
Hola de nuevo, mis queridos y queridas seriéfilas. Vuelvo aquí una vez más para rematar lo que empecé el mes pasado, esto es, a recomendaros algunas series y una peli para que completéis el tiempo libre estival que nos queda viendo algunos títulos que creo pueden ayudar a comprender mejor el mundo en el que vivimos y que recogen bastante bien algunos de los problemas estructurales a los que nos condena el capitalismo y que nada tienen que ver con los movimientos migratorios de personas que por cierto se ven obligadas a abandonar sus territorios de origen por las mismas razones que nos preocupan a nosotros y nosotras a diario pero elevadas a la enésima potencia.
Si el verano pasado os recomendé varios títulos relacionados con la ciencia-ficción, este año he preferido recomendaros ficción con altas dosis de realidad. Porque si podemos reconocernos en aquello que consumimos, quizá pueda aportarnos un contexto más claro de cara a localizar las verdaderas causas de todo aquello que nos afecta, a ayudarnos a filtrar correctamente la enorme cantidad de (des)información que nos llega, detectar quiénes son realmente nuestros enemigos y así, actuar en consecuencia.
Voy empezar recomendándoos Yo siempre a veces, una miniserie de solo seis episodios estrenada este mismo año. Es una pequeña producción española premiada en el Festival Internacional de Series de Cannes y creada por Marta Bassols y Marta Loza que nos presenta a una chica que una noche de fiesta, fruto del colocón, se enamora de un chico con el que se lía y se «prometenestarjuntosparasiempre». Fruto de ello se casan y acaban teniendo un hijo. A los pocos meses ella rompe la relación con él porque es un tarambana y será ella –que ha renunciado a su futuro profesional en el extranjero– quien deba salir adelante sola en la Barcelona actual, con la enorme cantidad de problemas que tiene que enfrentar una madre soltera sin recursos en una ciudad cada vez más hostil para las mayorías; sin un trabajo fijo, sufriendo precariedad laboral y, por tanto, sin una vivienda a la que acceder, tendrá que sacar adelante a su pequeño luchando contra viento y marea, pero con una alegría y un amor hacia él que desbordan la pantalla. Esta es una historia de las muchas que se producen a diario en cada gran ciudad, contada y protagonizada de una manera tan fresca y tan real, que terminas empatizando con cada uno de los personajes –todos ellos imperfectos– que la forman.
También quiero recomendaros una miniserie que se estrenó el año pasado y que me impactó, no solo por lo que cuenta sino por cómo lo cuenta. Se trata de Pubertat, una creación de Leticia Dolera –que ya nos sorprendió con en su día con Vida perfecta– en la que nos cuenta el trauma que debe afrontar una colla de Castellers cuando se produce una denuncia de agresión sexual en el que son señalados tres adolescentes. Las tensiones internas que se dan en la asociación, la gestión emocional que deben afrontar las familias de la agredida y de los agresores cuya amistad queda truncada, la forma errónea en la que afrontan los chicos y las chicas su sexualidad y, en fin, los procedimientos que acaban por poner en marcha para buscar alguna clase de justicia que cure las heridas abiertas, hacen de esta serie un producto más que interesante tanto para adultos como especialmente para nuestros hijos e hijas en esta etapa de la vida. Recomiendo su visionado en su versión original, rodada en catalán. No os la perdáis.
Por último, en el apartado de series os traigo otra –también de producción española– que me tocó muy adentro. No solo por la interpretación magistral de un excelso Javier Cámara, sino por los temas de fondo que toca y por la calidad narrativa de un guión que no tiene ni un solo agujero. Hablo de Yakarta, una miniserie en solo seis capítulos que nos presenta a un profesor de instituto y ex entrenador de bádminton en cuyo pasado hay dolor, trauma y sueños truncados que arrastra hasta un presente en el que trata de redimir(se) cuando un día, viendo jugar a una joven adolescente, decide que tiene que hacerla campeona mundial juvenil de este deporte. No es esta una serie en que el deporte sea el protagonista sino las relaciones y los problemas que afrontan cada uno de los personajes y que de nuevo nos son propios a la clase trabajadora. La química entre Javier Cámara y su pupila –interpretada muy bien por Carla Quílez– funciona a la perfección como hilo conductor durante toda la serie y le imprime un dramatismo y una ternura que te atrapan hasta el final. El personaje de Cámara está tan bien construido que es difícil no empatizar con sus motivaciones, sus miedos y sus miserias. Una serie muy TOP.
Para acabar, os dejo una peli que me encantó y que ha sido para mí la revelación de este año. Se llama Ciudad sin sueño y es una película híbrida a camino entre la ficción y el falso documental en la que su director se adentra para filmar en las entrañas de la Cañada Real, ese enorme asentamiento/barriada de la periferia de Madrid en la que habitan, entre otros, los y las desheredadas del sistema que padecemos y que desde 2020 llevan sin un suministro fijo de electricidad por obra y arte del gobierno de la Comunidad de Madrid y de su Presidenta quien, por ejemplo, ha aprobado recientemente una Ley que dice proteger a los «fetos no nacidos» mientras abandona de facto a los y las niñas de carne y hueso que invierno tras invierno y verano tras verano se las tienen que apañar sin un suministro constante y digno de luz eléctrica. Ciudad sin sueño narra la historia de Juan, un chaval de 15 años del barrio quien, con su galga Atómica, trata de seguir con su vida de chatarrero en la Cañada a pesar de las limitaciones que el asentamiento le impone. Fruto de la amenaza de derribo que pende sobre sus casas, sus padres ya han tomado la decisión de abandonar la Cañada Real y reinstalarse en un piso de la ciudad, pero él y su abuelo se resisten a cambiar su vida allí por la incertidumbre que genera ser devorados en la gran ciudad. La peli, que tuvo 5 nominaciones a los premios Goya, ganó el de mejor actor revelación en la figura de Antonio Férnandez, su joven protagonista, e incorpora además un maravilloso juego visual cromático en varias de sus escenas que dotan a la película de un aura mágica y novedosa. La podéis encontrar en Filmin.
Y hasta aquí por hoy. Nos vemos en el próximo episodio.
Jose Guerrero Moliner
aFICCIONado