El cañón del castillo de Buñol

La Primera Guerra Carlista fue un conflicto civil que se desarrolló en España entre los años 1833 y 1840, enfrentando a los carlistas, partidarios del infante Carlos María Isidro de Borbón y del absolutismo, con los isabelinos o cristinos, defensores de un régimen liberal.

En el País Valenciano, los carlistas nunca tuvieron un ejército regular, pero organizaron la guerra de guerrillas, a cargo de distintos cabecillas que mandaban sus propias partidas. En todo el territorio valenciano, suponían siete u ocho mil hombres, pero debían actuar por separado, dado lo escaso de las subsistencias y la geografía del territorio. Ocasionalmente, dos o más partidas colaboraban con el objeto de llevar a cabo un ataque a un convoy, a una localidad grande o para presentar batalla. Los principales caudillos que actuaron en nuestros pueblos fueron Cabrera, Quílez, Forcadell, Viscarro, Tallada, el fraile Esperanza, etc. Las facciones se mantenían constantemente en movimiento, invadiendo poblaciones y refugiándose en las montañas, puesto que el objetivo de sus operaciones era acopiar víveres y todo tipo de presas, razón por la que se granjearon la animadversión de la población. Nuestra comarca sufrió correrías sistemáticas, dada su posición estratégica, su proximidad a Valencia y su condición de puerta de entrada a la rica comarca de la Ribera. La defensa frente a los carlistas la formaron algunas tropas regulares, partidas francas y, significativamente, las milicias, es decir, voluntarios de los diversos pueblos. 

Uno de los objetivos de los carlistas fue el castillo de Buñol, «quemado y arruinado por la facción», el día 11 de junio de 1836. No sabemos exactamente el daño que sufrió la fortaleza medieval, pero se hizo necesario recuperarla, de forma que, ya en el año 1837, habían acabado las obras de fortificación. Dada la insuficiencia de las fuerzas militares para impedir las correrías carlistas, se había decidido fortificar los principales pueblos de la comarca, empezando por Buñol, continuando por Chiva y acabando por Cheste. 

El castillo o fuerte de Buñol se abastecía de víveres cedidos por los pueblos vecinos. Así, con fecha 20 de diciembre de 1837, el alcalde de Turís aseguraba que, junto con Yátova, Macastre y Alborache, había entregado a dicho fuerte 600 libras de pan y otras tantas de carne.

El fuerte también recibía las municiones pertinentes e incluso se le dotó de un cañón, tipo obús, a instancias de Borso di Carminati. A principios de marzo de 1839, se creó una gran expectación en Buñol, cuando llegaron numerosas armas (destinadas a proteger el castillo) e incluso el citado obús, que se utilizaba, sobre todo, para avisar a la población de la proximidad de las facciones. Con el objeto de observar el paso del material de guerra, los vecinos se agolparon en calles, balcones y ventanas, desde donde victorearon a la reina y a la libertad. 

En menos de una hora, todos los pertrechos fueron descargados y subidos a la fortaleza. En un momento –dice la crónica periodística–, el obús fue conducido mediante sogas, al igual que los barriles de cartuchos para esta pieza de artillería, las granadas, los botes de metralla, las balas rasas y los juegos de armas. Se encargaron del transporte más de 200 muchachos de la localidad, quienes, durante el trayecto, iban cantando canciones patrióticas. Las mujeres, por su parte, iluminaban toda la subida. El entusiasta cronista concluía su informe con el siguiente aserto: «Si todos estuviesen poseídos de iguales sentimientos como Buñol y demás de la Hoya, muy luego la España se hallaría libre de la canalla que la devora».

Una vez el gobierno liberal se sintió seguro de su victoria sobre los carlistas, decidió limitar los puntos fuertes, pues el liberalismo conservador nunca perdió el recelo respecto a la milicia, bastión del progresismo. En este sentido, dio orden de demoler el castillo de Chiva y sus restantes fortificaciones, ante la incomprensión del pueblo y de la milicia que no opusieron resistencia alguna, pero «sufrieron el sonrojo de la demolición» y se resignaron a ella. No obstante, «el ayuntamiento, milicia nacional y mayores contribuyentes de Chiva dirigieron una exposición al gobierno quejándose amargamente de que han sido arrasadas aquellas fortificaciones». Eliminado este punto fuerte, sólo quedaba el castillo de Buñol, donde se dispuso la comandancia militar de toda la zona.

Carreras Candi alude al cañón del castillo en estos términos: «En esos últimos tiempos, hará unos 25 años, todavía tuvo su época de fama un cañón viejo y oxidado en lo alto del castillo. Lo dejaron allí desde la última guerra civil. Por entonces ya se sucedían las desdichas de la construcción: se vino abajo la escalera, y durante mucho tiempo fué imposible saber el estado de la obra; pero lo que más preocupó á las gentes fué lo qué sería del cañón famoso».

Federico Verdet Gómez
Director IEC La Hoya de Buñol-Chiv

Instituto de Estudios
Comarcales de La Hoya de Buñol-Chiva

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