9 d’Octubre. Festa nacional dels valencians.

JAUME I

Hijo de Pedro II el Católico y María de Montpellier, Jaime I vivió unos primeros años de vida difíciles, viviendo junto con los caballeros templarios en el castillo de Monzón. Durante los primeros 15 años de su reinado tuvo diversas luchas contra la nobleza aragonesa. Una vez asentado en el trono y tras las conquistas de Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera, en 1232 comienza una serie de conquistas por la zona levantina que le encaminarán a la conquista de la ciudad de Valencia.

La Conquista de Valencia por el rey Jaume I fue hecha con un importante contingente de aragoneses. De hecho, en 1231 Jaume I se reunió con el noble Blasco de Alagón y el maestre de la Orden Militar del Hospital, de Calatrava, en Alcañiz, para fijar un plan de conquista de las tierras valencianas.

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Aunque Blasco de Alagón recomendó asediar las poblaciones en terreno llano y evitar las fortificadas, aprovechando la debilidad de su gobierno musulmán, la primera conquista fue la del enclave montañoso de Morella en 1232; y posteriormente Ares, lugar cercano a Morella, tomado por Jaume I para obligar a Blasco de Alagón a la entrega de Morella.

La conquista del reino de Taifas de (Balansiyia) la Valencia actual, tuvo lugar en tres fases. Se inició en 1232, tras acuerdo adoptado por las Cortes de Monzón de ese año. Dos años después de que unas nuevas Cortes, también reunidas en Monzón, decidieran un renovado avance, la ciudad de Valencia se rindió en 1238. Jaume I obtuvo un gran triunfo sobre la nobleza aragonesa al convertir las tierras conquistadas, respetando sus usos y costumbres y estableciendo los fueros (els Furs) en Valencia, constituyendo así un reino diferenciado unido a la Corona de Aragón (1239), ya que esta consideraba dichos territorios como una prolongación de sus señoríos. En la repoblación de la huerta valenciana participaron tanto catalanes y mallorquines (Perelló, Cervera, Badía, Vallés…) más por el litoral, como aragoneses, navarros y vascos (Estellés, Navarro, Galarza, Ruiz…), por el interior. La conquista del sur del reino, es decir, la tercera etapa, concluyó con la toma de Biar en 1245. Aunque los nobles que acompañaron al monarca en la conquista pretendieron que Valencia se integrara sin más en Aragón.

La táctica para dicha conquista era tomar enclaves estratégicos como Morella, Peñíscola y Borriana, considerada como la capital de los sarracenos de las actuales comarcas de la Plana, de donde se repartía la mayoría de los alimentos de la zona a las poblaciones de los alrededores. Así, con el control de estos castillos, la mayoría de ciudades que dependían de estas se rindieron sin batalla previa, debido a la falta de alimentos. Ciudades como Almenara, Museros, Bétera, Paterna o Silla fueron rendidas por los musulmanes.

Una vez que Jaime I tuvo cercada Valencia, porque llegó hasta el Río Júcar, por el oeste, Espioca, Alcúdia, hasta Al Jazzirah; el rey de Tunís (Túnez) mandó 12 galeras y 6 tarifas a la costa del Grau para ayudar a las tropas musulmanas en la defensa de la ciudad. Pero Jaime I se instala en un campamento entre las naves del rey de Tunís y las tropas de la ciudad. Por lo que el ejército naval no se atreve a desembarcar y las tropas de la ciudad tampoco se atreven a salir en su protección. Así que los barcos se marchan hacia Peñíscola y atacan la ciudad. Tras una dura batalla, pierden y huyen de la zona.

 Años atrás el rey Jaume había pactado con el emir gobernador, Abü Zayd, de Balansiyia, una tregua, mediante la cual se obligaba a pagar, al Conquistador, la quinta parte de sus rentas.

El pacto entre el rey cristiano y Abü Zayd hizo que muchos musulmanes se pasasen al bando de Zayyan ibn Mardanish, nieto de Abu al-Hajjaj, creyendo que Abü Zayd los había traicionado al abandonar el Islam; este dejó la ciudad de Valencia para trasladarse al norte, mientras que Zayyan entraba triunfalmente en la ciudad de Balansiya.

