Te quiero… pero no te entiendo

¿Es lo mismo amar que ser amado?

Cuántas veces hemos escuchado algo como esto, “Nuestro amor ya no es como al principio”, “Hemos entrado en la rutina”, “Somos personas muy diferentes”, “¿Cómo puedes ser tan celoso/a?”, “Quizás deberíamos darnos un tiempo”, “Me estoy enamorando de ti, pero no siento lo mismo por tu parte”, “Necesito probar algo distinto”, “No me valoras”, “No resaltas ninguna de mis virtudes”, “Te quiero y por eso tengo que dejarte, nos estamos haciendo daño”, y un interminable etcétera.

Cuando uno lee o escucha algunas de estas frases se da cuenta de que en el amor no hay garantías.

Todos hemos experimentado alguna vez esta dualidad entre ser objeto de deseo o ser una persona deseante. Ser amado o amar. Visto desde cierta perspectiva parece que sea mejor ser amado, a todos nos gusta que nos quieran. Quien es amado se percibe a los ojos del que ama como completo. No así el que elige amar, que piensa que solo conseguirá estar completo si recibe el amor de la otra persona (amor correspondido). Se ve a sí mismo como vacío.

Cuando amamos damos al otro lo que nos gustaría recibir a nosotros (amar es dar lo que no se tiene). En el amor nos comportamos como si el otro, el ser amado, debiera entender perfectamente qué es lo que queremos, debiera de ajustarse perfectamente a nuestras necesidades, y nos olvidamos de que en la otra parte está ocurriendo exactamente lo mismo. Por eso filósofos y psicoanalistas dicen que “nos entendemos en el malentendido”, porque es en ese cruce de expectativas sobre la otra persona donde finalmente uno encuentra una manera de funcionar. En el fondo uno está enamorando de sí mismo a través del otro. Amamos a alguien que en realidad no tiene todos los atributos a los que damos sentido, amamos nuestra idealización de esa otra persona.

La realidad sobre los demás está en los ojos de cada uno. ¿Acaso mi visión de cómo es Julieta es un retrato exacto de cómo es ella por dentro y por fuera? Para nada, nadie nos ve como somos realmente sino como ellos creen que somos. Y no se trata de juzgar a los demás por esto, ya que nosotros hacemos idénticamente con ellos.

Es por esto que en el amor nos es muy difícil encontrarnos perfectamente satisfechos, ya que de lo único que estamos seguros es de qué tenemos dudas. ¿Me ama? ¿Soy el único/a? ¿Me ama tanto como yo a él/ella? Necesitamos sentirnos amados, pero puede que todas estas preguntas que nos hacemos sobre el amor, que lo miden a cada paso, que no le dejan hueco a la improvisación y a la sorpresa sean quienes acaben por destruir algo que podría haber funcionado. Puede que debiéramos dejar por algún momento ser el objeto de deseo del otro para convertirnos en seres que aman, y sí, estaríamos reconociendo que no somos perfectos, pero ¿es qué acaso lo somos? Hay que aceptar que gracias a que no estamos completos, podemos seguir deseando, y eso es muy bonito, ya que de una falta nace una nueva fuerza.

La pregunta que yo me hago es ¿somos capaces de vivir sin dudas? ¿Podemos eliminar todas esas exigencias sobre los demás?, y la respuesta que yo mismo resuelvo es obviamente negativa. Ser humano es enfrentarse al significado que tienen las palabras y a la interpretación que cada cual hace de éstas y nunca habrá coincidencia entre dos personas. Sin embargo, sí que podemos reducir estas exigencias, y podemos hacerlo en primer lugar sabiendo qué es lo que nosotros esperamos del amor. Es una pregunta con difícil respuesta pero seguramente parte de  la solución se encuentre en aquello que somos capaces de dar.

El camino que nos abre la terapia psicoanalítica es una vía a comprender quienes somos nosotros y de qué manera nos enfrentamos a las cosas que nos rodean sin la necesidad de mentir a los demás y a nosotros mismo, para así llegar a poder entablar relaciones que no bloqueen nuestra manera de funcionar con el mundo. El psicoanálisis nos enseña una manera de hacer con ese malentendido.

Francisco Hernández Pallás
Psicólogo y Psicoanalista. CV-13012

Comparte esta noticia

Deja un comentario