La verdad oculta de la música

La música está en todas partes, es una de las más antiguas formas de arte, expresión creativa y comunicación de todos los tiempos y que está presente en todas las culturas. Sin embargo, el sector musical arrastra una serie de problemáticas que afectan principalmente a sus artistas.

El mundo de la música nunca ha sido justo. Tanto en la música culta como en la música popular persisten problemas como el elitismo, la precariedad o la prioridad de obtener beneficios sobre el arte. Pero ambos ámbitos tienen un problema en común: la desigualdad de género. Desde hace años, el negocio de la música popular ha estado dirigido por y para los hombres, y aunque se crea que en la actualidad la discriminación de género en la música haya desaparecido, la brecha de género sigue siendo inmensa. De hecho, un estudio realizado por Shoove y DataPulse sobre los principales artistas de Spotify demostró que las mujeres tan solo suponen un 20% de los artistas más populares frente al 80% que son los hombres.

No obstante, el negocio musical no es el único propulsor de esta diferencia, sino que los propios consumidores de música perpetúan e incluso avivan la brecha de género en la industria. Las mujeres suelen escuchar tanto artistas hombres como mujeres, pero muchos hombres de hoy en día solo escuchan música de otros hombres, lo que provoca que los artistas tengan más éxito y superen a sus compañeras de industria. Una de las razones de estas disparidades son el distinto significado de las letras, siendo en su mayoría el mensaje de las mujeres más reivindicativo y empoderado, mientras que, en el caso de los hombres, las letras tienden a ser superficiales, sexistas y hechas para «gustar y no reflexionar». Además, esta discriminación de género se filtra a las presentaciones de sus éxitos. En los Grammy 2026 que se celebraron el pasado 1 de febrero hubo varias actuaciones de distintos artistas. Entre ellas, destacaron cantantes como Sabrina Carpenter o Lady Gaga, quienes dieron grandes espectáculos con atuendos muy trabajados y escenarios detallados. En cambio, artistas como Justin Bieber o Alex Warren, a pesar de haber ofrecido excelentes actuaciones, no llegaban al nivel de sus contrincantes mujeres y aún así sus presentaciones han sido más populares. Esto implica que, por mucho que las artistas se esfuercen por ofrecer una buena presentación, no conseguirán el mismo éxito que los artistas de la industria, lo que es totalmente injusto y absurdo.

Por otra parte, si nos fijamos en el ámbito de la música culta, la discriminación hacia las mujeres ha existido durante siglos y, por desgracia, hoy en día persiste, al igual que en la música popular. Anteriormente, en determinadas épocas, las mujeres estaban muy limitadas. Solo podían tocar determinados instrumentos, como el piano o el violín, o dedicarse a dominar el canto con tal de parecer más interesante para su futuro marido. Además, para poder componer música debían utilizar pseudónimos para que sus obras pudieran salir a la luz. Del mismo modo, para las mujeres ser directoras de orquesta era algo impensable. En la actualidad esta actitud hacia las mujeres se está reduciendo poco a poco, pero aún así sigue habiendo una brecha de género bastante notoria. Por ejemplo, en el mundo de la dirección. ¿Acaso nadie se da cuenta del escaso número de directoras de orquesta dentro del mundillo? Actualmente, las directoras de orquesta suponen tan solo un 6% total de los directores del mundo y esto no es causado tan solo por la brecha de género dentro del mundo de la música, sino por el machismo interiorizado de este. Según directoras como Lucía Marín, existen escritos de compositores importantes de España que dicen que el mundo de la dirección de orquesta es un mundo de hombres, ya que supuestamente se requiere autoridad y fuerza. Un argumento fundamentalmente machista y basado en prejuicios de género que ven a las mujeres como seres débiles y sumisos. Sin embargo, la discriminación de género en el ámbito de la música culta no es exclusiva al mundo de la dirección, sino que también afecta a los intérpretes. Según un informe elaborado por la Asociación Mujeres en la Música (AMM) entre los instrumentistas de las agrupaciones profesionales solo el 33% de las sillas sobre el escenario están ocupadas por mujeres. Y en el caso de las solistas, la cifra cae hasta el 23%. Esto refleja las actitudes machistas que aún perduran en la música culta. Asimismo, muchas personas creen que esta diferencia en las orquestas se debe a la habilidad del intérprete, creyendo que los hombres poseen mejor técnica que las mujeres. Pero este argumento queda invalidado si tenemos en cuenta «las audiciones a ciegas» en las que los intérpretes tocaban detrás de cortinas para que el jurado no pudiese saber su género. El resultado de estas audiciones fue una orquesta con aproximadamente el mismo número de mujeres y hombres, demostrando así que el pequeño número de mujeres en las orquestas no se debe a la habilidad, más bien a la discriminación.

Es por ello que la industria musical debe dejar de discriminar a las mujeres y reconocer su talento. No por ello los hombres en la música deben ser infravalorados, sino que deberían aprender a coexistir, ayudar y reconocer la validez del trabajo de las mujeres. De manera que, en el ámbito musical (y social) se consiga la igualdad de género. Del mismo modo, aunque esta igualdad en el mundo de la música parezca imposible actualmente, hay que tener esperanza. Antes las mujeres no podían ni imaginar pertenecer a alguna orquesta y hoy en día tenemos mucha más visibilidad. Así que, debemos seguir avanzando y celebrando cada logro conseguido, aunque sea poco a poco.

Marina Martínez de Bernardo y Vera Celda Sánchez
Alumnas del Conservatorio de Música «San Rafael»

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