Buñoleros Ilustres: Fernando Galarza Carrascosa (Buñol 1942-2009)

Fernando Galarza, hijo de José Galarza Galán el «Sinto» y Ernestina Carrascosa Miguel «Tono», es uno de nuestros personajes más buñoleros que, siendo grande, nunca dejó de ser humilde ni olvidó sus orígenes. Estamos ante un hombre hecho a sí mismo que, tras mucho esfuerzo y no pocos sacrificios, completó una formación universitaria como licenciado en derecho y, además, fue Cronista Oficial de Buñol muchos años. Pero retrocedamos en el tiempo y veamos la ejemplar trayectoria vital de Fernando, en sus distintas etapas. 

Desde muy pequeño y siendo su familia de clase muy humilde, sufrió las dificultades y carencias propias de aquel período de posguerra. Pero a Fernando le encantaba la lectura y, como carecía de recursos para llenarla, iba con frecuencia por los molinos de papel, donde siempre encontraba algún libro viejo, cuaderno escrito, revista o lo que fuera, con tal de satisfacer su insaciable necesidad de leer y saber. Era el mayor de cuatro hermanos y con trece años tuvo que ayudar a la economía familiar, trabajando en albañilería. Decían sus compañeros que aprovechaba los descansos para leer papeles, apuntes y cualquier cosa, incluso mientras devoraba el bocadillo. 

Llega un momento en que Fernando decide darle una utilidad práctica a su pasión por la lectura y comienza a preparar el bachiller por libre, examinándose en Requena y obteniendo buenas notas. A esto hay que añadir que, durante los estudios, no dejó de trabajar de albañil, con esporádicas tareas agrícolas y hasta repartiendo lejía por el pueblo con su padre.

Ya con el bachiller terminado, y sin dejar de trabajar, Fernando decide estudiar magisterio. Fueron muchas noches estudiando hasta la madrugada, en la andana, a la luz de una vela, cubierto con una manta y acompañado de algunas gallinas y conejos. Con 19 años, en 1961, termina Magisterio y en 1963 gana por oposición una plaza de profesor en Chiva, donde ejerció durante veinte años. Todavía es allí recordado con cariño, especialmente por sus exalumnos.

Hace el servicio militar en el Regimiento de Infantería, de Talarn (Lérida). Pronto es ascendido a Cabo, por méritos personales, y por sus magníficas puntuaciones en los ejercicios de tiro. Por esto último, también obtiene algún permiso extra.

Más adelante, sus inquietudes políticas le llevan a ser militante del Partido Socialista, antes de la transición y, durante esa etapa, nos cuentan que fue pretendido por el Partido Comunista local en varias ocasiones. 

En 1969 contrae matrimonio en Buñol con Gloria Manuela Lambíes Sebastián «Gabirra» y fruto de ese matrimonio son sus dos hijos, José Juan y María Fernanda, que han seguido la estela del padre como juristas y ejercen juntos en el despacho heredado. En el caso de María Fernanda, al igual que su padre, ejerció durante cuatro años como Juez de Paz. Cabe añadir que Gloria Manuela (Manoli) fue presidenta de la Sociedad Musical La Armónica «El Litro» entre 1977 y 1985. Durante ese período, Fernando colaboró activamente en la gestión de dicha sociedad. 

Impulsado por su afición al estudio y su deseo de superarse, Fernando se matricula en la Facultad de Filosofía, aprobando varios cursos. Pero de pronto cambia el chip y decide matricularse en la Facultad de Derecho, en la que cursa dicha carrera. Estaba en ello, cuando en 1979 es nombrado Juez de Paz y en 1981 monta una gestoría administrativa, que todavía sigue activa, gestionada por sus hijos. Como Juez de Paz, protagoniza una anécdota muy curiosa: un buen día tiene que casar a una pareja, cuyo novio era el cura que lo había casado a él, años atrás.

Pese a tantas tareas, continua con sus estudios de derecho y en 1984 obtiene la licenciatura. En 1990 decide montar su bufete para ejercer la abogacía, como un servicio más de la gestoría. Por incompatibilidad, al no poder ejercer como abogado y juez, tiene que dimitir como Juez de Paz. Y ante la imposibilidad de poder atender tantos frentes, también renuncia a su plaza de funcionario, como profesor de enseñanza. Sin embargo, en 1991 el ayuntamiento le ofrece el cargo de «Cronista Oficial de la Villa» y, sin pensárselo, Fernando acepta lo que para él iba a ser un hobby. Sí porque, además de su pasión por la lectura, le encanta investigar y escribir sobre las cosas de su pueblo y sus gentes. También le encanta la genealogía, de la que escribe un libro sobre el linaje de su apellido y la llegada del primer Galarza a Buñol. Para documentarse, viaja a sus orígenes que están en el País Vasco, donde descubre y accede a la casa solariega de los Galarza, cuya imagen puede verse en la lápida donde descansa Fernando. 

