
Érase una vez un chiquillo de Buñol que por diversas circunstancias no pudo apuntarse a ninguna de las dos bandas de música que había en el pueblo. Muchos de sus amigos sí que estaban apuntados a solfeo, algunos con el propósito de llegar a tocar en los Litros o en los Feos, y otros porque era una de las cosas que se podían hacer sin coste alguno para las familias.
Algunos estudiaban solfa, bien por tradición familiar, o bien porque el ir a solfeo tenía el premio de que les daban un pase para entrar al cine gratis, ya fuera en el Montecarlo o en el Litro. Andando por el pueblo también oía muchas veces la música que salía de las casas, y era que algún músico estaba ensayando. Asímismo, fueron muchos los ensayos y conciertos de aquellos domingos por la tarde en verano tanto de los Feos como de los Litros que pudo disfrutar en el tablado que se montaba delante de la ermita de San Luis para la Feria, en su etapa juvenil. La cuestión fue que le quedó el gusanillo de aprender a tocar un instrumento para más adelante.
Al llegar a la edad laboral, DO RE MI FA SOL LA SÍ se fue a trabajar fuera de Buñol, pero tampoco por los diversos lugares que transitó tuvo ocasión de hacerse músico. Ya trabajando en Valencia, sus compañeros de trabajo, jóvenes como él, se matriculaban en carreras para sacarse títulos universitarios y similares, pero nuestro amigo pensó que para qué quería estudiar una carrera si en su trabajo era feliz y no pensaba cambiar de oficio. Así que decidió estudiar algo por el placer de saber y ese algo fue la Música, y entonces se matriculó en clases de solfeo y de algún instrumento. Cuando acabó el primer curso de solfeo, que aprobó, se fue a hablar con su profesora para decirle que quería repetir, que quería afianzar y disfrutar de los conocimientos musicales. Su profesora le dijo que era la primera vez en su vida que un alumno que ya había aprobado quería repetir el curso. Todavía fue más grande su asombro cuando después de repetir primero y tras aprobar el segundo de solfeo volvió a hablar con su profesora y ésta le dijo:
–¿No vendrás a decirme que quieres repetir segundo otra vez?
–Pues sí, quiero repetir segundo para disfrutar y afianzar los conocimientos musicales –Su profesora no salía de su asombro.
Este disfrute de DO RE MI FA SOL LA SÍ se vio truncado cuando, en tercero de solfeo, le tocó una nueva profesora que acabó con su afición y se lo dejó. Pasaron los años y se compró algún que otro instrumento pero sin llegar a tocar en ningún sitio. La enseñanza que sacó fue que has de tener un buen profesor para enseñarte y, sobre todo, pulirte los vicios musicales. Se dice que muchas veces la afición viene de padres a hijos, pero en el caso de nuestro amigo fue al revés. Su hijo estudió percusión en el Conservatorio en Valencia y, como suele pasar, le recomendaron que se apuntara a alguna Banda, y eso fue lo que hizo apuntándose a la Banda de Patraix, aunque no estuvo mucho tiempo. Eso sí, acabados sus estudios de percusión se decidió por la carrera de canto. Y, como decía anteriormente lo de la afición de «hijos a padres», su hijo se dejó la Banda y entonces se apuntó él a solfeo y a clases de saxo. Y con su perseverancia le llegó el día de debutar en la Banda de Patraix a los cuarenta años, con toda la ilusión del mundo.
La Banda de dicho barrio de Valencia no era muy grande en aquellos momentos, aunque con los años fue creciendo en número y en calidad musical. A lo largo de los más de veinte años de ser músico con el saxo tenor, DO RE MI FA SOL LA SÍ ha tenido la oportunidad de tocar en Fallas, en la Semana Santa Marinera, en desfiles y «Entradas de bandas», en Moros y Cristianos, en el Estadio de Mestalla, así como en diversos auditorios de pueblos, tocando en muchos conciertos. Y algo que nunca se hubiera imaginado es que iba a tocar varias veces en el Palau de la Música de Valencia. En todos los diversos lugares y actos siempre disfrutaba de hacer música con todos los integrantes de la Banda de Patraix. Como si fuera un guiño del destino hubo un tiempo en el que coincidió con tres buñoleros más en dicha Banda. Él pensaba que aquello era como aquel programa que se llamaba «Españoles por el Mundo» pero en la versión «Músicos buñoleros en Patraix», todos con un nivel excelente. Para diversificar un poco más su afición musical, también tocó un tiempo en un Combo de Jazz, que creó la Banda de Patraix. Pero todavía tenía un objetivo musical que no se había cumplido, que era tocar en su pueblo, Buñol.
