Cuidar la Fiesta, preservar su tiempo

Frente a un tiempo acelerado, hecho de instantes fugaces y acontecimientos consumibles, el rito crea duración, pertenencia y memoria. La Fiesta del Litro conserva esa fuerza extraordinaria: no es un espectáculo que contemplamos, sino un tiempo compartido en el que volvemos a reconocernos.

Hay un instante, justo antes de que la Banda irrumpa en la Plaza, en que el aire que se respira parece cambiar de densidad. Se escucha, todavía lejano, el pasodoble «La voz de Buñol» de Manuel Carrascosa, y algo comienza a agitarse en nuestro interior. Las conversaciones se detienen, las miradas buscan al abanderado para vislumbrar la llegada de los músicos y, por un momento, todos parecemos sentir lo mismo: que algo antiguo, poderoso y profundamente nuestro vuelve a ponerse en pie.

Entonces asoma el Litro.

Avanza en su desfile de percusión, madera y metal, rodeado por el bullicio de la calle, la belleza de nuestras Misses, el empaque de buñoleras y buñoleros, el esplendor de la Filà Al-Baiba, la vitalidad de las comparsas o el jolgorio de las carrozas. Pero la Fiesta del Litro es mucho más que la sucesión de desfiles, mucho más que toda la belleza que pasa ante nuestros ojos. Su verdadera grandeza se encuentra en lo que sucede dentro de nosotros cuando todo eso se reúne.

En La desaparición de los rituales, el filósofo Byung-Chul Han sostiene que los ritos representan los valores que mantienen cohesionada a una comunidad. En un mundo dominado por la prisa, la producción y la sucesión incesante de estímulos, el ritual detiene el tiempo cotidiano e inaugura un tiempo distinto: un tiempo compartido, lleno de significado, en el que el individuo deja de ocupar el centro para participar en algo que lo trasciende.

Eso es, precisamente, lo que ocurre en la Fiesta del Litro.

Durante unas horas dejamos atrás nuestras ocupaciones, diferencias y preocupaciones para entrar juntos en otro tiempo. No acudimos simplemente a presenciar una sucesión de actos. Cada momento forma parte de una liturgia que conocemos y esperamos: Lo Cant del Valencià por la mañana, el aroma del espliego, el paso vibrante de la Banda, las manos que alzan las andas, el himno cantado en comunión con los músicos por la tarde. Gestos repetidos año tras año que nos permiten reconocernos y sentir que formamos una comunidad real, conectada por vínculos ancestrales aún sin necesidad de comunicarse.

Porque durante la Fiesta también rescatamos las ausencias. Vuelven en una melodía, en el aroma de las calles sembradas de espliego, en la penumbra de ese armario donde guardaban aquel traje, o al esperar el paso de la Banda bajo las luces desgastadas de la Feria en el mismo rincón de siempre.

Vuelven para ayudarnos a llevar el paso: el paso de la Banda y el de la vida, nos susurran que seamos felices y atrapemos cada instante de celebración, porque así también honramos y damos sentido a su memoria.

Durante los ocho años en que tuve el honor de presidir el CIM La Armónica he podido contemplar la Fiesta desde dentro. Y desde dentro se descubre que su grandeza no está únicamente en aquello que deslumbra sino también en todo lo que permanece invisible: las manos que cosen, construyen y adornan; los músicos que reorganizan sus vacaciones para regresar a Buñol; los artistas anónimos que imaginan; los anderos y las anderas que ofrecen su hombro, y en quienes idean y trabajan durante meses para que la Fiesta nos asombre un año más.

El Día del Litro se sostiene sobre una inmensa red de participación, generosidad y entusiasmo. Las monumentales «andas» de flor del Litro no las puede levantar nadie por sí solo. Quizá por eso ese gesto de alzar las andas representa tan bien lo que significa el Litro: cada generación ocupa su lugar, arrima el hombro, recibe el peso de quienes la precedieron y avanza para entregarlo a quienes vendrán.

La Fiesta vuelve el próximo 29 de agosto, pero nunca regresa idéntica. Nosotros tampoco somos los mismos. Se incorporan nuevos rostros, otros dejan un vacío, evoluciona la indumentaria, los repertorios y las formas de celebrar. Sin embargo, permanece intacto el hilo que nos une. Ese es el mecanismo de las tradiciones vivas: no nos obligan a repetir el pasado, sino que nos confían el reto de darles vigencia.

Y si la Fiesta es una forma de ordenar el tiempo, entonces las fechas de celebración no son una cuestión menor. El calendario puede proteger un rito o puede debilitarlo. Puede favorecer el encuentro o dificultar que quienes sostienen la celebración estén presentes.

Con el criterio actual, según el cual la Tomatina se celebra el último miércoles de agosto, la Fiesta del Litro y el Día de las Músicas quedan desplazados al mes de septiembre cuatro de cada siete años. Para una celebración fundamentada en la participación, ese desplazamiento tiene consecuencias: septiembre devuelve a muchas personas al trabajo, a los estudios y a sus lugares de residencia; dificulta el regreso de músicos que viven fuera de Buñol y limita la presencia de jóvenes, familias, socios y público.

No se trata simplemente de que haga mejor tiempo o de prolongar el verano. Se trata de preservar la posibilidad de participar. Una Fiesta como la nuestra no puede depender solo de quienes logren adaptar sus obligaciones, porque su esencia reside precisamente en reunir a la comunidad.

Por eso, resulta razonable establecer como referencia el último domingo de agosto para celebrar el Día de las Músicas. El CIM La Armónica presentó en 2024 una propuesta en este sentido al Ayuntamiento de Buñol: un calendario perpetuo que desarrolla las siete posibles combinaciones de fechas, capaz de aportar estabilidad, anticipación y equilibrio al conjunto de nuestras fiestas, de todas ellas, sin cuestionar la importancia de la Tomatina y en el que se contemplan todas y cada una de las celebraciones estivales de Buñol.

Agosto no es para el Litro una fecha accidental. Es el tiempo de la espera cumplida, del regreso de quienes viven lejos, del Mano a Mano, de las calles abiertas y de la vida compartida. Por eso, pedir que la Fiesta del Litro y el Día de las Músicas permanezcan siempre en agosto no es reclamar un privilegio. Es defender un patrimonio vivo y garantizar que pueda seguir siendo verdaderamente colectivo.

Confío que el consistorio abordará este cambio antes de las Fiestas de 2028 en que el calendario vuelve a enviar la Fiesta del Litro y el Dia de Las Músicas al mes de septiembre.

Cuidar la Fiesta es también darle su tiempo. Y el tiempo del Litro es agosto.

Rosario Pardo García
Litrera

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