Solerianeta: un discazo a tener en cuenta

Un golpe de aire fresco sin duda, un disco camerístico de una enorme calidad que hará las delicias de los y las melómanas más exigentes. Con Rafael Ferrús a la Percusión, Antonio Cambres a la Trompeta, y con la colaboración al piano en la pieza homónima de David Almerich, este disco se torna un imprescindible de las ediciones buñoleras.

La primera pieza, Solerianeta, compuesta por un viejo conocido, Andrés Valero-Castells, es un inicio genial para este disco, debido no solo a la interpretación musical perfectísima tanto de Rafa, como de Antonio, y con David al piano. Aquí, los amantes del Fandango de Antonio Soler, o los entusiastas de la Soleriana de Carlos Surinach, estamos de enhorabuena por recibir una tan brillante composición con una interpretación y sonido tan genial.

Le sigue a esta pieza la obra Noches de Embrujo, de Vicente Chuliá, y esta es, a mi parecer, el eslabón más débil de este magnífico disco, ya que, o pese a que la interpretación es espectacular, la composición es una música bastante superada y es un batiburrillo de fragmentos carentes, en su mayoría, de interés. No quiero decir que la obra sea mala, y reconozco el trabajo del compositor, sino que, a mi entender, no está al nivel del resto de las piezas que componen este disco.

La tercera pieza es la chulísima Spanish Trumperk, de nuestro querido paisano Manuel Carrascosa Pérez. Compuesta por movimientos cortos, en cada uno de ellos nos evoca emociones diferentes. Armonías muy elaboradas y hermosas en el movimiento Arrimado a su Lanza, así como la energía de Llenósele la Fantasía, o la coquetería de Mire Vuestra Merced. Su cuarto movimiento, Detuvo un Innumerable Ejército, mezcla técnica con musicalidad, y huelga decir que la interpretación y sonido son impecables. Su último movimiento, Don Quijote Enjaulado nos regala un lirismo espectacular poniendo un precioso broche a una obra de muchísima calidad.

Continúa el disco con una obra del prolífico compositor Ferrer Ferrán, Mars Polar Lander, basada en la sonda espacial del mismo nombre que lanzó la NASA en 1999.

Me parece una obra interesantísima ya que no es, a priori, el estilo al que nos tiene acostumbrados este compositor, sino una música arriesgada pero compuesta con un detalle y una finura que no dejará indiferente a nadie, ya sea percusionista, trompetista, músico, o melómano en general. Vale la pena, en mi opinión, pegarle una escucha sosegada y disfrutar de ella, porque por lo menos a mí me ha parecido muy disfrutona en todos los aspectos, pese a la triste temática.

Vuelve con nosotros el ínclito Andrés Valero-Castells para regalarnos otra obra de un solo movimiento llamada Gadabafà. Esta obra fue premiada con la Mención del Jurado en el Concurso Internacional de Composición «Città de Pávia» en 2002. Fue un encargo del propio Antonio Cambres. Una obra completísima basada en los cuatro sonidos, en notación alfabética, del título de la obra, y con la referencia en su tercera sección de un ejercicio del método H. L. Clarke, muy apreciado por los trompetistas. Sin duda, música con mayúsculas.

Para terminar este discazo, Rafa y Antonio nos ofrecen una composición del también buñolero Octavio Más Arocas. Se trata de la obra El Vaso, donde los líquidos que contiene en cada momento son los verdaderos protagonistas. Comenzando con la sonoridad de un vaso, encaran la pieza percusión y trompeta para dar forma a su primer movimiento: Introducción y Primer Trago.

Su segunda parte, Con Gaseosa, introduce un ligero toque de humor y música saltarina, cual las burbujas de tan ilustre bebedizo, haciendo un goce para nuestros oídos de un tema tan pequeño, una música de muchísima calidad. 

El siguiente movimiento, Con Chocolate, espesa la música, así como un buen chocolate, espeso-caliente-dulce, como el propio compositor indica en el título y nos evoca fielmente con su música.

Para terminar: Con Vino y Final. Un apoteosis que viene de menos a más, como los efectos de  un buen vino.

En conclusión, un disco espectacularmente grabado, interpretado y compuesto, una joya de la música de cámara que transpira profesionalidad, amistad, buen rollo, seriedad y compromiso. Música de cámara de la buena, de la que cada día es más difícil encontrar, y menos para un combo instrumental tan poco común. Vamos, una pasada.

Enrique Hernández Pérez
Posgrado en Música Contemporánea y Otras Músicas

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