Después de Navidad el juego continúa

 

Y sin darnos cuenta llegamos a febrero. Atrás dejamos las comidas familiares, cenas de empresa, quedadas con amigos y amigas. El árbol de Navidad y los adornos ya están guardados en sus cajas hasta el próximo año. Sin embargo, sí hay algo que aún permanece un mes después, los juguetes siguen formando parte de la vida familiar. 

Y es ahora, cuando la emoción de las fiestas se ha calmado, un buen momento para detenernos a analizar qué juguetes dejaron Papa Noel y los Reyes para los y las más pequeñas de la casa. Si nos fijamos con atención, muchos de los juguetes siguen reforzando estereotipos que creíamos superados. Las niñas con sus cocinitas, muñecas, juegos de cuidados y limpieza y los niños sus coches, juegos de construcción y de acción… Nosotras a cuidar y a estar tranquilitas y en silencio, ellos a divertirse con ruido y movimiento. 

Y estas divisiones que siguen muy presentes hoy en día nos hablan de cómo la sociedad continúa asignando roles distintos a niñas y niños desde edades muy tempranas. Porque el problema es que los juguetes no son objetos para pasar el rato, sino que está demostrado que a través del juego imitamos desde bien pequeñas el mundo que nos rodea y ensayamos qué seremos al crecer. A través del juego se ensayan roles adultos, se imita lo que se ve y se construye la identidad. 

Por ello, cuando a las niñas les regalamos mayoritariamente juguetes relacionados con el cuidado o la belleza, se refuerza la idea de que su papel estará ligado a esos ámbitos y, del mismo modo, cuando los niños reciben, sobre todo, juguetes de acción o competencia, se les anima a ser activos y dominantes, olvidando emociones como el cuidado o la empatía. O, dicho de otra forma, unas aprenden a cuidar y otros entrenan la resolución de problemas o capacidades técnicas.  Y es importante mencionar que estas diferencias no responden a capacidades innatas, sino a expectativas sociales. Expectativas que con el paso del tiempo influirán en los intereses y en las habilidades que cada cual desarrollará en el futuro. 

Afortunadamente, cada vez más familias se cuestionan estos estereotipos y también van surgiendo iniciativas y campañas que promueven juguetes inclusivos. Y esto no implica prohibir muñecas, coches o cocinitas, sino permitir que cualquier niño o niña puede disfrutar de ellos sin juicios ni restricciones. Combatir el sexismo en los juguetes no significa prohibir, sino todo lo contrario. Significa dar a niñas y niños la libertad de imaginarse de muchas formas distintas, sin que su género determine su manera de jugar y entender el mundo que les rodea. Ahora, una vez pasada la Navidad, es un buen momento para observar con calma y reflexionar. Tenemos todo un año por delante para cuestionar y aprender. Y también, claro está, para pensar qué juguetes escribiremos en nuestras carta las próximas fiestas. 

PEQUEÑOS GESTOS PARA UN JUEGO SIN SEXISMO

– Escucha y observa, permitiendo que niñas y niños expresen sus emociones sin juzgarlas. 

– Ofrece variedad, combinando juguetes de construcción, de creatividad, de cuidado y simbólicos sin importar el género. 

– Da ejemplo, ya que las familias también transmitimos valores con nuestras actitudes. 

– Evita comentarios que limiten, como decir «ese juego es de chicas/os». 

– Permite el juego libre, sin dirigir ni corregir cómo se juega.

MDM Buñol
Movimiento Democrático de Mujeres

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