
XXV ANIVERSARIO DE LA XARANGA LOS XINOS DE BUÑOL
En Buñol, la música no es solo una manifestación artística; es una forma de entender la vida. Forma parte de la identidad del pueblo, acompaña a varias generaciones y está presente en algunos de los momentos más importantes de su historia. En ese inmenso patrimonio musical, desde hace veinticinco años, hay una tradición que nació sin protocolos, sin actos oficiales y sin más pretensión que la de reunirse entre amigos para disfrutar. Una tradición que, con el paso del tiempo, ha terminado convirtiéndose en la auténtica banda sonora del comienzo de las fiestas patronales.
Así nació la Xaranga Los Xinos de Buñol. Este año se cumplen veinticinco años desde que un grupo de jóvenes músicos, la mayoría de Buñol y de la comarca, decidiera reunirse para hacer lo que mejor sabía: disfrutar tocando juntos. Corría el año 2001 cuando comenzaba una aventura que, sin pretenderlo, acabaría convirtiéndose en una de las tradiciones más esperadas del Viernes de Ferias.
Los primeros pasos de Los Xinos estuvieron ligados a las Fallas. La Falla Sainetero Arniches de Valencia fue el escenario de sus primeras actuaciones y, poco después, llegaría la Falla Sant Antoni de Aldaia, con la que la xaranga mantendría una estrecha relación durante más de una década. Aquellos años dejaron cientos de pasacalles, infinidad de vivencias y amistades que todavía perduran. Incluso puede decirse que la música hizo de celestina, porque de aquella relación nació algún matrimonio que hoy sigue formando parte de la gran familia de Los Xinos.Pero mientras la xaranga recorría las calles de Valencia y Aldaia, en Buñol estaba comenzando a escribirse otra historia. Una historia mucho más importante de lo que nadie podía imaginar.
Todo empezó de la forma más sencilla posible. Después de cenar juntos en la Venta Pilar, un grupo de amigos decidió no dar por terminada la noche. Alguien cogió un bombo, otro unos platos, aparecieron unos megáfonos y, entre canciones improvisadas, risas y mucho sentido del humor, emprendieron el camino desde Borrunes hasta la Feria. No había organización. No había repertorio. Ni siquiera había una actuación prevista. Solo existían las ganas de celebrar juntos el comienzo de las fiestas. Aquella noche nadie podía imaginar que estaba naciendo una tradición. Al año siguiente la idea se repitió, pero esta vez aparecieron algunos instrumentos de viento. Los primeros pasodobles comenzaron a sonar por las calles y aquella improvisación empezó a tomar forma. Sin darse cuenta, los músicos habían encontrado una manera diferente de vivir el Viernes de Ferias. Poco después las cenas pasaron a celebrarse en el Bar Rosales, en pleno corazón del ambiente festivo. Aquel cambio marcó un antes y un después. Las cuadrillas de amigos que cenaban alrededor empezaron a esperar la salida de la xaranga. Cada año se sumaban más personas. Lo que al principio despertaba miradas de curiosidad e incluso cierta incredulidad fue convirtiéndose poco a poco en uno de los momentos más esperados de la noche.
Y entonces ocurrió la magia. La improvisación dio paso a la ilusión por hacer crecer aquella tradición. Comenzaron los ensayos. Se escribieron arreglos exclusivos para esa noche. Se preparó un repertorio pensado únicamente para el Viernes de Ferias. Cada detalle empezó a cuidarse con el mismo cariño con el que se prepara una celebración familiar. Porque Los Xinos nunca han sido solo una xaranga. Han sido, y siguen siendo, un grupo de amigos unidos por la música, por la amistad y por un sentimiento de pertenencia que ha sabido resistir al paso del tiempo. Aunque la vida haya llevado a muchos de sus integrantes a vivir lejos de Buñol, todos saben que hay una fecha marcada en el calendario a la que resulta imposible faltar. Hoy la tradición comienza incluso antes de la cena. La Xaranga Los Xinos parte de la plaza de Diputación y recorre la avenida del País Valenciano y la calle del Cid hasta el antiguo quiosco de Juanjo, anunciando con su música que Buñol está a punto de comenzar su semana más especial. Vecinos y visitantes salen a su encuentro, saludan a los músicos y acompañan los primeros compases de una noche que ya forma parte del patrimonio emocional del pueblo. Después llega la cena. Los abrazos. Los reencuentros. Las historias que quedaron pendientes desde el año anterior. Porque el Viernes de Ferias es mucho más que una actuación: es el día en que Los Xinos vuelven a casa. Y cuando cae la noche comienza el momento más esperado. El pasacalle recorre las principales calles de Buñol acompañado por cientos de personas. Ya no es solo la xaranga quien interpreta la música. Todo el pueblo canta, baila, ríe y hace suyo cada pasodoble y cada charanga. La música deja de pertenecer a quienes la interpretan para convertirse en patrimonio de todos. El recorrido culmina frente al Ayuntamiento, donde la alegría da paso a la emoción. Tras la interpretación de varias piezas festivas llega uno de los instantes más solemnes de toda la noche: el Himno de Buñol. Desde la puerta y el balcón del Ayuntamiento, la plaza se llena de emoción y de orgullo compartido. Es un momento que une a varias generaciones y que, para muchos buñoleros, simboliza el verdadero comienzo de la semana grande de las fiestas.
Quizá sea imposible resumir en unas pocas líneas todo lo vivido durante estos veinticinco años. Porque cada edición deja nuevas historias. Cada músico guarda recuerdos diferentes. Cada vecino tiene una fotografía, una anécdota o una canción que le transporta a un Viernes de Ferias concreto. No es casualidad que el lema elegido para celebrar este XXV aniversario sea «Viernes de Ferias, una noche, mil historias». Porque la gran anécdota no es una sola. La gran historia es la propia noche. La de los amigos que vuelven a encontrarse después de meses sin verse. La de quienes crecieron tocando juntos y hoy regresan con la misma ilusión que cuando eran adolescentes. La de los niños que hace años miraban pasar la xaranga desde la acera y que hoy la esperan con la misma emoción con la que esperaban la llegada de los Reyes Magos. La de un pueblo entero que ha hecho suya una tradición nacida, sencillamente, de la amistad.
Los Xinos nunca buscaron convertirse en protagonistas de las fiestas. Solo querían disfrutar haciendo música juntos. Pero, sin darse cuenta, acabaron regalando a Buñol uno de esos momentos que ya nadie concibe de otra manera. Ese es, probablemente, el mayor orgullo de todos los que alguna vez han vestido la camiseta de la xaranga: comprobar que aquello que empezó casi como una ocurrencia entre amigos se ha convertido en una tradición compartida por todo un pueblo.
Dentro de muchos años, cuando alguien pregunte cómo empezó todo, probablemente nadie recuerde quién cogió primero el bombo, quién llevó aquellos megáfonos o quién tocó la primera nota. Lo que sí recordará Buñol es que, desde hace veinticinco años, cada Viernes de Ferias tiene una banda sonora. Y esa banda sonora lleva un nombre: Los Xinos.
David Cuenca Lacruz
Co-fundador de Los Xinos