de pagar su cuota, dieron con nuestro héroe en el Tercer Batallón de dicho Regimiento.

Producido que fue el levantamiento carlista, se desplazó el Regimiento de la Princesa hacia las provincias del norte, pues allí es donde se alcanzó mayor virulencia. En el trayecto fueron varias las escaramuzas que tuvieron con las partidas carlistas, pero el verdadero bautismo de fuego lo tuvo el Tercer Batallón en la acción de Arroniz, pueblo próximo a Estella, en Navarra, en donde entre los días 28 y 30 de marzo de 1835 se produjo una continuada batalla entre las tropas del general cristino o isabelino Aldama y el indómito Zumalacarregui. En esta acción, se tomaron a punta de bayoneta las alturas de Montejurra y en cabeza iba nuestro paisano como así se recogió en el orden del día de la Brigada.

De allí en el Tercer Batallón, esta vez a las órdenes de los generales Córdoba y Espartero, se desplazó a Mendigorría, en la misma provincia de Navarra y las avanzadillas, en las cuales se encontraba Juan Clemente, a punto estuvieron de coger prisionero al mismo pretendiente D. Carlos de Borbón que tuvo que huir precipitadamente. Entablada la batalla hubo por parte de los carlistas unas dos mil bajas entre muertos,  prisioneros y heridos, lo que nos permite hacernos idea de la intensidad de la lucha. Una cronista de la época da la relación de los soldados que más se distinguieron en el cuerpo a cuerpo y vuelve de nuevo a nombrarse a nuestro paisano y añade “la victoria causó gran entusiasmo entre los liberales y el gobierno propuso a la Reina la concesión de una medalla para los que se habían distinguido en Mendigorría”.

Nueva acción en las cimas de Peñacerrada, también en Navarra, en que mandadas las tropas liberales por Espartero, llevando a Van Halen como el jefe de estado mayor, derrotaron a las tropas del general carlista Guergué el día 22 de junio de 1838. Nuestro paisano acompañaba en esta ocasión al General Oráa, el mismo que después se afincaría en Buñol, y con el que Juan Clemente mantuvo una buena amistad.

Trasladado el Batallón a Teruel, después de firmado el Convenio de Vergara, en donde continuaba muy fuerte el General Cabrera, se puso sitio a la fortaleza de Castellote, verdadero nido de águilas cuya altura de vértigo al más templado. Juan Clemente y un pequeño grupo de 10 hombres escalaron de noche las peñas y la muralla del castillo, después de que ya llevaban cuatro días de sitio y el 23 de marzo de 1840, capituló el castillo mandado por el comandante D. Pedro Marco al que hicieron prisionero en esta sorpresa. Nos dice el cronista al cual seguimos “fue uno de los combates más empeñados que registra la historia de nuestra discordias civiles y en que más alto rayó el valor desplegado por los dos bandos contendientes, registrándose por ambas partes numerosos ejemplos de heroísmo y rara abnegación. La artillería lanzó sobre el castillo 2.731 balas de cañón y 637 granadas que la redujeron a escombros, no se hubiese podido tomar sino por el valor de unos hombres que desafiando la altura y los imponentes precipicios la tomaron por sorpresa al cuarto día de sitiarla.”

Y de allí a la invencible Morella, capital del Maestrazgo y de las tropas carlistas de Aragón y Valencia. Espartero que era esta vez el general, mandó poner sitio a la ciudad y a pesar de los intentos que Cabrera hizo, se rindió la guarnición haciendo a 2.700 hombres prisioneros. Juan Clemente vio varias veces muy cerca de él la blanca capa del General Cabrera ondear al frío viento de la comarca y varias veces salió en su persecución sin resultados positivos. Aquella acción, que fue definitiva para alcanzar el final de la cruel guerra le valió al General Espartero el título de Morella y a los soldados la posibilidad de ser licenciados y regresar a sus casas o seguir perteneciendo al ejército con los correspondientes ascensos.
Juan Clemente García, después de haber servido como soldado un total de ¡nueve años!, pensó retirarse a su pueblo y continuar sus labores agrícolas, abandonando así un halagüeño porvenir que se le presentaba.

El 22 de noviembre de 1885, el Ayuntamiento presidido por el primer teniente de alcalde D. Joaquín Simón Carrascosa, recibió una comunicación que literalmente decía: “Acto continuo se dió cuenta de la instancia que dirigen al Ayuntamiento con fecha 21 del actual, D. José Navarro y Moscardó y otros veteranos de esta villa exponiendo que hace tres días ha fallecido en la más oscura pobreza el valiente veterano y benemérito de la patria Don Juan Clemente y García, hijo de esta población, soldado y cabo que fue el Regimiento de Infantería de la Princesa, durante la Primera Guerra Civil, y en cuyo cuerpo prestó por su temerario arrojo distinguidos servicios y relevantes méritos, por los cuales vio adornado su pecho con 5 honrosas condecoraciones nacionales, ganadas en buen lid en el campo de batalla, frente a las huestes de los eternos enemigos de la libertad. Que dichas condecoraciones son: tres cruces de la orden de María Isabel Luisa; una cruz de distinción y una cruz de plata de primera clase de la distinguida Orden Nacional y Militar de San Fernando (que es la máxima condecoración militar española), según se acredita por los diplomas expedidos a su nombre en fecha 5 de abril de 1836, 20 de octubre de 1838, 6 de julio de 1839, 20 de mayo de 1840 y 1 de marzo de 1841, concedidas por méritos contraídos en las gloriosas acciones de guerra de Mendigorría, Peñacerrada, Arroniz, Castellote y Morella.

Que este bravo soldado, honor de su pueblo y compañero de armas de generales y hombres ilustres, con una hoja de servicios que muchos te envidiaban, porque podía basar sobre ella tal vez un glorioso porvenir prefirió concluida la guerra tomar la licencia y volverse a su pueblo a cuidar de sus ancianos padres, muy pobres, viviendo después pobre también e ignorado del mundo, desempeñando alguna vez el modesto destino de sereno y dedicando el demás tiempo a la agricultura. Y que los exponentes tienen el honor de llamar la atención del Ayuntamiento a fin de que perpetúe de algún modo la memoria de este valiente hijo de Buñol, para estímulo y modelo de las generaciones venideras y ya que hoy no puede disponer de ningún nicho en el cementerio para depositar sus restos mortales, puede colocar al menos en la pared, junto al sitio en que se le ha dado sepultura, una modesta lápida con las inscripciones correspondientes que perpetúen sus recuerdos, como tributo de honor y recompensa póstuma de los servicios prestados a la causa constitucional en los primeros años de la lucha fraticida entre la libertad y el absolutismo.”

El Ayuntamiento de aquellos años acordó poner una lápida, pero ello fue en el cementerio viejo y al hacer el traslado al nuevo tal lápida desapareció.

Por nuestra parte añadiremos que murió en el mismo lugar donde había nacido, concretamente en la calle Lope de Vega, 35, y que de su matrimonio con Josefa Grancha había tenido cuatro hijos llamados Martín, Francisco, Pascual e Inocencia, de los cuales falleció el primero ya casado dejando un hijo llamado Vicente, el segundo falleció soltero y viviendo los dos restantes casados y mayores de edad.

Fueron sus padres Francisco Clemente y Bárbara García y pertenecía a la familia apodada “Los Malleu”. Un catarro pulmonar crónico acabó con este hombre a las 4 de la mañana del día 19 de noviembre de 1885.

Artículo íntegro de Fernando Galarza Carrascosa
(cronista oficial de Buñol) que escribió en 1973
para la revista “Voces de Buñol”.

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