
Vuelvo por este humilde espacio para sellar con palabras la devastación y el pánico que me corroen por dentro. Cada día el consuelo es menor. Ya muy pocas cosas consiguen aplacar esa angustiosa sensación de que todo anda muy mal y sobre todo, de que todo va a ir a mucho peor. Solo algunos momentos que paso con mi hijo pequeño consiguen apenas hacerme olvidar que estamos viviendo un momento histórico que rima mucho con épocas pretéritas y sucesos horrendos que creíamos pasadas y superadas pero que, como estamos pudiendo comprobar en tiempo real, se cerraron en falso y vuelven a reproducirse en esta ocasión, en un planeta mucho más devastado y más hostil -fruto de las incesantes agresiones del capitalismo fósil- y en una sociedad infinitamente más alienada, más manipulable y mucho menos consciente de lo que supone algo tan peligroso como el renacimiento del fascismo.
Habrá quien considere que el título del post es exagerado. Que no es para tanto. Que el fascismo terminó con la derrota de la Alemania nazi. Lo siento. Vengo a deciros que no. La derrota militar de Hitler y el nazismo no terminaron con el fascismo. El gérmen de este pervivió de forma latente en mucho de lo que hoy llamamos occidente; en un colonialismo que pese a los procesos de independencia de muchos países del Sur Global nunca acabó y ahora se recrudece de forma brutal, en una falsa y repugnante superioridad étnica, moral y civilizatoria respecto a los pueblos no blancos, no cristianos y no alineados culturalmente con occidente. Pueblos que no quieren -ni querrán jamás- someterse a los dictados de una civilización occidental decadente, ecocida y supremacista forjada sobre el genocidio y del latrocinio, la usurpación y el extractivismo de lo ajeno.
Lo queramos o no, lo aborrezcamos o no, es en esa sociedad que no reconoce que ha vivido cómodamente a costa de la miseria, del empobrecimiento, de la muerte y del robo de los recursos de terceros, en la que hemos nacido las que ahora, de repente, parecemos haber caído en la cuenta de que la historia, tozuda y caprichosa, vuelve a repetirse en un bucle infinito y perverso en el que los malos malísimos vuelven a la carga, en esta ocasión con la misma ideología supremacista, imperialista, colonizadora, misógina, reaccionaria y que irradia odio al diferente, aunque con un poder armamentístico infinitamente más devastador que su predecesora hace 80 años. Los que en la II Guerra Mundial eran los malos (Alemania, Italia), hoy, en los albores de la III Guerra Mundial lo siguen siendo, y los que entonces hacían el papel de buenos (Francia, Inglaterra, EEUU o Rusia), hoy se alinean con los malos o directamente son el mal reencarnado. Por primera vez en la historia contemplamos como una opción real la extinción de la vida en el planeta.
En el momento en que escribo estas lineas, EEUU e Israel -la alianza genocida y terrorista mundial- están bombardeando la república de Irán sin mediar provocación alguna. Ya lo hicieron hace unos meses en el verano de 2025. Nadie, en eso que llaman «Comunidad Internacional» les reprochó esa enésima vulneración del Derecho Internacional. Tampoco ahora lo harán, y quienes lo hagan con la boca muy pequeñita a la vez señalarán que el gobierno teocrático de Irán también tiene responsabilidad en el ataque que está sufriendo, como cuando se culpa a una mujer víctima de una violación porque oye «a lo mejor iba provocando o no gritó bastante». Como con el pueblo palestino, exterminado sistemáticamente por la entidad sionista israelí y hoy ya casi olvidado por los Medios, el pueblo iraní será tachado de terrorista, de salvaje, de incivilizado, de «no adaptado», porque así la vulneración de su derecho a existir parece menos horrible y más tolerable a nuestros ojos occidentales. Porque, al margen de los gobiernos o -como gusta llamar a nuestros todólogos y opinadores- «regímenes», afines o no a nuestra forma de ver el mundo, son los pueblos y no sus gobernantes quienes sufren los avatares de la maldita geopolítica y el fascismo del fin de los tiempos que ha llegado para destruirlo todo hasta que no quede nada.
Hoy en día, para la alianza genocida yankee-Sionista, violar la Carta de Naciones Unidas y cometer delitos de lesa humanidad a lo ancho y largo del globo es más barato que tomarse un café en el bar de enfrente. La impunidad y la Ley del más fuerte se está imponiendo en un mundo que asiste atónito a la agresión y a la amenaza constante de dos naciones forjadas sobre la sangre vertida por el genocidio de los pueblos originarios, la ocupación violenta y forzada y el robo de sus territorios. Ambos engendros comparten una historia colonial sangrienta y se erigen como «pueblos elegidos por Dios» en una orgía delirante de fanatismo religioso, capitalismo salvaje, colonialismo de asentamiento y supremacismo que ha volado por los aires la muy precaria estabilidad mundial.
