
Hola seriéfilos y seriéfilas. Nos vemos una vez más en este pequeño espacio para hablaros en esta ocasión de la ficción animada. Desde hace ya bastante tiempo se está creando contenido animado para adultos y adultas de muchísima calidad que, como la ficción de imagen real, nos sirve para contarnos igual de bien historias más que interesantes en formato televisivo.
Acostumbradas a asociar la animación con el contenido infantil, todavía hay mucha gente que no ha descubierto un género, el de la animación para adultos, que renueva de forma magistral el género de ficción con muchas más posibilidades técnicas de recrear mundos fantásticos que en imagen real serían técnica y económicamente imposibles de llevarse a cabo.
En primer lugar me gustaría recomendaros Por cuatro perras, la tercera serie que el creador de cómics e historietista italiano Zerocalcare ha hecho para Netflix después de sus dos anteriores éxitos (Cortar por la línea de puntos y Este mundo no me hará mala persona), de los que ya os hablé aquí hace un tiempo. Esta serie autoconclusiva en ocho episodios va muy en la línea de las dos anteriores, es decir, con el propio autor contándose a sí mismo a través de su voz en off en el que aparece constantemente su conciencia en el personaje de un armadillo que va cuestionando cada una de sus decisiones, de sus dudas y conflictos internos a medida que se los va encontrando. Si en Cortar por la línea de puntos exploraba su historia personal recordando las diferentes etapas de su vida hasta la adultez, y en la magistral Este mundo no me hará mala persona nos hablaba de los problemas sociales en su barrio de toda la vida, en Por cuatro perras nos encontramos a un Zerocalcare ya en sus cuarenta abriéndose en canal en un proceso paulatino en el que su núcleo de amigas y amigos más íntimos y los problemas a los que se enfrentan cada uno de ellos y ellas son parte de una historia compartida que le hace reflexionar constantemente sobre sentimientos que siempre intenta postergar. Temas como los cuidados, la amistad, el apoyo mutuo o la violencia machista, la desigualdad social y el bullying están presentes durante toda la serie con la que este autor, una vez más, nos hace pensar y pensarnos; algo de lo que últimamente andamos faltos. No os la perdáis.
También quiero recomendaros Efectos secundarios, una serie del año pasado que tuvo mucho éxito pese a pertenecer a un género aún poco conocido, como es la animación para adultos. Esta es una serie inclasificable. A medio camino entre el thriller, el drama y por momentos la comedia absurda, nos presenta a Marshall, un antiguo trabajador de un laboratorio que ha desaparecido del mapa hastiado de su trabajo y del mundo. Tras descubrir en un lugar perdido un hongo que tiene las propiedades de curar cualquier enfermedad, se lo contará a Frances, una antigua compañera de universidad que ahora trabaja para una multinacional farmacéutica, y ambos serán víctimas de una frenética persecución a dos bandas para apropiarse del descubrimiento y silenciarlo. Con un ritmo inquietante, esta trama conspirativa combina la tensión narrativa, personajes pasadísimos de vueltas y una ingeniosa y excelente animación para contarnos algo que podemos observar en nuestras vidas a poco que pensemos; las grandes multinacionales farmacéuticas no son empresas cuyo principal objetivo sea el bien de la humanidad sino el puro y duro negocio. Si para ello necesitan silenciar fármacos o remedios que podrían curar definitivamente algunas de las enfermedades que nos afectan, lo hacen en la mayoría de casos para comercializar sus propios medicamentos que en el mejor de los casos solo alivian la enfermedad cronificándola para poder vender sus productos durante todo nuestro proceso vital. Por esta razón, Efectos secundarios es una apuesta valiente que toca temas que muy pocos productos televisivos se atreven a tocar. Y lo hace con una mezcla de seriedad, momentos desternillantes y un dúo protagonista con una química especial que te engancha hasta el último episodio. Está renovada por una segunda temporada.
Para acabar quiero hablaros de Arcane: League of Legends, una serie –de momento– de dos temporadas que solo toma de su sobrenombre algunos personajes del conocido videojuego, pero que tiene su propio recorrido argumental. Precisamente por la libertad que se toma combinando estos personajes, logra un resultado muy personal que tiene una calidad narrativa unida a una animación de una calidad artística sobresaliente. Del estudio creativo Riot Games, Arcane nos presenta una trama en un mundo fantástico de estética ciberpunk que discurre entre la opulenta ciudad de Piltover con su clase aristocrática y el suburbio underground, deprimido y abandonado de Zaun. La tensión entre ambos mundos aumenta debido al descubrimiento en Piltover de una nueva tecnología, que permite a cualquiera controlar la energía mágica. Por otro lado, hay una nueva droga en Zaun llamada ‘Shimmer’, que transforma a los humanos en monstruos. La rivalidad que existe entre las dos ciudades es una perfecta metáfora de la actual lucha de clases. Una guerra que hoy siguen librando los megarricos technoBros junto a dirigentes psicópatas que están pudriendo el planeta contra la mayoría de la población mundial. La diferencia con la serie es que sus personajes tienen claro en todo momento a qué clase pertenecen y qué defiende cada uno, pero en el mundo que vivimos hoy, cada vez más personas se identifican con sus opresores. Y esa es la tragedia. Ojalá ver productos tan buenos como Arcane puedan ayudar a salir de tremenda confusión. Nos va la vida en ello.
Hasta el próximo episodio.
Jose Guerrero Moliner
aFICCIONado