Ante la cuestión migratoria, ¿tú, qué eliges ser?

Hace tiempo que quería poner por escrito una reflexión que guardo siempre para aquellas situaciones -por desgracia cada vez más frecuentes- en las que alguien hace algún comentario acerca del «peligro» que suponen las «oleadas» de migrantes que llegan desde África ya sea en patera, a nado o despellejándose la piel en las afiladas concertinas de las vallas de la frontera Sur en Melilla o en Ceuta. Una reflexión que desmonta punto por punto el discurso emitido y repetido hasta la saciedad desde la derecha extrema y la extrema derecha política y mediática y comprado y tragado sin anestesia por cada vez más personas que, en sus miedos cotidianos, incertidumbres y preocupaciones legítimas acaban por culpar de todo al migrante (a poder ser racializado), chivo expiatorio y enemigo construido a propósito por quienes sirven a los verdaderos culpables de los diferentes motivos -con una raíz compartida-  que llevan a mucha gente desesperada a arriesgarse a lanzarse al mar, básicamente porque en sus territorios el peligro es todavía mayor.

Como digo, tengo siempre una reflexión a mano cuando vuelven recurrentemente estos comentarios culpando a la migración de todos los males que solo el capitalismo y los monstruos que crea ha generado y genera a diario y que afectan a la gran mayoría de las personas, empezando por las más castigadas que precisamente son las que se ven forzadas a migrar fundamentalmente para salvar la vida. Y es que el instinto de supervivencia inherente e inseparable de la condición humana es algo que no podemos sacudirnos como si fuera una mosca.

Hoy, tras el último y trágico episodio acontecido (han muerto 144 PERSONAS) hace ya dos semanas en la playa del Tarajal en la ciudad autónoma de Ceuta, se siguen publicando cientos de miles de posts en las Redes (in)Sociales que rezuman odio, racismo y supremacismo y que incitan en algunos casos a «cazar» a personas que por otro lado han sido enviadas a la muerte por el rey de Marruecos, un sátrapa amigo de la Monarquía española que aliándose con el imperio genocida yankee-sionista, ha decidido que quiere hacer suyas las dos ciudades autónomas españolas que quedan en el continente africano. Pero los rastreros y oscuros movimientos geopolíticos que han propiciado la llegada repentina y masiva de decenas de miles de personas a Ceuta darían para otro post y no es ese el proposito de este texto.

Cuando alguien recurre a estos comentarios tremendamente equivocados, siempre le digo que si realmente tiene miedo, le preocupa o directamente le molesta que entren en su país de forma irregular* personas que huyen de las guerras, de los genocidios, de la miseria económica de sus países o de zonas ya inhabitables por el caos climático ),  solo hay tres salidas posibles, todas ellas diferentes, cada una de ellas con unas implicaciones sociales y un trasfondo ético y moral que acaba por definirnos como personas.

La primera de las salidas referidas a la cuestión migratoria -algunos le llaman «crisis» migratoria- tiene que ver con asumir que nosotras, las personas que habitamos los países del Norte Global, lo queramos o no, tenemos una deuda contraída con buena parte de los países del hemisferio Sur -fundamentalmente africanos, asiáticos y latinoamericanos- ya que nuestro modo de vida imperial ha sido y sigue siendo posible a costa de la miseria socioeconómica y el robo masivo de los recursos naturales de estos paises: es la empatía, la solidaridad y la justicia reparativa. Desde esta toma de conciencia de que nosotras vivimos con las principales necesidades garantizadas (luz, agua, techo y tres comidas al día) mientras nuestros vecinos del Sur malviven o mueren directamente como consecuencia de la tremenda desigualdad que el sistema que padecemos genera es, en mi opinión, aplicar la justicia social y compartir espacio con aquellas personas que necesitan salir de sus lugares de origen por las razones anteriormente mencionadas. En Europa hay sitio para todas aquellas personas, entre ellas nuestras vecinas africanas, cuyas vidas corren serio peligro o ya no pueden vivir con un mínimo de dignidad. Nuestro país, en concreto, tiene un territorio enorme despoblado al que buena parte de estas personas volvería a dar vida. Por no hablar de los saberes, experiencias y formas de resiliencia que podrían aportarnos las gentes que están acostumbradas a vivir en entornos y situaciones extremas como las que nos vamos a encontrar en el futuro más próximo que por desgracia nos espera. No quiero que parezca que las gentes de a pie somos las culpables de todo esto. Al camionero que conduce 12 horas todos los días y vuelve a casa reventado de la espalda por un sueldo de miseria o a la Camarera de Hotel que limpia y prepara habitaciones por 4 € la hora, no se les puede pedir que renuncien a nada. Es a las clases super ricas cuyas empresas cotizan en el IBEX-35 a las que hay que pedir responsabilidades en el reparto desigual de la riqueza y a la vez en los impactos ecónomicos, sociales y ecológicos que generan en los territorios de los que provienen las PERSONAS migrantes.