Un buen día recibió una llamada telefónica que le invitaba a tocar en una Banda que se había creado en Buñol, con músicos de Los Litros, de Los Feos, de buñoleros que tocaban en la Banda Municipal de Valencia y otros músicos más de otros lugares y de un gran nivel. Se había creado la «Banda de la Memoria Democrática» y él iba a ser un músico más. La guinda del pastel fue que ese primer concierto de DO RE MI FA SOL LA SÍ en esta nueva Banda fue en el Litro, lo que le supuso una gran emoción. También hay que remarcar que los conciertos ofrecidos por esta Banda han sido con obras de mucha calidad y de compromiso social. Entre otros, también ofrecieron un concierto en el Auditorio Municipal, lo cual fue como un «crescendo» en emociones para nuestro amigo. Teniendo en cuenta que la música también fomenta la amistad, le llegaron más ocasiones para tocar en otras formaciones locales. Otra llamada le permitió apuntarse a los «Amigos de la Música», que organizaba conciertos solidarios para Cáritas en la Iglesia de la Venta. Para nuestro amigo eso era la música al servicio de una buena causa para con las familias más desfavorecidas, ya que se recogían alimentos y algo de dinero que ayudaban a la gente que lo necesitaba. Esperaba que algún día también pudiera tocar en el Montecarlo, que es lo que le faltaba.
A pesar de todo lo anterior y los conciertos ofrecidos, todavía le quedaba debutar en Buñol tocando por la calle. Gracias al ofrecimiento del director de la Banda de Cofrentes pudo desfilar por primera vez con dicha Banda en una «Entrada de Bandas» celebrada en una Bienal de Música en Buñol. Ese acto fue el que abrió la puerta a más desfiles y actos por las calles de nuestro pueblo. Con el paso de los años ha podido tocar varias veces en el Día de las Músicas, con la Banda de Alborache. También ha tocado en la mañana de Pascua en el Encuentro, un año subiendo a la Iglesia de la Venta y otro bajando a la del Pueblo, con la Banda Juvenil de los Litros y con la Juvenil de los Feos respectivamente. No obstante, le quedaba otra forma de disfrutar aún más de la Música, que era ir a un lugar muy especial a ofrecer un concierto a cargo de los «Amigos de la Música». Se trataba de la Residencia de los Mayores, junto al Conservatorio de San Rafael.
Como bien les dijo el director de los «Amigos de la Música», iban a ir a llevar alegría sin saber siquiera cómo lo iban a vivir algunas personas que residen allí, y con algún estado muy precario en cuanto a salud física y mental. Además, esas personas no pueden salir fácilmente de allí, por lo que hay que acercarles la música para su disfrute. Aparte de algún concierto navideño, los «Amigos de la Música» también actuaron para celebrar los cien años de dos personas allí residentes. Este lugar y estas personas hacen que la Música sea todavía más interpretada por los músicos con el corazón por todo lo que comporta.
Para acabar podría decir eso de «colorín colorado, este cuento se ha acabado», pero este cuento es muy real y lo seguirá siendo mientras el cuerpo y la mente aguante. No quiero terminar sin dar las gracias a Chimo Masmano, a Manolo Tarín, a Paco «Parrancano», que son, entre otros, quienes me abrieron las puertas musicales de Buñol, y a todas esas personas con quienes he compartido la Música, tanto en Buñol como en otros lugares. A veces me preguntan, al saber que soy músico y de Buñol, que si toco en los Litros o en los Feos, y mi respuesta es que he tocado con músicos de las dos Bandas. Así que no puedo acabar sin decir y sentir en mi interior: ¡Qué viva la Música!
Venanci Ferrer Tarín
Ex-quiosquero del barrio Gila