Jaime I, después de la toma de Burriana y la campaña fallida de Cullera, se dispuso a emprender el ataque final a la ciudad de Balansiya, reuniendo las Cortes generales en Monzón el 28 de octubre de 1236, donde conseguiría la ayuda necesaria; incluso el Papa Gregorio IX calificaba la acción de “cruzada” y otorgaba una bula el 2 de febrero de 1237. Después de una estancia en Montpellier, entre finales de 1236 y principios del 1237, el ejército, concentrado en Teruel, empezó a bajar siguiendo el curso del río Palancia, tomando Vall d’Uixó, Nules, y asediando Almenara. A continuación se tomaron Bétera, Paterna, y Moncada, y finalmente el 25 de junio de 1237 el Puig de Cepolla, también denominado Enesa, y después El Puig de Santa María, situado cerca de la capital valenciana.

Jaime I, dispuso que la fortificación del Puig fuese reconstruida, se hizo un muro de tapial y un camino empedrado hasta el mar. Al cabo de dos meses, las obras quedaron listas y el castillo fue ocupado por una guarnición de cien caballeros y muchos peones, mandados por Bernat Guillem d’Entença, pariente del rey.

La batalla

Zayyan, ayudado de sus parientes de Alzira y Xàtiva, organizó un ejército que, según las crónicas, llegaba a 600 jinetes y 11.000 peones. Vista la desproporción de fuerzas, los cristianos decidieron salir a campo abierto a dar batalla, derrotando a ese ejército musulmán, persiguiendo a los supervivientes hasta el conocido como río Seco. Esta derrota causó estragos en la moral de los defensores, que ya no volvieron a enfrentarse abiertamente a los cristianos.

Ibn al-Abbar, que había sido secretario de Abü Zayd, presente como secretario de Zayyan, relata que la batalla aconteció al mediodía. El ejército musulmán fue derrotado, y la mayor parte de sus soldados sucumbieron. 

Entre los muertos musulmanes se encontraba el sabio predicador Aburrebii Ibn Salim Elcolaí. Jaime I, al conocer la victoria, acudió al Puig, donde permaneció algunos días, y después se volvió a Aragón.

La fuerte derrota sufrida por los musulmanes tuvo una gran influencia sobre los curso de las operaciones. A partir de esta batalla, los destacamentos de los cristianos se multiplicaron por la comarca, y muchos musulmanes tuvieron de huir.

Mientras Jaime I el Conquistador estaba en Aragón, murió Bernat Guillem d’Entença, lo cual introdujo el desánimo entre los nobles aragoneses. En un consejo de magnates, Blasco I de Alagón, en nombre de otros muchos barones, sostuvo que era mejor evacuar el Puig y abandonar de momento la empresa, que podía ser reanudada más adelante.

Jaime I rehusó seguir el consejo de los nobles, y resolvió continuar la campaña. Desde Aragón, el monarca volvió al Puig de Santa María. Allí se encontró el 24 de enero de 1238. Trajo con él al hijo de Bernat Guillem d’Entença denominado Guillem, que tenía unos 10 u 11 años, armándolo caballero ante los representantes de las órdenes militares, y haciéndole donación de todas las tierras de su padre. Provisionalmente designó como capitán del castillo a Berenguer d’ Entença.

Aun así, no cesó la oposición a la continuación de la campaña. Al contrario, una gran parte de la guarnición del Puig, al saber que el rey se volvía, convino secretamente en abandonar aquella posición una vez que Jaime se hubiese marchado. Uno de los frailes dominicos que había en la fortaleza denunció el complot al monarca. Ésta, al día siguiente, reunió a los nobles en la capilla del castillo y les habló enérgicamente. Los barones reaccionaron y prometieron proseguir la lucha hasta la victoria.

Poco después el Conquistador partía hacia Ulldecona para recibir a su mujer, Violant d’Hongria; pero no quiso cruzar el río y arreció su decisión irrevocable de realizar la conquista de Valencia, a pesar de los consejos de su tío Ferran y de las súplicas de la reina. Ésta y los servidores de la casa real se establecieron en Burriana.

De retorno al Puig, Jaime recibió un mensajero que en nombre de Zayyan le ofreció, a cambio de abandonar el ataque a la capital, la cesión de todos los castillos desde el río Guadalaviar hasta Tortosa y Teruel, la construcción de un hermoso palacio para el rey en la Zaidía y el pago de un tributo anual de diez mil besantes. La respuesta del rey fue que, en el estado a qué habían llegado las cosas, no le convenía el trato. 

Él podía apoderarse de la ciudad de Valencia, y entonces caerían en su poder todos sus castillos y tierras. 