Las analogías con la Alemania nazi son tantas y tan evidentes que casi no hace falta ni nombrarlas. Trump y su gobierno están haciendo lo mismo con las PERSONAS migrantes que Hitler hacía con los judíos. La policía antiinmigración (ICE) es la Gestapo nazi, en pleno 2026. Netanyahu y la bestia sionista que ocupa ilegalmente la Palestina histórica está cometiendo en Gaza o Cisjordania atrocidades iguales o peores que las que sufrieron sus ancestros en Auschwitz, Treblinka o Dachau. Ambos se basan en lo mismo; exterminar a los «animales humanos» que les molestan porque se creen una raza superior y -aquí está la variante histórica- les impiden seguir acaparando recursos, ampliar sus fronteras y sobre todo, hacer negocio sobre las ruinas y la sangre de millones de inocentes. En el Capitalismo del desastre o necrocapitalismo, monstruos como Donald Trump o Netanyahu se inventan «Juntas de Paz» para construir futuros resorts y hoteles sobre los escombros de una región que ellos mismos han borrado del mapa con miles de toneladas de explosivos y sobre los cuerpos destrozados de decenas de miles de civiles. Cualquier parecido con el pasado, NO es pura coincidencia.
La gran y fatídica diferencia con lo sucedido en la II Guerra Mundial es que no solo están imponiendo el fascismo criminal militarizado sin oposición alguna, sino que a la vez están extendiendo ese virus reaccionario a cada vez más población a través de las nuevas tecnologías de manipulación de masas que las grandes Corporaciones Tecnológicas a su servicio (Google, Amazon, Apple, X o Facebook) han creado y que controlan a su antojo, para acabar la obra que han empezado, esto es, la subyugación total de los pueblos, el control de los recursos naturales en un contexto de declinación y escasez de los mismos, y el establecimiento de un darwinismo social que extermine a la población sobrante para seguir con el negocio hasta que el planeta sea inhabitable. Y lo terrible de todo es que lo están haciendo con la complicidad de un occidente, en el que la Unión Europea en concreto está jugando un papel bochornoso, alineándose incomprensiblemente con el matón de pelo naranja que les humilla, les amenaza y se les burla una y otra vez, sin que los eurócratas que dicen representarnos desde Bruselas dejen de arrodillarse ante la hoja de ruta criminal y supremacista impuesta por EEUU e Israel.
Desde hace ya 4 años, Europa está sufriendo una guerra en sus fronteras, iniciada en efecto por la Rusia de Putin, pero provocada en buena medida desde 2014 por los propios EEUU. Una guerra que la UE podría haber evitado mediante la diplomacia si hubiera tenido una política exterior propia y no subordinada al Imperio yankee. Estamos pagando la factura de esta guerra en muertos, en armas y en miles de millones de euros que, oh, van a parar directamente a las arcas de quien está detrás de este conflicto y que vive tranquilo al otro lado del charco a miles de km. La invasión rusa de Ucrania les va a costar muy caro, primero a los ucranianos, después a los rusos y seguidamente a la economía europea a la que han dejado sin energía barata para acabar comprándole el gas a precio de oro a los EEUU. La voladura de los dos gasoductos europeos (Nord Stream I y II) fue ideada y ejecutada desde Washington, pero a día de hoy no ha habido -ni habrá- ninguna responsabilidad ni ánimo de investigar este claro ataque terrorista a la seguridad energética europea, en otro alarde de sumisión y capitulación de las instituciones europeas ante los intereses geopolíticos de Washington. Europa no cuenta. No existe. No tiene ninguna agencia. Es un engendro patético que se arrastra mendigando casito en las grandes cumbres donde aparentemente todo se decide pero una y otra vez acaba ignorado y pisoteado como una cucaracha. Quizá tengamos lo que merecemos.
A este panorama tan oscuro y tan desesperante generado por los movimientos geopolíticos desesperados pero muy peligrosos de un Imperio en clara decadencia que incluyen atentados e invasiones a terceros países, genocidios eternizados, hambrunas provocadas, guerras arancelarias e injerencias en procesos electorales, se le une algo igual o más terrible y descorazonador . Es, como decía antes, la extensión imparable del virus neorreaccionario entre las sociedades a lo largo y ancho del globo y de norte a sur, lo que realmente me trae de cabeza. Porque muchos de los gobiernos de corte neofascista que ya están haciendo estragos en muchos países (Italia, Hungría, Rusia, Argentina, El Salvador o Chile) y otros que ya han comprado sus marcos ideológicos (Reino Unido, Francia o Alemania) han sido elegidos en las urnas por personas que se han subido a una ola reaccionaria y genocida que lideran Trump y Netanyahu, y que atenta contra la vida y las condiciones para su reproducción en este ya muy maltrecho planeta.
