
Íbamos a hablar en su día
de un comercio necesario
horno y panadería
pues lo comemos a diario.
Nuestros antepasados
no lo montaron tan mal
en cada pueblo adosado
había un horno comunal.
Todas las personas sanas
se ponían bien a amasar
pan para toda la semana
poco a poco así gastar.
Muchos hornos en Buñol
tenían aquella reseña
antes de ponerse el sol
ya estaba ardiendo la leña.
De Monedi a Pardenillas
leña de monte bajo
que le llamaban fornilla
y para el horno muy majo.
Para dar calor refractario
y así poder cocer o guisar
el pan y pasta a diario
y algo que cocinar.
Un montón sí que había
pues no solo hacían pan
menos que carnicerías
pues este era otro plan.
El pan de toda la vida
las pastas tradicionales
cocían también comida
y platos muy especiales.
La panadería llena
pastas dulce o salao
pan de leche y Viena
y uno que llaman sobao.
Limpio de todas ascua
y casi por el mes de abril
las monas de Pascua
hacían por lo menos mil.
Y el horno a medio gas
siempre aquí los ha habido
los panes y rollos de San Blas
siempre estaban bendecidos.
Unas tortas muy majas
para después de la siesta
los bollos de las tajás
pa comerlos en fiestas.
Variedad ha habido
lo digo de corazón
pues desde embutido
hasta tajás de jamón.
Había una torta muy fina
que era una pasada
era la torta de sardina
resultaba muy salada.
Y no seas también listo
que la cosa ya te pilla
ese relleno de pisto
para las empanadillas.
Os seré muy sincero
aunque diera la lata
paletillas de cordero
y unas buenas patatas.
Una grandiosa propuesta
y sin contar algún rollo
la paletilla era para fiestas
lo mismo que le pasa al pollo.
Aunque cuesta un rato
antes de hacerme pis
los pasteles de boniato
y los rollicos de anís.
Tanto dulce como salao
contando bien la peseta
desde el rollico careao
a unas buenas rosquilletas.
Y me daréis la razón
comida de primera
patatas con pimentón
o simples asadas enteras.
Los hornos valían la pena
cocina sencilla y sin adorno
cebolla, pimientos y berenjena
y hasta hacían arroz al horno.
En cazuela ya de barro
garbanzos, costilla y arroz
caldo el doble en un jarro
y para sacarlo a las dos.
Una anécdota de primera
escuchando ya la voz
el caldo en una lechera
para añadir al arroz.
Aunque cosas he dejado
pues del horno a tu casa
era el arroz paseado
hasta la mismísima plasa.
Y se acabó ya esa cruz
de pasarlo por la plaza
pues horno de gas y luz
lo cocinamos en casa.
Juan Manuel Aparisi Ortiz
Farmacéutico y licenciado en derecho