Cazadores, hateros, pintores, amigos

Dos mujeres hablando de caza ¡Qué sabremos nosotras! Sabemos que nuestros padres disfrutaban muchísimo en el monte; lo veíamos, lo vivíamos, nos hacían partícipes, y sobre todo a nuestras madres, que eran quienes desplumaban y limpiaban las perdices y las escabechaban.

Esperaban la semana de cacera durante todo el año: el antes, el después, los preparativos, el hato, la linterna, la cantimplora, los prismáticos… la máquina de afeitar; contaban que Ricardo había enchufado a un pino su máquina de afeitar con recarga Remington y se afeitaba como si tal cosa… Eran socarrones y disfrutones, expertos en sacarle punta a la vida, con ingenio y humor. 

El tío Baoro «el setagüero», que se ponía los párpados de los ojos al revés; el Duende, pequeñín y con gorro; Vicente Agustina, el ordinario de Buñol, pausado y observador; Federico, siempre sonriendo y contando cosas de la cantera; Don Salvador García –sí, era Don Salvador–; Catarro, Raga, Modo, Renovell, Villacampa, Marcial (Pichana), Román, Ernesto (Copérnico) y otros muchos, sin olvidarnos de sus perros. ¡Tantas anécdotas, simpáticas y humanas de todos ellos!    

Solían cambiar de casica: Peña Lisa, Maricardete, el Pintao, el Hondo del Fresnal… Pasaron incontables momentos juntos, muchas semanas de cacera, año tras año. Se adaptaban a todo: con catres, sin agua, sin luz, con frío… Ahora, eso sí, con muy buen hato: las sardinas salaicas, los pimientos torraos, las bajoquicas tiernas; era todo un privilegio tener entre los amigos a Modo, el mejor hatero, un artista de la lumbre que convertía lo básico en manjar.

Y Raga tomando apuntes, improvisando bodegones reales y fotografiándolos, pintándolos, escribiendo letreros con carboncillos de las brasas allá donde iba:  Avenida de las Monas, Cafetería Feder, Hogar de Mooodo, Hostal Colás, Posico Carmen. Anhelaba ir al monte y reencontrarse con los amigos y así lo expresaba en la correspondencia con Ricardo cuando exponía, pintaba o viajaba a cualquier otra ciudad de España: «¡Estic desitjant anar a la muntanya!» o «¡Quina enveja em fas!».

Encender un sagato, jugar al truc, al dominó, deleitarse con el paisaje, el silencio, la amistad, o salir a esperar las perdices al atardecer, eso sí que era todo un espectáculo. 

Beatus Ille. 

Y así ha sido siempre, generaciones anteriores y posteriores, unos y otros, se han reunido para cazar, compartiendo monte, naturaleza, historias, amigos, y esos momentos que, con el paso del tiempo, se transmiten y mantienen viva una tradición.

Enrique Morán, Emilio Giménez, Agustina, Puchades, Casporro, Roberto García, Ricardo, Triparrós, Victoriano, Wagner. 

Ciertamente, no podía haber mejor manera de representar este espíritu que el nombre elegido para la Sociedad de Cazadores de Buñol: La Amistad. 

¡Empieza la semana!

Conchín Cusí Guerrero
Hija de Vicente Cusí «Modo»

Marisa Ferrando Cusí
Hija Ricardo Ferrando (Muebles El Cid)

Instituto de Estudios
Comarcales de La Hoya de Buñol-Chiva

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