Con las guerras, todas somos peores

La brutalidad y la barbarie que generan las guerras y las agresiones que vulneran los Derechos Humanos, incluido el DERECHO A EXISTIR, nos hacen a tod@s peores personas. Muy especialmente a quienes perpetran tales crímenes, pero de alguna forma también a quienes desde fuera observamos ese horror con una impotencia que termina en un odio tan visceral que nada tiene de sano.

Un odio más que justificado hacia los monstruos que están llevando al desastre a la humanidad, pero que también se dirige por generalización hacia mucha otra gente que quizás no lo merece porque de alguna forma, también han sido víctimas de perversos procesos de adoctrinamiento y bestialización por parte de los monstruos antes citados y del sistema que padecemos con los resortes que éste tiene para poner en marchas esos mecanismos de degeneración moral del ser humano.

Procesos que, en última instancia les hacen justificar las peores atrocidades despojándoles de esa compasión que es intrínseca a la humanidad que a todas se nos presupone pero que en verdad, no les hace culpables del horror que estamos presenciando.

En un contexto de Guerra(s) tod@s sacamos nuestra peor versión. Por eso es tan necesario aborrecerlas evitando caer en la trampa mortal que nos tienden aquellos que las provocan para que las libremos por ellos y sus intereses imperiales y corporativos.

En las guerras no sólo se pierden muchas vidas. También se va —en unos más que en otros, claro— un trocito de lo que nos hace mejores: LA HUMANIDAD.

José Guerrero Moliner
tomalapastillaroja

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