
Buñol ha demostrado una vez más que es un pueblo capaz de unir sus voces frente a las injusticias. La participación creciente en el Certamen Literario de Relatos Cortos y la reciente coordinación de asociaciones locales y comarcales para poner en marcha, casi contra reloj, la «1ª Semana de la Inclusión», reflejan un espíritu colectivo dispuesto a avanzar. Son logros que hablan de un tejido social vivo, comprometido y con una sensibilidad que pocas localidades pueden reivindicar con tanto orgullo.
Sin embargo, este impulso ciudadano no puede ocultar una realidad incontestable: sin una apuesta decidida de las instituciones públicas por la integración, cualquier esfuerzo corre el riesgo de diluirse en una foto o en un titular efímero.
La integración no se improvisa, ni se sostiene únicamente desde la buena voluntad. Requiere inversión, continuidad, técnicos especializados y presupuestos protegidos frente a los recortes.
Los ayuntamientos, como administración más cercana, tienen la responsabilidad ineludible de garantizar recursos estables, reclamar mayor financiación a las instituciones superiores y coordinarse con municipios vecinos para ampliar servicios. Solo así podremos asegurar condiciones de vida dignas y equitativas para todas las personas, especialmente aquellas con necesidades especiales o en situación de vulnerabilidad.
Una tradición progresista que no se debe olvidar
Buñol no parte de cero: su historia reciente está marcada por decisiones valientes y pioneras. Desde los años 80, el municipio apostó por la salud mental cuando aún no era un tema central en la agenda pública. Se reclamó con firmeza la presencia de psiquiatría en el ambulatorio y se asumieron, con recursos propios, servicios de atención psicológica escolar. A ello se sumó la creación de uno de los primeros servicios de planificación familiar en toda la red sanitaria, un salto adelante que solo fue posible gracias a gobiernos progresistas y de pensamiento avanzado.
Más tarde, el Ayuntamiento consolidó esta línea con la creación de Vía Libre y la Casa Tutelada, referentes para personas con necesidades especiales. La puesta en marcha del autobús urbano supuso otro paso decisivo para mejorar la accesibilidad y la cohesión interna del municipio. Y «El Hogar», con décadas de servicio, es quizá el ejemplo más duradero de ese espíritu solidario y de acogida que define a Buñol.
Invertir para integrar: un compromiso irrenunciable
Es incuestionable que mantener servicios públicos sólidos implica un coste. Pero también es cierto que estas políticas forman parte de la identidad progresista de Buñol. La integración no puede reducirse a un gesto de marketing ni a una foto políticamente correcta: se construye con recursos, planificación y voluntad política.
Para 2026 deseamos que los servicios públicos no solo se respeten, sino que se financien como merecen y se reconozca su valor esencial para la vida cotidiana. Como mujeres, deseamos seguir vivas, no ser tratadas como colectivos marginales ni sufrir más acosos. Pero, sobre todo, deseamos que ninguna madre vuelva a ver morir a sus hijas e hijos, y que todas puedan ofrecerles unas condiciones mínimas para crecer en dignidad. Y extendemos este deseo a un horizonte global: que el año 2026 nos acerque a una Palestina libre, libre del yugo que Israel impone, y a un mundo en el que la justicia social, la igualdad y la paz dejen de ser un ideal para convertirse en una realidad cotidiana.
MDM Buñol
Movimiento Democrático de Mujeres