
La República del 14 de abril, la «República de los maestros», consideraba que la escuela debía ser un instrumento de transformación social. Su prioridad fue erradicar el analfabetismo y la incultura, fomentando el sistema educativo, para ello emprendió un vastísimo programa de reformas que comprendía la construcción de escuelas, el perfeccionamiento del profesorado, las Misiones Pedagógicas, etc.
A través del decreto de 2 de diciembre de 1932, el Ministerio de Instrucción Pública de la República, dirigido por Marcelino Domingo, materializó una de sus iniciativas para el perfeccionamiento del profesorado, la formación de Centros de Colaboración Pedagógica. Estaban pensados para agrupar a maestros de pueblos próximos que, periódicamente, se reunían para estudiar aspectos concretos de la vida escolar, hacer lecciones modelo seguidas de crítica, adquirir mancomunadamente libros, revistas y material de enseñanza, promover actos públicos en favor de la escuela, etc.
Rodolfo Llopis, director general de primera enseñanza, desarrolló esta disposición en una circular del 27 de abril de 1933. En la circular, se proponía, además, recurrir a los siguientes medios: comentarios de obras de educación, fundación de bibliotecas pedagógicas, organización de viajes de estudio, visitas a las escuelas del Centro, trabajos paidológicos, cursillos, etc. En segundo lugar, proponía la organización de misiones pedagógicas, fundación de bibliotecas populares, intercambio de alumnos, creación de sociedades de amigos de la escuela, excursiones de los escolares, etc.
En la renovación que la escuela primaria necesitaba, la Inspección de Primera Enseñanza fue considerada por las autoridades educativas como el nexo articulador, potenciando su faceta de colaboración y orientación del Magisterio. La inspección educativa tendría la responsabilidad de fomentar la formación de verdaderas comunidades profesionales, que debían contribuir al perfeccionamiento técnico y cultural de los maestros. En aquellos momentos, se sucedieron dos inspectoras en el partido de Chiva, Natalia Ballester Compañ y Mariana Ruiz Vallecillo. Esta última, de fuertes convicciones cristianas, se mostró como una entusiasta partidaria de un catolicismo renovador, defensor de una pedagogía moderna. La inspectora se implicó profundamente con el Centro de Colaboración Pedagógica de Buñol, donde concurrían casi todos los maestros del partido de Chiva, por ello, asistió a algunas de sus reuniones (a dos de ellas).
Entre las propuestas que se materializaron, destacaron el fomento de la correspondencia e intercambio con otros centros y la elaboración de periódicos escolares. Algunos maestros no dudaron en utilizar estos recursos didácticos. En consecuencia, José Domingo Nicolás patrocinó «Mi Escuela, periódico mensual de la escuela n.º 1 de Buñol» (en colaboración con el resto de centros educativos de la localidad), José María de la Asunción Lacárcel coordinaba el «Cuaderno Escolar» de Siete Aguas y Antonio Gardó Cantero, «Nuestra Hoja» de Yátova.
Los Centros de colaboración pedagógica se convirtieron en cooperantes habituales de las Misiones Pedagógicas. Una circular de la Dirección General de Primera Enseñanza del 27 de abril de 1933 reforzaba los vínculos entre unos y otras. De este modo, numerosos pueblos recibieron bibliotecas (en concreto, 5.522, hasta el 31 de marzo de 1937), proporcionadas por el Servicio de Bibliotecas, coordinado por María Moliner y Juan Vicens de la Llave, con la ayuda del poeta Luis Cernuda.
Con el triunfo franquista, las bibliotecas sufrieron diversas suertes. Algunas fueron completamente destruidas, como ocurrió con las de Cheste y Pedralba. Más fortuna tuvieron otras, como la de Buñol, que sólo fueron expurgadas, en este caso, por Jesús Sánchez Rehués y el notario Alicio Rivera, según nombramiento de 18 de abril de 1939, a instancias de la inspectora Natalia Ballester Compañ.
Otra iniciativa de las Misiones Pedagógicas fue la organización de Exposiciones Circulantes de Pintura del Museo del Pueblo, que pudieron verse en 179 localidades, entre ellas, Chiva. Entre los días 17 y 22 de marzo de 1935, en este pueblo, se exhibió copias de 14 cuadros del Museo del Prado (concretamente, de Berruguete, Sánchez Coello, Ribera, Zurbarán, El Greco, Murillo, Velázquez y Goya) y se hicieron proyecciones de otras obras.
La dictadura franquista acabó con todo lo que pudiera recordar a las Misiones Pedagógicas, cuyo esfuerzo educador fue calificado de «apostolado del diablo». También quiso acabar con la renovación pedagógica, sometiendo a todos los maestros a expedientes de depuración que, en el caso de los más comprometidos, se saldó con distintas sanciones, incluyendo la expulsión del Magisterio. Otros sufrieron una suerte más adversa. Más de veinte maestros valencianos fueron fusilados, entre el 3 de abril de 1939 y el 5 de agosto de 1942, entre ellos, Manuel Villa Oubiña y Jesús Roca Pinach.
Federico Verdet Gómez
Director IEC La Hoya de Buñol-Chiva
Instituto de Estudios
Comarcales de La Hoya de Buñol-Chiva