Invasiones y resistencias: A 750 años de las muertes de Jaume I y Al Ázraq

Octubre abre de par en par el otoño y nos trae de la mano a los valencianos una nueva oportunidad de celebrar nuestra diada, nuestro Dia Nacional. Resulta agradablemente curioso que el Nou d’Octubre, celebremos el nacimiento de nuestro País Valenciano y al mismo tiempo celebremos el día del amor o de los enamorados. 

En otro escrito tuvimos ocasión de defender nuestra celebración del amor protegidos por Sant Dionís (el «sin cabeza» como la balsa de Turche) y sus dulces «piules i tronaors» envueltos en el «mocador» frente a la presión cultural anglosajona que impone al soldado Valentín en febrero. También hemos recordado algunas curiosas andanzas de nuestro fundador, un tal Jaume. Un muchacho nacido en 1208 en Occitania que, huérfano de su santa y resignada madre y su borrachín y mujeriego padre –sorprendentemente conocido en la historiografía tradicional como «Pere el Catòlic»– heredó de éste último a los 5 años importantes dominios: el viejo reino de Aragón, los potentes condados catalanes al norte y al sur de los Pirineos y diversos territorios occitanos. Tendremos ocasión de repasar algunas cuestiones verdaderamente sabrosas de la vida «y milagros» de conquistador, «Jacme (Yakub) el barsaluni» según las crónicas árabes de la época.

El presente año 2026 nos brinda también una oportunidad interesante para que el reconocimiento del pasado nos ayude a entender también el presente y nos anime a buscar un futuro mejor. Para eso debe servir el estudio de la historia ¿no? Un pasado vinculado, claro, con las andanzas del fundador del pueblo valenciano. Un rey, Jaume I, que como dijo Josep Vicent Marqués «hui seria republicà» si reconocemos en el republicanismo la idea de búsqueda de la justicia, la igualdad, la tolerancia. Un juicio sin duda benévolo de nuestro buen y gran sociólogo pero las tropelías de Jaume I, como las de cualquier monarca medieval, no ocultan la indudable modernidad de muchas iniciativas legales reunidas en Els Furs e incorporadas por ejemplo al Derecho Civil Valenciano fulminado por la imposición del modelo castellano con la llegada de los borbones en 1707. 

Este año contamos 750 desde la muerte de Jaume I y también de Al Ázraq, es decir «El Blau» ya que dicen que tenía los ojos azules1. Y ¿quién era este Al Ázraq para compartir pedestal con nuestro conocido Jaume? Pues nada menos que el principal oponente, el cabecilla de los rebeldes valencianos que resistieron la invasión de guerreros extranjeros del norte. Es bien sabido que la colonización posterior de catalanes y aragoneses culminó con un genocidio en 1609 con la expulsión de un tercio de la población valenciana.

Jaume I murió en València en julio de 1276 cuando era conducido enfermo desde la ciudad de Alzira. Falleció tras un larguísimo reinado precisamente encargando a su hijo Pere que fulminara la tenaz resistencia de la población invadida. Los valencianos que se había hecho musulmanes, con Al Ázraq al frente, se habían sublevado en varias ocasiones y pusieron en graves aprietos a los extranjeros. «El Blau» había caído mortalmente herido en el cerco de Alcoi en el anterior mes de mayo de aquél mismo año 1276. Nuestro Jaume llegó enfermo a Alzira tras sufrir un importante derrota en Llutxent frente a los valencianos. Además, poco tiempo antes, «El Blau» había llegado a tejer una emboscada en el entorno de Rugat en la que peligró gravemente la vida del monarca cristiano. Al Ázraq fue una verdadera pesadilla para los ocupantes.

En nuestras tierras, en la Hoya, no tenemos una constancia clara pero sí que podemos afirmar que la población autóctona se rebeló ante la invasión. Los documentos «fundacionales» que conservamos de Buñol (1254) y Yàtova y otras alquerías (1266) lo muestran en el contenido y la forma de su redacción. En ambos casos se advierte la existencia de una primitiva redacción en lengua árabe ya que era la que habían adoptado las gentes de nuestra zona. En el caso de Yátova y otras aldeas de Buñol la copia conocida advierte que su referente es un texto que «erat factum in arabico et in romancio, videlicet, una linea in arabico et alia in romancio», es decir que intercalaba líneas en árabe y en romance, en este caso, romance aragonés. En el preámbulo señala el carácter de perdón ante lo que interpretamos como revueltas ocurridas donde leemos que «atorgamos a vos que non siades tenidos a nengunas personas de negunos (sic) malificios que ayades feytos tro al dia d’uy (=hasta el dia de hoy)». Además el texto alude claramente a una repoblación con contingentes traídos desde la Manchuela lo que demuestra que hubo una pérdida de gentes en relación con las revueltas. De igual modo el documento de Buñol fue redactado en árabe y fue mandado traducir años más tarde y en él se habla también de un perdón que tuvo que seguir a la revuelta («atorgando a todos los moros de Bunyol, e recíbalos en su asseguramiento e en su perdón»). Queda previsto incluso el regreso de los huidos («aquellos moros que foren del dicho lugar de Bunyoul (sic) e son absentes, que vengan salvament e segura e que sean recebidos e entrados sotz aquestz seguramientos e gracies»). 

Definitivamente creemos que los buñoleros y el resto de habitantes de la zona se opusieron a la invasión extranjera probablemente siguiendo al visir Al Ázraq, el fiero enemigo del rey Jaume I. Según el historiador Josep Torró (El naixement d’una colònia: dominació i resistència a la frontera valenciana, Publicacions de la Universitat de València, València, 2006) las zonas rebeldes con su firmeza consiguieron mantener mejores condiciones en sus cartas de población.

1 Azraq en lengua árabe significa: azul. àrab: الأزرق, al-Azraq, ‘el Blau’

Manel Pastor i Madalena
Doctor en Historia Medieval

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