Las ultraderechas globales no paran de subir en las encuestas, no solo por la inoperancia y la cobardía de los pocos gobiernos progresistas que quedan, también por la guerra cultural que, iniciada hace ya varios años con las Redes in(Sociales) como campo de batalla en el que se manejan como pez en el agua y en las que el pernicioso algoritmo premia y viraliza los bulos y los contenidos de odio, han acabado por imponer sus marcos racistas, misóginos y retrógrados, prometiendo a la vez el retorno a un pasado glorioso que nunca existió. A través de las redes y de algunos grandes Medios (prensa, radio y TV) que están colaborando abiertamente en la expansión de esta ola reaccionaria, están consiguiendo hacer creer a cada vez más gente que la culpa de las desigualdades y los efectos más devastadores del sistema capitalista que padecemos y que nos está llevando a la ruina civilizatoria recaiga sobre el eslabón más debil, sobre los y las desheredadas de la tierra: las PERSONAS migrantes y los pueblos del Sur Global; la «otredad», los que Galeano llamó «los Nadie». Están logrando que cada vez más gente compre la lucha del penúltimo contra el último, que miremos hacia abajo, en lugar de mirar hacia arriba, fuente principal de todos nuestros problemas.
Creo que la mayoría de la gente que ha asumido los marcos mentales de la extrema derecha, y que camina entre nosotras a diario, no es abiertamente racista, ni homófoba, ni siquiera simpatiza conscientemente con el fascismo. De verdad lo creo. Simplemente han sido engañados, manipulados y alienados a través de tecnologías que están perfectamente diseñadas para este propósito. Y como quien controla estas tecnologías sí que comparte esta ideología con los partidos y organizaciones de ultraderecha que ahora están en alza autoproclamándose «salvadores de todo», ésta está siendo un arma demoledora para moldear el pensamiento de las masas que, o no han podido, o no han sabido poner un cortafuegos a esa avalancha de mentiras y manipulación de la realidad que les llegan sin cesar a golpe de click a través de Tik Tok, Instagram o Facebook. Las organizaciones neofascistas tienen como objetivo reescribir la historia, porque un pueblo despojado de memoria que ya no cree en la ciencia ni en los hechos probados y verdades universales, es muy fácil de manejar. De otra manera no se explica el ver a chavales de 14 y 15 años en las aulas cantando «el cara el sol» o diciendo barbaridades como «con Franco se vivía mejor».
Pero por si partidos como VOX no fueran finalmente capaces de llegar al poder a través de las urnas, Donald Trump ya dejó claro que intervendrá en los procesos electorales para garantizar que ganen los partidos ultras -que él llama «patriotas»-, como ya hizo en octubre pasado con las legislativas en Argentina, donde utilizó el chantaje y la extorsión para dar un vuelco a las encuestas y que volviera a ganar el psicópata Javier Milei, con las consecuencias recientes que acabamos de ver en esa brutal Reforma Laboral que legaliza la esclavitud en el trabajo. Es esto lo que quieren para toda Europa; precariedad, desigualdad, miseria y recortes de lo poco que queda de Estado Social. Solo hay que mirarse en el espejo argentino y estadounidense para divisar lo que nos espera dentro de poco más de un año. Aquí, por cierto, en el País Valencià, ya lo llevamos comprobando un tiempo. Cuando lleguen al gobierno de la nación, van a arrasar con lo poco que queda. El que avisa, no es traidor.
Creo amargamente que, aunque hace 81 años, Hitler perdió aquella guerra, el fascismo no fue derrotado definitivamente. Europa nunca renegó de su pasado colonial, supremacista e imperialista que ya tenía en su ADN heredado de sus distintos imperios a lo largo de la historia y que transmitió al emergente imperio de EEUU. La prueba más palpable de su supervivencia fue la creación en 1948 del estado supremacista y teocrático de Israel con el beneplácito de la ONU y la complicidad y legitimación durante décadas por la Comunidad Internacional, muy especialmente Europa y los EEUU mientras se expulsaba y exterminaba a todo el pueblo nativo de Palestina y se establecía un régimen de terror y de apartheid. Tras el holocausto judío, el fascismo supremacista, se disfrazó y fue ocultado debajo de la alfombra israelí -qué caprichosa es la historia- y durante décadas permaneció a la espera de las condiciones socioeconómicas idóneas para resurgir globalmente incluso con más fuerza. Ahora no existe una entente de naciones con voluntad de aliarse contra este neofascismo trumpista porque en lo más profundo de su ser, sus gobiernos comparten muchos de sus valores retrógrados y reaccionarios, y porque ven que cada vez más población acaba interiorizando esos valores y sucumbiendo ante ellos. Y los países del Sur Global, que mantienen la dignidad y claman contra esta barbarie, no tienen hoy ni la fuerza ni los medios para ser ese contrapeso mientras viven atenazados por el miedo a la destrucción total de sus yas maltrechos y violados territorios por el monstruo gringo-Sionista que en estos últimos años ha decidido incendiar el mundo.
