Cien años después, seguimos quitándonos el corsé

Hace cien años se inauguró en Madrid el Lyceum Club Femenino, un espacio creado por y para mujeres donde se debatía, se compartían ideas, proyectos y conocimientos. Una asociación de vanguardia que rompió con muchos de los esquemas de la sociedad de su época.

Y precisamente por eso fueron señaladas. Las llamaron de todo: destructoras de familias, antipatriotas, masonas… Todo por querer ser libres y desprenderse de los corsés que la sociedad les imponía por el simple hecho de ser mujeres. Por allí pasaron mujeres como María de Maeztu, Victoria Kent, Zenobia Camprubí, Maruja Mallo, María Zambrano o Margarita Manso. Mujeres que se atrevieron a ocupar espacios que hasta entonces parecían reservados a los hombres y que defendieron el derecho de las mujeres a pensar, crear, debatir y decidir sobre sus propias vidas. Aquella libertad incomodaba. Tanto, que en 1939, tras la llegada de la dictadura franquista, el Lyceum Club Femenino dejó de existir. Un siglo después, la exposición «Lyceum Club Femenino», organizada con motivo del centenario de su fundación, recupera su historia y nos permite acercarnos a aquellas mujeres que se atrevieron a desafiar lo establecido. La muestra puede visitarse hasta el 22 de enero de 2027 en la Fundación Ortega-Marañón, en la antigua Residencia de Señoritas (Fortuny, 53, Madrid). 

Algunas de ellas también formaron parte de lo que conocemos como «Las Sinsombrero». Se quitaron el sombrero en la Puerta del Sol como un gesto simbólico de rebeldía frente a las convenciones sociales. Recibieron insultos e incluso pedradas. Un gesto tan sencillo como descubrirse la cabeza podía convertirse en una provocación cuando quien lo hacía era una mujer. Y cien años después, aunque hemos avanzado muchísimo, todavía encontramos algunos de aquellos corsés, quizá más sutiles, pero igualmente presentes.

A una mujer que decide no llevar sujetador todavía se la puede mirar con extrañeza o incluso con una mirada sexualizada que acaba haciéndola sentirse incómoda con su propio cuerpo. Una mujer que decide no depilarse puede ser considerada rara o descuidada, cuando el vello es simplemente algo natural.

Y septiembre es otro buen ejemplo. Seguimos siendo mayoritariamente las mujeres quienes llevamos a niñas y niños al colegio, quienes pedimos días de vacaciones o permisos para afrontar las semanas de adaptación, quienes recibimos la llamada del colegio cuando surge algún problema y quienes, en muchos casos, seguimos ocupándonos de todo lo relacionado con la vida escolar de nuestras hijas e hijos.

Hemos avanzado, sí. Pero todavía quedan muchos estereotipos por romper y muchas responsabilidades que repartir. Quizá por eso merece la pena visitar esta exposición. Para conocer a aquellas mujeres, pero también para beber de sus aires de rebeldía, libertad e independencia. Porque hace cien años ellas se atrevieron a quitarse el corsé. Y quizá cien años después nos toque a nosotras terminar de quitárnoslo.

Silvia Calvo Hernández
Miembro del MDM Buñol

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