
Que la Escuela Municipal de Teatro de Buñol forma parte imprescindible de la cultura de nuestro pueblo y que es una necesidad creo que es una opinión compartida por muchos. En la última muestra, Rafa Alarcón, director de la EMTB, hacía balance de todos estos años de trabajo y de lo mucho que nutre hacer teatro desde la infancia. La Escuela tiene una cantera en los coles de casi 100 niños y niñas, gracias también al trabajo de Ruth Lezcano y otros profesionales que acercan el teatro a las aulas.
Rafa lo comparaba con otras actividades, como el deporte: «El deporte está genial, pero el teatro también te enseña otras habilidades que te sirven para toda la vida y es un alimento para el alma». El bagaje de la Escuela es ya muy importante. Han pasado por ella muchos alumnos y alumnas en sus casi dos décadas de vida, desde la idea de nuestro querido Ximo Guarro y su respaldo institucional. La diversidad de los montajes ha sido enorme, con propuestas clásicas, contemporáneas y creaciones colectivas nacidas del propio alumnado.
Me gustaría recordar algunas de ellas: «Sueño de una noche de verano», una adaptación de Shakespeare; «Morir o no», de Sergi Belbel, con la que se innovó fusionando lenguaje audiovisual y teatral; «Descubriendo a Federico», con extractos de obras de Federico García Lorca; «Las visitas deberían estar prohibidas por el código penal», de Mihura; o «Cuatro corazones con freno y marcha atrás», de Jardiel Poncela. También las visitas teatralizadas al Castillo de Buñol, adaptadas para escolares. Y en los últimos años, «Si lo sé no me muero», de Yolanda Alarcón, también alumna de la escuela; «La última cena» o la ahora estrenada «La Empalmá Tonight», una propuesta basada en ideas del alumnado, con un original formato de propuesta escénica, divertida, reflexiva y también reivindicativa.
Antes de empezar la última muestra, Rafa comentaba que el objetivo de la Escuela no es dar claves para que los alumnos se formen profesionalmente, aunque pueda contribuir a ello. El valor de la EMTB va mucho más allá. Hacer teatro aporta habilidades fundamentales para la vida. Cuando comencé, tenía unos once años, y cuánto aprendí de mis compañeros mayores, entonces Amparo Tolosa y José Vicente Puché. Eso también es la Escuela: familia, convivencia y enriquecimiento mútuo entre personas que, por edad, quizá en otros ámbitos de la vida no compartiríamos tanto. Es mirarse a los ojos en tiempos de pantallas, sentir la energía del otro, transformarla y ser transformado, construir personajes con empatía, abrazar realidades distintas y descubrirnos también siendo mejores personas.
Acabo este artículo con un deseo: ojalá la Escuela tenga mucho recorrido por delante. Ojalá sepamos cuidarla, también institucionalmente, y valorar a quienes hicieron y hacen posible este proyecto de éxito colectivo. Porque cuidar la Escuela Municipal de Teatro es también cuidar una parte de la cultura, la educación y la identidad de Buñol.
Paco Moril
Actor y colaborador EMT