Carta a Delia

Querida Delia: Hace dos meses ya que te fuiste y todavía no me lo creo. Confiaba plenamente en que saldrías victoriosa de esto, como siempre, como una piedra más en el camino a la que pateas para que te deje seguir avanzando.

Pero no. La vida tenía otros planes para nosotras. A ti te llevó y aquí nos dejas en silencio. En silencio porque la energía que simplemente con tu voz desprendes, se acabó. En la oficina ya no resuenan los gritos de tu «dulce voz», como te llamamos cariñosamente quienes te queremos a sabiendas que, justamente, dulce voz no eres. Esa dulce voz que a veces me grita para reñirme por algo de lo que luego nos partimos de risa.  Muchas veces siento que vas a entrar por la puerta de la oficina diciendo: «Mi Jobi, ¿hay algo para almorzar?». El otro día trajeron almuerzo e inevitablemente pensé cuánta falta me haces. Te imagino en la cafetera, comiendo curasanes que rebosan chocolate mientras te cuento el último salseo y te quejas del frío tapándote con tu fular negro. Ahora lo tengo en mi mesa, me dijo tu hermano que me lo quedara cuando saqué las cosas de tu cajonera y es la manera que tengo de sentirme arropada por ti cada mañana cuando llego al trabajo y lo miro. 

Se acerca el «Día Internacional de la Mujer» y se destacan todavía más los valores de mujeres como tú. Cuando entré a trabajar en el Levante UD era el año 2002, eras la única mujer trabajando en un mundo por entonces muy de hombres. Te hiciste respetar a base de mucho trabajo y mucho esfuerzo porque eres una mujer valiente, clara, directa, fuerte e independiente que no necesitas la luz de nadie para brillar, brillas por ti misma. ¿Por qué una mujer no podría ser jefa de prensa de un equipo de fútbol? Pues sí se podía y tú lo demostraste. Allanaste el camino de muchas mujeres que, como yo, entraban en este maravilloso mundo y te movías como pez en el agua. A todos los jugadores los cuidabas y aconsejabas como una hermana mayor y así me lo dijo la esposa de uno de nuestros más queridos capitanes cuando vino a despedirse de ti. Recordó que ella estaba tranquila sabiendo que orientabas y ayudabas a su marido en lo que necesitara teniendo en cuenta lo lejos que se encontraba de su casa y su familia. Serás recordada por tu buen hacer, por tu cercanía y porque lo tienes todo más que controlado. Te sabías el reglamento de televisión de LaLiga como si lo hubieras inventado tú y eso nos daba tranquilidad en los días de partido a quienes nos toca trabajar. Delia, trabajadora incansable, a veces gritona, pero con una maravillosa esencia. Tu firmeza, tu rotundidad, tu confianza en ti misma… Tenerte cerca siempre fue tranquilidad para todos. Ojalá hayas leído todo lo que han escrito sobre ti cuando te fuiste, como cuando repasas la prensa diaria, porque debes sentirte muy orgullosa de todo lo que te dicen. Yo te voy a recordar siempre por tus consejos, por ser mi profesora de «espabilamiento», por ser mi sexto sentido para ponerme en alerta cuando veías algo raro que me podría afectar, y no te equivocas nunca, tía. 

Ahora lloro al recordarte. Es una mezcla de amor infinito y una rabia que me quema por dentro, porque la vida fue profundamente injusta contigo. No merecías irte tan pronto. Me parte el alma pensar en mini Delia y en Oliver, tan pequeños todavía, tan necesitados de tus abrazos, de tu risa, de tu voz. Duele imaginar los momentos que no podrán vivir contigo y ese pensamiento me desgarra por dentro. Pero si algo puede darte paz es saber que están en buenas manos, rodeados de amor, cuidados con una ternura que nace, precisamente, de lo mucho que te queremos. Tendrán tantas historias tuyas que necesitaremos escribirlas en un gran libro para que nunca se pierdan. Les hablaremos de tu fuerza, de tu alegría, de tu manera única de mirar el mundo. Tu recuerdo será su refugio y su guía. Porque, aunque ya no puedan abrazarte, vivirás en cada palabra, en cada gesto, en cada latido que nos recuerde a ti. También lloro al recordar nuestras últimas palabras. ¿Cómo iba a imaginar que serían las últimas si estaba convencida al cien por cien de que saldrías invicta de esto? Si lo hubiera sabido, te habría dicho claramente que te quiero. Tú siempre me lo decías; yo, en cambio, por mi carácter reservado, por vergüenza o por no sé qué, nunca supe decírtelo como debía. Me limitaba a responder «y yo» como si eso bastara. Ojalá te hayas ido sabiendo que en ese «y yo» iba todo mi amor. Bendita la hora en la que el Levante UD unió nuestros caminos porque me ha permitido disfrutarte dentro y fuera de nuestro estadio. Me dejas un vacío inmenso, un montón de lecciones e infinitos recuerdos inolvidables y preciosos.

Delia, mi compañera, mi amiga. Te quiero.

Jobanna Calpe Tomás
Atención al aficionado Levante U.D.

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