Los ripios de Aparisi: carniceros (continuación)

No estuve muy fino

y se me olvidó una cosa

carnicería de equino

de un tal Espinosa.

Perdonad este fallo

 no recordó mi mente

la carne de caballo

apenas comía la gente.

Y sin haceros un feo

disculpa os pido

fue mi amigo Eliseo

 me recordó el olvido.

Continuo con la narración

siguiendo la misma vía

después de pedir perdón

 el tema de la carnicería.

Una actividad viva

valientes y muy sinceros

era la Cooperativa

de Buñol, «Los carniceros».

Aunque no había abundancia

y se solucionaban los males

usaban una antigua ambulancia

para transportar las canales.

Lo exigía Sanidad

y de esto yo me río

pues a decir la verdad

no tenía ni frío.

  Y os seré muy sincero

olé ya su cajones

el tío Baoro «el Setaguero»

era chófer de camiones.

Las mujer y los chavales

época de poco dinero

traían la sangre en pozales

procedentes del matadero.

Antes de repartir «el Setaguero»

y sin decir lo que yo escojo

 a hombros se traían los corderos

con un trapo blanco y rojo.

Y ante la mirada de los ojos

llevaban ya lo sagales

un par ya de posales

con la sangre y los despojos.

Tenían mucha maña

para que a toda canal

le pusieran una  caña

para oreo del animal.

 Personaje del matadero

uno de los mas fieles

es el tío pellejero

que viene a por las pieles.

Hacían un buen papel

se encargaban de la piel

alacaide el Juan Manuel

y siempre con su  padre, fiel.

Pelado el animal

y tanto como hubiera

se les ponían capa de sal

para que se mantuvieran.

Limpian también intestinos

los mejores elegidos

de cordero y de gorrino

para preparar embutido.

Otra faena de lebrillo

y también muy asquerosa

blanquear tripas y arbillos

a mano o con salsosa.

Y daba muy mala gana

y os seré ya muy sincero

limpiar y quitar la lana

de las patas del cordero.

Ya se terminó, una pena,

ese ambiente tan cordial

pues pusieron las cadena

y no dejan respirar.

Haciendo la carne trizas

y metiéndola en las tripas

morcillas y longanizas

de una calidad que flipas.

Sangre, cebolla y tocino

mezclado en una vajilla

se hace un embutido divino

al que le llamamos morcilla.

Y seguro que resolla

morcilla yo tengo dos

que la quieres de cebolla

o te gustan las de arrós.

 Pa poner el culo gordo

con sangre y con tocino

te hacen un sangregordo

que resultaba divino.

Poniendo las ilusiones

y servidos en bandeja

de carne botifarrones

que metían hasta la oreja.

Sin al fuego echar leña

y sin hacerme ilusiones

también hacían las güeñas

con vísceras y con pulmones.

Esta tradición ha ido muy mal

poco a poco ha terminado

pues cambió lo manual

por los platos preparados.

Y aquella carnicería viva

la cerraron de verdad

se fueron a la deriva

por cambio de mentalidad.

La calidad que nos han dado

y ahí sí que bien se te pilla

no es lo mismo supermercado

que la Susi o Pajarilla.

Juan Manuel Aparisi Ortiz
Farmacéutico y licenciado en derecho

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