Poner nombre a la criatura (vol. 1)

Ponerle nombre a un grupo musical es un acto de amor, es como hacerse una ficha para un juego de rol o maquearse la estética en un videojuego de samuráis. Es altamente satisfactorio y comunal, es lo más, pero es peligroso a veces, porque ponerlo es fácil, cambiarlo ya cuesta más, pero sin duda es de los momentos más trascendentales de un colectivo, sobre todo si no hay visos de profesionalidad, donde cuentan más las risas que otra cosa.

El otro día cayó en mis manos una lista de nombres de grupos en plan gracioso y/o estrambótico y, además, me acabo de leer un cómic de Azagra donde también se nombran algunos de estos y muchos otros, ya que, a lo largo de las décadas, la proliferación de grupos de nombre simpático e hilarante ha sido algo muy común en la cultura punk rock española.

En este listado aparecían bastantes grupos que sí que tienen obra (al menos un disco o maqueta) como Tarzán y su puta madre buscan piso en Alcobendas, Gambas con fimosis, Patatas fritas por el culo (estos me parecen especialmente buenísimos), Tu madre es puta, Cagando sin papel, Mari Cruz Soriano y los que afinan su piano (que luego serían Siniestro Total), Coito Nasal,  Kante Pinréliko, y una larga lista de nominaciones risibles.

A lo largo de mi existencia y en mi paso por todo tipo de lugares extraños, oscuros e irreverentes también me he encontrado con grupos o miembros de tan hilarantes bandas como Penetración Sorpresa, No las conoces, De Tangue, Agárrate a la brocha que me llevo la escalera, Los niños de la cuchara (vistos en La Navetta) o los ya más conocidos Gigatrón.

A la vista de tan excelsos títulos para grupos musicales, me vino a la mente que, en estas lides, Buñol no ha sido menos, ya que, en nuestro imaginario popular, ampliamente documentado, nos encontramos con una serie de grupos cuyas denominaciones no dejan de ser igualmente originales entre la simpatía y la hilaridad, entrando en la escatología y las referencias sexuales gamberras por la puerta grande. Una buena muestra de ello serían los míticos Pililas da metro que, aunque luego cambiara su nombre por Atila, nos dejaron su magnífica canción Follando con el Rock and Roll, que se puede escuchar en la increíble recopilación 25 años sin parar de gritar, donde hay temazos del rock buñolense.

Si seguimos hablando de penes, los Chorra n´ Rock dejaron el listón bien alto con sus dos maquetas (Qué dirán… y Chorra n´ Rock (o Maqueta Negra)) y dos discos (A trompicones y En peligro de extinción) aunque, bien es cierto que en estas obras el nombre ya no cuadraba demasiado con la música, ya que en un principio en este grupo tocábamos canciones más gamberras con connotaciones sexuales en las letras, como las nunca grabadas Tócame el rabo o Don Pijote de la Taca, entre muchas otras.

Luego hubo grupos que también crearon temas originales, aunque nunca llegaron a hacer conciertos en directo o no los grabaron, como El Pie de Satán (en clara contraposición a la Oreja de Van Gogh) con su tema Satán vive en la Calle Naranjil o los Potxolitos de Pasión con su tema La Proposición, donde se fantaseaba a hacer una infusión con un tampón usado (manzanilla de pasión); luego estaba el tema Me gustan los cubatas con delirio, aunque no recuerdo exactamente a qué grupo de los dos pertenece… Será por esa pasión desmedida por los antes citados bebedizos…

Es de justicia citar a los ínclitos y maravillosos Sikópatas en Libertad, responsables de la creación de himnos como Pijo hijo de puta o Si te aburres, mata gallinas. Muchísima clase y una calidad desmedida en una banda que con el tiempo se convertiría en El Púlper.

Si tiramos un poco hacia los años ochenta hay muchísimas y no puedo dejar de citar al Colectivo Suicida, Disminuídos Físicos y Los que faltaban.

Quedan muchos más, de los que hablaré en un Vol.2 de este artículo, ya que todavía queda mucha tela que nombrar y muchos nombres ante los cuales sonreír. Para hacerles justicia, seguiremos en unos meses, ya que, si todo va bien, el mes que viene habrá buenas noticias, pero no digo nada, que si no se gafa.

Enrique Hernández Pérez
Ha tocado en muchas movidas locas

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