
Dije en el número anterior que «se venían cositas» pero no se viene nada, de momento, por lo que es de justicia cumplir con la palabra dada y continuar con la serie de los nombres jocosos y los entresijos del noble arte de «nominar» proyectos.
Dándole vueltas al artículo, y antes de entrar en lo estrictamente musical, un colega me dijo que en los campeonatos de fútbol sala también hay gran creatividad en los nombres, cosa que recuerdo vagamente de cuando hicimos un equipo llamado El Ejército de las Tinieblas (que menos un par que eran bastante maletas, los demás no teníamos ni idea de jugar… y llevar cubos de basura llenos de hielo y litronas no ayudaba). También me vino a la cabeza cuando allá los 90s dimos de alta un Club de Rol (no confundir con el Club de Rock).
En una época donde jugar al rol era deporte de riesgo, debido a la nefasta y abominable prensa española, en general, que demonizó los juegos de rol de una manera abyecta y vil, ultrajante y estulta, regocijándose en la más absoluta ignorancia, y bautizó a un criminal desequilibrado como «El asesino del rol» porque tenía un manual de Dungeons and Dragons1 por la estantería de su habitación, generando una psicosis en contra de estos maravillosos juegos y generando temor y odio entre muchísimos padres y madres que empezaron a ver a sus hijos e hijas como asesinos en potencia. Volviendo al tema (que no es el tema tema, jejeje), para poner nombre a este club de irredentos roleros decidimos meter palabras escritas en papelitos en sendas bolsas, mezclarlas, y que el azar nos diera el nombre mezclando los resultados.
Tras un primer intento, y durante unos segundos, el Club sin nombre pasó a llamarse Club de Rol «Virgilio Varona» (Qué cabrón el Vichi…), pero decidimos que no, tras unas buenas dosis de risas. Tras un segundo intento, y también durante unos segundos, el Club recibió legalmente el nombre de «La matanza de Juan», pero a Juan no le hizo mucha gracia y, tras su petición expresa, procedimos a un tercer intento, ya el bueno, y durante los años que duró esta aventura de asociacionismo rolero, nos llamamos «Club de Rol El Duendecillo Pestilente».
Volviendo al tema musical (o mejor dicho, empezando con el mismo), se quedaron bastantes nombres de grupos y canciones made in Buñol por comentar. A modo de fe de erratas, corregir que en número anterior cometí un error con la canción «La proposición», de Potxolitos de Pasión, ya que dije que la mencionada infusión se realizaba con un tampón, pero no, era con unas bragas y, subsanado el error, y siendo Potxolitos una formación muy similar a los ya antes citados El Pie de Satán (en clara referencia a La Oreja de van Gogh), me vienen a la cabeza los castellonenses El Ojo de Fabra2, grupo perseguido y amenazado precisamente por el nombre que, en un alarde de originalidad, se rascó las pulgas cambiando su nombre por Aerotuerto.
Cabría destacar a los archiconocidos y esperpénticos Larva Fecal, que consiguieron (seguramente sin pretenderlo) viralizar su exitazo Por el culo te voy a dar, que no es otra cosa que un arrebato del punk más abyecto y no por eso menos maravilloso.
Cuando empezamos Eduardo Vidal y yo, allá por 1994, de una manera más o menos seria y contando con una banda estable, todavía no éramos Chorra n´ Rock, ni mucho menos, comenzamos llamándonos L.A. Mugre, pero solo hicimos unos pocos conciertos con dicha nomenclatura. Hasta lo que entonces nos pareció una gran idea (los Chorran y tal) hubo otros intentos, algunos más serios, como Aquelarre (hay mil grupos que se llaman así y lo quitamos), o Valhalla (que no nos pegaba ni con cola), con los cuales hicimos alguna actuación, y luego hubo otros nombres en disputa que, por suerte, no los llevamos al directo, como fueron Parque Geriátrico (no mucho antes se estrenó la mítica película «Parque Jurásico», la 1, la buena), donde fantaseábamos con una coral de ancianos y ancianas desdentadas para nuestro primer LP; o coger la tipografía de Metallica, pero llamarnos Medallica, pero al final no, nos quedamos con Chorra n´ Rock… Lo de Medallica me recuerda a un grupo que se deja ver ahora por redes que se llama Medalla que, aunque el nombre no sea gracioso, sus letras satánicas anticapitalistas sí que lo son.
Y volviendo de nuevo a Buñol, y para acabar sin prácticamente haber dicho nada del tema principal, mencionar algunos grupos como Los Pelos del Culo, sobre los cuales desconozco si la nomenclatura responde a lo puramente literal o bien al chiste del señor asiático obligado al insomnio porque los ladridos de los perros de su vecino Curro le impiden dormir.
Otro grupo del que desconozco absolutamente su significado, si es que lo tiene (prometo enterarme para el Vol.3 de esta serie de artículos), es Abitigas Calumbrientos, los cuales no grabaron, que yo sepa (si alguien tiene una cochambrosa maqueta que la pase, que la digitalizamos).
Otro grupo, del cual sí que disponemos de material grabado, es pura carne de errata en cartel, y me refiero a Fracción del Jura, que viene sistemáticamente presentado erróneamente como Fracción del Cura, haciendo referencia su nombre original a la región del Jura (Suiza), que pudo separarse pacífica y democráticamente del cantón de Berna. Vamos, creo yo, que si no es así me pegarán collejas y saldrá una «fe de erratas», que para eso están…
También dejaron algo grabado grupos como Eva Braun (no hay más que decir, jajaja) o Minipimer Metaluxe, que se puede disfrutar (junto a Fracción del Jura) en la magnífica y sacrosanta recopilación de grupos buñoleros «25 años sin parar de gritar». Terminaré diciendo, al más puro estilo criminal de guerra bocazas: Quien no la haya oído, que la oiga.
Continuará…
1. Dragones y Mazmorras. Un juego de rol pionero y primario de inocente «mazmorreo», popularizado recientemente por la serie «Stranger Things».
2. En referencia al ojo que le falta a Carlos Fabra, político faccioso y empresario procesado por diversos delitos siendo presidente de la Diputación de Castellón.
Enrique Hernández Pérez
«Nombrador» aconfesional