El campamento en Ruzafa y el asedio

Cruzó el rey el Guadalaviar, nombre que recibía el Turia, por la marjal del Grao con las pocas tropas que disponía, acampando con sus tiendas y desplegando sus banderas en unas alquerías que había a mitad de camino entre Valencia y el Grao, según los datos, bien podría ser donde se ubica actualmente la Ciudad de las Artes y las Ciencias. 

Allí decidieron esperan que se les fueran sumando más caballeros. Al siguiente día, los Almogávares fueron a tomar Ruzafa, capturando a los sarracenos que había. Es en Ruzafa donde el rey instalará el cuartel general gracias a la situación estratégica del lugar, que permitía controlar la salida de tropas sarracenas de la ciudad, pues las puertas más próximas, Boatella y Xerea, estaban bastante distantes entre sí y permitían disponer del tiempo necesario para organizarse. La bandera del rey se colocó en un pequeño montículo donde actualmente se encuentra el Monasterio de Nuestra Señora de los Ángeles, en la calle general Prim.

Hoy se puede leer una lápida con la siguiente inscripción: “En este lloc de Russafa va estar situat el Real de Jaume I a on se signá pel Rei Zayyan la rendició de Valencia el 28 de Setembre de 1238. El Rei en Jaume I entrà triumfalment en la Ciutat el 9 de octubre, Día de Sant Donís.”

La capitulación

Las negociaciones las llevaron directamente el rey Jaime y su mujer Violante de Hungría con el sobrino del rey Zayyan, el citado Abu-l-Hamlek. Fueron necesarias dos reuniones para alcanzar el acuerdo verbal. La noticia fue mal recibida en las filas cristianas, pues interesaba entrar al asalto para poder conseguir botín.

Abu-L-Hamlek pactó con Jaime I que, como prueba de que su tío aceptaba las condiciones, izarían una bandera del rey aragonés en la torre de Ali Bufat. Cuentan las crónicas que cuando eso sucedió, el rey bajó del caballo y llorando besó la tierra.

La capitulación se firmó el 29 de septiembre, unas fuentes dicen que en Ruzafa, otras que en Walaya, un lugar en el entorno de la actual plaza del Ayuntamiento. Lo sucedido lo cuenta el cronista valenciano Ibn al-Abar. Si bien algunas fuentes ubican el lugar en las proximidades de la actual estación central del tren.

Las negociaciones para la capitulación tuvieron lugar en el Real y participaron el rey En Jaume, su esposa Na Violant, un traductor y el sobrino de Zayyan, Abú-l-Hamlek.

Las tropas de Jaime I se incrementaban día a día gracias a que se trataba de una cruzada y, gentes de toda Europa acudían a Valencia. Aragoneses, catalanes, navarros, occitanos, italianos, ingleses, alemanes y hasta húngaros, atraídos por el privilegio de cruzada y las expectativas de botín, incrementaban las fuerzas cristianas. Mientras, los sarracenos al mando del rey Zayyan, no pudieron recibir la ayuda que venía del sultán de Túnez.

Se dieron casos de asaltos pero fueron castigados por Jaime I con penas de muerte a algunos cristianos.  Gran parte de la población se quedó en sus casas, como era costumbre, marchando una minoría, siendo prueba de ello la expulsión de los moriscos llevada a término siglos después, y que causó estragos y despoblación en gran parte del Reino de Valencia.

El 9 de octubre entró el rey en la ciudad y se celebró la primera misa donde actualmente se encuentra la Catedral de Valencia, existiendo una capilla que lo recuerda.

Els FURS

Su primera redacción se sitúa en la primavera de 1239, al año siguiente de la conquista de Valencia, por iniciativa del propio rey Jaime I, y recibe el nombre de Costum (‘Costumbre’). Fue redactada inicialmente en latín y al principio se aplicó únicamente a la ciudad de Valencia. Hay quien denomina “Costum” a la normativa jurídica valenciana antes de 1261, fecha en que Jaime I la jura con la denominación de “Furs”, sin embargo la documentación conservada demuestra que con anterioridad a esa fecha se la denomina indistintamente con las formas “fueros”, “costumbres” e incluso alguna más.

Con la promulgación de la Costum por Jaime I en 1239 se sancionaba la existencia legal del nuevo reino con un marco jurídico y legislativo propio, poniendo fin así a la diversidad de fueros y costums de los primeros años de la conquista.

Ferran Vallés Morán
Maestro jubilado

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