
Vamos ya de puro inisi
en el pueblo y no la Venta
es el huerto de Aparisi
década de los 60.
Cuando no tenías plan
o la cosa estaba cuca
desde la papelera Galán
hasta la calle Churruca.
Mi padre con mucha razón
para vagabundear por la plasa
la piscina y el frontón
nos lo montó en casa.
Otros no tan peques
aprovechaban la ocasión
para montar guateques
y pegarte el arrimón.
Un gimnasio allí veo
paralelas, tatami y anillas
así allí las cuadrillas
hacían hasta boxeo.
Y desde dar lecciones
al frontón poder jugar
hace elucubraciones
y alguna vez reposar.
Sin haber mucho derroche
y sin mucho que contar
íbamos alguna noche
al huerto, pues, a jugar.
Si el tiempo apremia
y en sus distintas fases
fue recreo de la academia
cuando no teníamos clase.
También un lugar donde estar
los que otros pueblos venían
aunque no podían guisar
por lo menos sí comían.
Los de fuera venían en bisi
traían la fiambrera surtida
para el huerto de Aparisi
hacer su diaria comida.
Pero como es don Salvador
y también doña Juanita
pasar por favor al comedor
aquí no estáis de visita.
Aunque no había nada
las amistades eran vivas
por lo menos ensalada
y un platico con olivas.
No se pasaba tan mal
esta simpática remesa
Monzo, Pardo y Cañigral
hacíamos la sobre mesa.
Y como si fuera una escuela
jugando la mayoría al futból
los atletas anillas o paralelas
y algunos tomando el sol.
Pero por el anochecer
jugábamos un poquico
al torico a esconder
y casi siempre al altico.
No sé si me vais a creer
por ir sin precaución
el bueno de Ballester
se metió un gran ostión.
Y fruto del coscorrón
cosa que yo no alabo
en el mismo chichón
le apretaron un chavo.
Siempre a su fuerza fiel
y sin tener ningún recelo
haciendo un buen papel
lo atamos con un pañuelo.
Prueba de buen hacer
y de esta espabilada gente
pues el bueno de Ballester
tenía el caballo en la frente.
Y quién lo pensaría
que al de los escaleretes
que un día le duraría
el caballo y el jinete.
Con algún coscorrón
y todos como una piña
una partida al frontón
que terminaba en riña.
Manchándonos la ropa
esta cuadrilla tan sana
se lesiono el pobre Kopa
por hacer la torre humana.
La clavícula se rompió
sin hacerle homenaje
nadie se percató
que le hacía yo masajes.
De magnesia hice un refresco
para animar al lesionado
pero hubo algún fresco
que se lo quedó por su lado.
Y el canario para disimular
se nos pone a eructar
terminándolo de tomar
y lo mandamos a cagar.
Ahora os cuento lo mejor
tenía de boxeo unos guantes
regalo de un boxeador
y hacíamos los combates.
Yo te doy y tu la toma
en aquella exhibición
empezaba siempre en broma
y acababa en calentón.
Y en una gran ocasión
un combate que se daba
me pegó un palizón
Luisisito García Haba.
Las leches que me ha dao
que es lo que me ha pasao
pues Luisito el del Candao
casi me deja ya K.O.
Y lo tendrá en su mente
lo pensará ya rediez
cuando se calzó los guantes
siendo la primera vez.
Corriendo a la piscina
después de terminar la lucha
un montón de aspirinas
por lo menos otra ducha.
Y otro deporte rudo
sin tener ninguna queja
pues solían hacer judo
los que no tenían pareja.
También con buen corazón
partidas ya de frontón
o como jugando al balón
en mas de una ocasión.
Y aparte ya de jugar
y no siendo tan peques
también íbamos a bailar
montando algún guateque.
Pero sin tenerlo a la vista
ahora lo escribiremos
y en la próxima revista
seguro que lo contaremos.
Juan Manuel Aparisi Ortiz
Farmacéutico y licenciado en derecho