La segunda de las posiciones que podríamos tomar ante los miedos que nos han inducido por la llegada de PERSONAS migrantes a nuestros países del Norte Global es luchar activamente en nuestros países para que toda esa gente que cada vez más a menudo se aventura a morir en el intento de llegar a nuestras cosas no tenga la necesidad de hacerlo. Dejar de expoliar sus territorios y recursos naturales, dejar de armar a dictadores, caudillos y grupos terroristas que permiten el latrocinio y la apropiación de las riquezas por parte de multinacionales del Norte Global, ayudaría muchísimo a esto. Sin embargo, esta pelea, si fue mínimamente plausible hace unas décadas, es hoy casi imposible de contemplar ya que las condiciones económicas, ecológicas, climáticas y sobre todo geopolíticas que tenemos en la actualidad no permiten imaginar un escenario en el que un movimiento global fuerte consiguiera un cambio significativo en el sistema actual para permitir una redistribución justa de la riqueza, una reparación histórica desde el Norte al Sur, una descolonización total de los territorios ocupados física y económicamente de las naciones del Sur Global y un abandono definitivo de las injerencias en sus procesos políticos y electorales para dejarles autonomía propia. Hoy, en medio de las guerras por recursos iniciadas por Trump y los genocidios coloniales en curso en la Palestina y el Líbano ocupados por Israel, parece casi una quimera pensar en esto. Si hubiéramos iniciado este proceso hace 40 años, muy probablemente no tendríamos que lidiar con los flujos crecientes de inmigración que hoy a cada vez más gente le causan preocupación, cuando no rechazo. No soy ingenuo. Esta opción, incluso hace décadas suponía renunciar a privilegios históricos propios del colonialismo Norte-Sur, que no se si estábamos preparadas para asumir entonces. Pero en el contexto actual, con los preocupantes niveles de individualismo, egoísmo y falta de empatía multiplicados por la basura que tragamos en las Redes (in)Sociales, resulta poco menos que una utopía. Por si fuera poco, hay una de las razones por las que cada vez más gente se está viendo obligada a migrar y que por desgracia ya no está en nuestra mano solucionar; es el caos climático derivado de un calentamiento global desbocado, y generado en su mayor parte por las gigatoneladas de CO2 que emitimos a la atmósfera mayoritariamente y a diario los paises ricos del Norte Global. Quemando indiscriminadamente todos los combustibles fósiles que hemos ido encontrando y que tardaron millones de años en formarse, hemos puesto en peligro a las generaciones presentes y sobre todo a las futuras, empezando por las zonas subtropicales que, sin tener responsabilidad alguna en este proceso, han sido las primeras afectadas por las consecuencias derivadas de esta crisis climática que amenaza a futuro la posibilidad de vida humana y no humana en la Tierra.

Por último queda «la salida» que desde las élites económicas y políticas y por tierra, mar y aire,  nos han dicho que es la única, la natural y la más eficiente para preservar nuestro modo de vida occidental y es la militarización masiva de todas las fronteras para, llegado el caso, disparar a matar con el único objetivo de impedir que los flujos de PERSONAS que huyen para salvar su vida, puedan soñar con una vida fuera de los infiernos que viven y que en buena medida, nuestros países han creado. El asesinato masivo de PERSONAS cuyo único delito es intentar sobrevivir es, junto al colonialismo sangriento y genocida del Estado de Israel, la forma de fascismo más cruenta, sádica y deshumanizadora que nuestra especie ha podido construir. Si acabamos comprando esta opción como «la solución final» a problemas estructurales del sistema que nos oprime -y que nada tienen que ver con la inmigración-, las masacres perpetradas en nuestras fronteras en nombre de la «seguridad», la «soberanía nacional» o el «control de las invasiones migratorias» no serán las únicas. Porque en un futuro no muy lejano en el que el caos climático va a provocar que muchas zonas de nuestro país sean inhabitables y nos veamos obligados a ser ELL*S, l*s nuev*s migrantes, pasaremos de ser espectadores de la barbarie a víctimas de ella y en los pirineos franceses nos estarán esperando con las ametralladoras encima de muros y alambradas, a la manera de las que hemos levantado en esta Europa fortaleza copiando al «amigo americano» también en su frontera Sur.

En definitiva, y por recapitular y sintetizar las tres posibles salidas; la primera y la segunda no son excluyentes sino que pueden -y deberían- ser complementarias para tener alguna posibilidad de funcionar. Y la tercera, que en mi opinión NO es una salida sino una catástrofe, es la que intentan imponernos. Y parece que poco a poco lo están consiguiendo.

Ahora solo queda que tú, LECTOR/A, decidas que quieres hacer ante esta cuestión:

A). ACOGER, COMPARTIR ESPACIO. SER SOLIDARIO/A

B). REPARTIR, REDISTRIBUIR LO QUE HAY ENTRE TOD*S.

o

C). JUSTIFICAR LA MATANZA Y LA ELIMINACIÓN DE CADA VEZ MÁS GENTE INOCENTE. (Sabiendo que tarde o temprano serás tú el siguiente).

Dependiendo de lo que elijamos hacer, tendremos alguna posibilidad de ser aquello que nos define como humanos, o nos convertiremos en la peor versión fabricada a imagen y semejanza de los monstruos a los que sí deberíamos temer y a los que estamos obligad*s a combatir. Elegir es tomar partido pero no hacerlo, también.

José Guerrero Moliner
tomalapastillaroja

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