Hoy, probablemente nos encontramos en el peor momento de la historia de la humanidad, en la que se ha normalizado el genocidio que incluye el asesinato masivo de niñxs (el domingo 180 niñas iraníes fueron masacradas por las bombas de EEUU-Israel mientras estaban en su escuela, o el infanticidio masivo perpetrado por Israel en Gaza) la invasión ilegal de territorios ajenos, el secuestro o directamente el asesinato sumario de líderes y dirigentes de países no alineados -curiosamente con grandes reservas de petróleo- con falsos pretextos de «liberarlos» o directamente con burdas mentiras que no por repetidas hasta la saciedad diariamente en nuestros Medios (prepárense para la infame propaganda a favor de la guerra provocada por la alianza criminal yankee-sionista) dejarán de ser basura que irá directamente a nuestras cabezas para hacernos creer de nuevo que «los putos moros terroristas y salvajes» suponen un «peligro para la humanidad». Ante semejante avalancha de mentiras y manipulaciones nos sentimos impotentes, insignificantes y con una amarga sensación de que poco o nada podemos hacer ante fuerzas inmensas y una inercia destructiva global que parece imparable. Lo reconozco. Yo estoy acojonado. Muy acojonado.
Sin embargo, aunque la cosa pinta muy mal, he decidido agarrarme al clavo ardiendo de la historia. A ese en el que nuestra especie, cada vez menos humana, ha sacado el gen de la supervivencia que lleva dentro y lo ha puesto al servicio de la cooperación y al apoyo mutuo. Ese gen que ha operado siempre en las grandes catástrofes (guerras, huracanes, terremotos, la DANA de València…). Ese gen lo tenemos todas, incluso aquellas que, terriblemente confundidas, están confiando en los monstruos justificando incluso sus atrocidades. A diferencia de lo que nos han hecho creer, el ser humano está diseñado para cooperar, es propenso a la solidaridad y no a la competición ni al egoísmo. Estos últimos han sido insuflados por el sistema que padecemos, pero si buscamos en lo más profundo de nuestro ser, volveremos a descubrir que la vida en la Tierra y nuestra especie en particular, prosperaron gracias a la cooperación y no a los combates.
Si queremos tener alguna posibilidad de sobrevivir al presente y tener alguna opción de futuro para nuestros hijos y las generaciones que están por venir, es hora de poner en valor lo que no nos cuentan las redes in(sociales). Aquello que permanece silenciado e invisible porque va en dirección opuesta a la enfermedad que nos está consumiendo. Mirar hacia América latina y sus procesos autónomos, hacia el Confederalismo Democrático que practican en Rojava (kurdistán sirio) -hoy también amenazado de muerte- y en muchos otros lugares donde gente anónima se organiza en pequeñas comunidades negándose a participar de esta pesadilla que muchos ya están viviendo y que nosotras, seguro, acabaremos sufriendo también. Otro mundo no es solo posible, ES NECESARIO. Ante la inacción, cuando no colaboración de la mayoría de gobiernos con la barbarie actual, es hora de tomar la riendas y construir la sociedad del futuro, si es que esto es aún posible. Si queremos un cambio radical, tenemos que SER ESE CAMBIO. Ni va a ser fácil ni exento de conflicto. Pero no podemos esperar más.
Hoy las bombas caen en Irán. Siguen cayendo en la Palestina ocupada, en Ucrania y en muchos otros puntos del globo que ni siquiera aparecen en los Medios. Viendo el comportamiento sádico y criminal de esa dupla genocida Trump-Netanyahu (EEUU-Israel), ¿alguien puede asegurar que el día menos pensado no van a caer a nuestros pies?
Nadie estará a salvo, hasta que TODAS lo estén. Y todas SON TODAS. Urge defender la vida frente a la barbarie que ya tenemos a las puertas.

*Hasta el momento la agresión no provocada de EEUU-Israel sobre Irán ha dejado más de 550 personas asesinadas , entre ellas 180 niñas que estaban en la escuela.
José Guerrero Moliner
La pastilla roja