Los beneficios del ajedrez

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Recientemente parece haberse puesto de moda el empleo del ajedrez como ayuda terapéutica en los más diversos campos, desde el tratamiento en síndromes como el TDAH, autismo y Asperger, hasta el apoyo educacional para la igualdad, el desempleo o los centros penitenciarios. Se utiliza con éxito en el tratamiento de adicciones, en la rehabilitación de diversas lesiones cerebrales, como actividad en residencias y centros de mayores, en las escuelas y un largo etcétera de aplicaciones pretendidamente nuevas que sólo son la demostración de una verdad intemporal: el ser humano es un ser pensante y, como tal, construye su vida con la materia de ese pensamiento. Así cualquier actividad de entrenamiento mental repercute directamente en la mejora de su calidad de vida por la propia mejora de la calidad de sus pensamientos.

O dicho de otra manera, el ajedrez beneficia nuestra forma de pensar. Una mejor forma de pensar conduce automáticamente a una mejora en las condiciones de vida pues, de la misma manera que un cuerpo ejercitado conduce a una vida más saludable en el plano físico, ejercitar nuestra mente  nos lleva a una vida más sana en el nivel mental.

Por supuesto todo esto es aplicable tanto al ajedrez como a cualquier otra actividad intelectual, llámense sudokus, crucigramas, lectura… Sin embargo, nuestro juego posee una característica que lo hace sumamente especial: su gran capacidad de integración intergeneracional, lo que, a su vez, es la manera rebuscada de expresar otra obviedad: en el ajedrez no hay edades.

La mejor prueba de ello la tuvimos hace unos meses en nuestro torneo del Primero de Mayo, donde un grupo de mayores bastante mayores y un grupo de chiquillos nos reunimos en sede del Club de Ajedrez Buñol alrededor de los tableros como lo que somos: jóvenes de cualquier edad. A modo de anécdota, que se viene repitiendo generación tras generación, cuando preguntábamos a los más jóvenes quién les había enseñado a jugar, todos contestaron lo mismo: mi abuelo… menos uno, que aprendió de “su yayo”.

Y así es como, conjugando posiciones a ambos lados del tablero, logramos alcanzar ese punto de encuentro donde los mayores hacemos de algo serio un juego, mientras los pequeños se toman el juego muy en serio.
De modo que no le demos más vueltas, no se trata de ningún nuevo descubrimiento científico ni de un revolucionario avance de la psicología. El ajedrez sigue siendo como ha sido siempre: una escuela de formación en valores que socializa e integra “seres pensantes” de todas las edades, manteniendo activa y ágil nuestra mente… y todo esto jugando.

Estas Ferias se celebrarán torneos de ajedrez en las siguientes fechas: 27 agosto (Fiesta del Mantón), 29 y 30 de agosto, y 2 septiembre (Fiesta del Litro).

Club Ajedrez Buñol
Plaza Layana, 2 bis

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