
Llega octubre y, con él, el otoño. Los días se acortan, el aire cambia y, casi sin darnos cuenta, volvemos a recogernos un poco más. La rutina recupera su sitio y también lo hacen esas costumbres que forman parte de nuestra identidad, de nuestra manera de entender el paso del tiempo y de vivir Buñol. Entre ellas, la semana de cacera, una tradición que guarda mucho más que jornadas en el campo: guarda encuentros, risas, conversaciones, almuerzos compartidos y recuerdos que el tiempo no ha conseguido borrar.
Por eso, este mes nuestra portada mira al pasado para rescatar una de esas escenas que hablan de una época y de una forma de vivir. «Las primeras perdices», un boceto del pintor Rafael Raga realizado en «El Pintao» durante la semana de cacera, nos transporta a aquellos días en los que las cuadrillas de amigos se reunían y conseguían hacer grande lo pequeño. Cuando quizá había poco, pero se compartía todo; cuando una jornada juntos, alrededor de una mesa o bajo el cielo de nuestros montes, bastaba para convertir un día cualquiera en un recuerdo para toda la vida. Momentos sencillos, pero únicos. De esos que se quedan dentro y que, con el paso de los años, incluso llegan a transmitirse de generación en generación.
Este es, en definitiva, nuestro pequeño homenaje a quienes hicieron de aquellas semanas algo mucho más que una tradición. A quienes compartieron, disfrutaron y vivieron intensamente cada encuentro; a quienes hoy recuerdan aquellas historias con una sonrisa y a quienes las han escuchado tantas veces que también sienten que forman parte de ellas. Porque un pueblo también se construye con su memoria, con las historias de quienes lo habitaron y con esas pequeñas cosas que nos recuerdan quiénes somos. En este número, Marisa Ferrando y Conchín Cusí nos ayudan a recuperar y ampliar esos recuerdos. Abrimos sus páginas para volver, por un instante, a aquellos días. A aquellos amigos. A aquellas primeras perdices.