En varios momentos de su vida profesional se le presentan oportunidades de trabajar en renombrados despachos de abogados de Valencia y Madrid, pero tiene muy claro que Buñol, su familia y sus amigos son prioritarios en su vida. Con su ocupación de Cronista Oficial de la Villa, descubre al «periodista» que lleva dentro. Sus crónicas y artículos en los medios locales y otros dejan ver su gran interés por las cosas del día a día de Buñol, así como su historia y, en su impecable estilo narrativo, se aprecia el pedagogo que fue, para deleite de quienes le leíamos.

Siempre dispuesto a colaborar de cualquier forma con todas las actividades sociales de su pueblo, trabajó activamente, no solo en «El Litro», como ya se ha dicho, sino también en el mundo de las fallas y en el club de sus amores, el C.D. Buñol, del que era seguidor y socio. 

En el aspecto personal, Fernando, siempre humilde y fiel a sus orígenes, formaba piña con sus amigos de la infancia. Le seguían encantando las canciones rancheras, las películas de Cantinflas, y las del oeste –de hecho, la sintonía de su programa de radio era la banda sonora de «El bueno el feo y el malo», de Morricone–. También conservaba su afición por la agricultura, a la que dedicaba ratos libres porque, según él, le servía como gimnasio y regeneración mental… Y es que, Fernando, nunca dejó de ser él mismo, uno más de los «Castillejos», que es como se llamaban aquellos críos de clase humilde que se juntaban correteando y jugando por el recinto del castillo. 

Fernando, que ya había superado un infarto en 2005, fallece en 2009, víctima de un cáncer, que le habían diagnosticado un mes antes. Su fallecimiento fue muy sentido por los buñoleros y su funeral fue uno de las más concurridos que se recuerdan. 

En 2011, el Ayuntamiento de Buñol acuerda, en homenaje a su memoria, poner su nombre a la Biblioteca Pública, pasando a llamarse Biblioteca Pública de Buñol «Cronista Fernando Galarza». Asímismo, está presente en el Museo de La Tomatina, por ser el primer buñolero en retransmitir dicha fiesta por Canal 9, repitiendo varios años, al alimón, con el periodista Paco Nadal.

Ya hemos visto cómo la formación humanística e intelectual alcanzada por Fernando, tuvieron su origen y basamento en su gran afición a la lectura desde niño. Por tanto, pensamos que unir su nombre a la lectura y al conocimiento, como homenaje perpetuo a su memoria, ha sido, además de merecido, un gran acierto. En lo personal, debemos añadir que tuvimos el honor de que este libro, en su primera edición de 2011, fue el primero que se presentó en la Biblioteca Pública Cronista Fernando Galarza.

Para finalizar, nada mejor, pensamos, que insertar unos pequeños fragmentos del discurso que pronunció su hija, María Fernanda, en el acto público de la dedicación de la biblioteca a su padre, el 24 de marzo de 2011. Entre otras cosas dijo:

«…cautivaba escucharlo hablar en televisión, retransmitiendo la Tomatina, o en la radio en un programa de historia, o en sus discursos como presentador o mantenedor de diferentes actos…»

«…tuvo como jurista un reconocido prestigio, así como en su labor de Juez de Paz, priorizando siempre lo moral sobre lo legal».

«Un enamorado de sus amigos de la infancia, con los que se reunía a almorzar todos los viernes…»

«Con talante elegante, fiel a sus convicciones democráticas, al compromiso de sus principios y al ejercicio de sus más arraigadas creencias…, ha pasado por la vida dejando huella».

Estas frases y reflexiones de su hija, al margen del amor filial, definen muy certeramente al profesional y a la persona, que fue nuestro querido paisano, el letrado Don Fernando Galarza Carrascosa, en cuyo epitafio podemos leer:

«Vivir largos años depende del destino, dejar huella ha dependido de ti. Tú has estado aquí viviendo en voz alta, porque fuiste un hombre con valores de humildad y con una inteligencia innata. Todo lo que has hecho en esta vida tendrá eco en la eternidad.Tu talento es inmortal».

Fuente de imágenes y datos:
– José Juan y María Fernanda, hijos de Fernando Galarza.
Del libro “La Villa de Buñol en el tiempo” (2ª edición – 2022). Con permiso de su autor.

Juan Simón Lahuerta
Buñolerómano

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