Asociación ProCastillo de Buñol 1957-1984: la lucha por un sueño

Parque de San Luís. Tras el obligado parón de la Pandemia, asamblea general para la reactivación de la Asociación de Vecinos y Amigos del Castillo y Barrio Antiguo. 

Mientras esperamos que acuda la gente –la puntualidad no es uno de los rasgos que distingue a los españoles– se acerca a mí un señor mayor que me dice que es familiar de Luís Máñez, secretario perpetuo de la Asociación Procastillo de Buñol, liderada por Facundo Tomás –¿quién no ha oído hablar de la asociación que inició la recuperación del castillo y de Facundo?, al menos los que ya tenemos algunos años– y me hace entrega de documentación generada en su funcionamiento desde 1957 hasta 1984, donde destaca el libro de actas de sus reuniones, pues considera –Luis Máñez había fallecido– que en cierta forma nuestra asociación es sucesora –al menos en su objetivo– de la labor iniciada por la Asociación Procastillo.

Le echo un vistazo rápido y, como las cosas urgentes normalmente dejan de lado a las importantes, la documentación cae en el olvido aparcada en un rincón de mi librería.

Bueno, que me enrollo más que una persiana –veasé la expresión viejuna que muestra mis ya bastantes años–. El otro día, rebuscando entre mis libros, vuelve a aparecer. Románticamente podríamos pensar que se resistía a desaparecer, como nuestro olvidado castillo. Ello me hizo ponerme a escribir este articulico, pues pienso que, a pesar de ser recordados, este grupo de buñoleros y buñoleras enamorados de su castillo –como la mayoría de buñoleros y buñoleras, más activos o menos en la lucha por recuperarlo–, no han sido lo suficientemente reconocidos.

Vamos al grano. La asociación inicia su andadura en 1956 con una fluida relación con el Ayuntamiento –el presidente es el alcalde de turno–, liderada por el médico Facundo Tomás, incombustible vicepresidente hasta su muerte en 1984, rodeado de otros buñoleros no menos incombustibles, como Luís Máñez, Bernardino Cano o Eduardo Ruiz (mi tío) como cabezas visibles de la asociación, que contaba con un buen número de socios detrás.

Según reza en su reglamento, su objetivo principal es «la recuperación, reconstrucción y transformación del castillo de Buñol, una vez restaurado, en Centro Buñolense de Cultura». La maquinaria de la asociación se empieza a engranar poco a poco, y se inician reuniones con ayuntamiento, entes provinciales y viajes a Madrid, captación de socios… para reunir fondos para convertir el sueño de convertir el castillo en Centro Buñolense de Cultura en una realidad.

Se empiezan a comprar o permutar las casas de los castillejos que habitan en todos y cada uno de los espacios de la fortaleza, y empiezan derribos, desescombros y restauraciones –con más o menos rigurosidad–. Se interviene en La Torreta, Torre Mayor, Iglesia, Oscurico, Torre Portal, pavimentaciones con cantos de río… Se consigue la cesión gratuita por parte del Estado al ayuntamiento para transformar el castillo en Centro Buñolense de Cultura en 1974. Se crea la primera biblioteca pública de Buñol en la Iglesia del Salvador, que luego se trasladó a la calle Valle de Andorra (actual sala de estudio). Se convierte en el germen de la colección museográfica de arqueología –que se traslada a la Casa Señorial una vez restaurada– y ahora acoge la colección etnológica –creada por el empeño y dedicación de Agustín Sierra–. Resumir en unas líneas todo el trabajo desarrollado por la asociación a lo largo de 27 años, el esfuerzo y la cantidad de horas de su tiempo –sin cobrar, claro– es difícil de plasmar. 

La transición política no sienta demasiado bien a la asociación, y la independencia que se tenía hasta el momento –no valoro, solo expongo hechos– se reduce a partir de los años 80, cuando representantes municipales entran a formar parte de la junta directiva de la asociación –por otra parte, lógico, siendo un bien público–. Esta bicefalia crea dificultades en el funcionamiento de la asociación. También, supongo, la dedicación de tantos años por parte del grupo más activo les pesaría y la puntilla a la asociación llega con la muerte en 1984 del alma mater, Facundo Tomás. En mayo de ese año se produce la disolución de la asociación, que traspasa documentación acumulada a lo largo de 27 años al ayuntamiento, así como del cierre de cuentas y las propiedades inmuebles de la misma. Desgraciadamente, todo este archivo documental, al menos aparentemente, ha desaparecido por un acto vandálico producido poco después en La Torreta, sede de la asociación, ya bajo control del Ayuntamiento.

Como buñolero, puedo cuestionar si la eliminación total de las casas del aprovechamiento civil de la fortaleza de finales del XIX es necesaria, incluso conveniente, dado los nuevos usos del castillo como atractivo turístico –el ver no produce dinero, lo produce comer, beber, comprar, dormir…–. Como arqueólogo, puedo cuestionar la ejecución de las restauraciones. Estas actividades, vistas desde los métodos de intervención sobre el patrimonio histórico actuales, tienen bastantes carencias –escasez de documentación previa a la intervención y a lo largo de ella, inexistencia de estudios arqueológicos, dudas sobre el método restaurador…–, pero no hay que quitarles el mérito que tuvieron dentro del contexto en que se desarrollaron y los objetivos que perseguían.

El castillo que conocemos, o gran parte de él, se debe al esfuerzo y la pasión por recuperarlo de este grupo de personas –que era más amplio de los nombrados, disculpad si me dejo alguno en el tintero– y que debería reconocérseles de alguna forma. ¿Y desde 1984, qué? Eso lo dejaremos para otro artículo.

Pepe Medard Ruiz
Buñoleroadicto

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