
La historia de los libros aún siendo larga es corta, la historia de las Bibliotecas aun siendo más corta que la de los libros es larga, mas, aún siendo larga, es bien corta. Los libros, según hoy los usamos, entendemos, leemos, apreciamos o depreciamos, son una manera que surge en el siglo XX, y las bibliotecas públicas, dada su más corta historia, surgen en España en los años 60 para gozar de un fuerte impulso en los 80 y los 90 y difundirse y asentarse como servicio público fundamental para una comunidad sana, creativa, democrática y abierta: sin libros y, sobre todo, sin Bibliotecas, muchos referentes benignos, social y culturalmente, que en Europa hoy nos parecen substanciales y consubstanciales, no existirían.
Pero lo cierto es que después de estos dos ciclos en la historia reciente de las biblioteca públicas en España –el despegue en los años 60 y 70, el asentamiento y firmeza de los años 80 al 2000–, estamos actualmente en una vuelta de tuerca más, en un nuevo ciclo donde lo que afortunadamente ya existe, con sus dificultades y con sus deficiencias, pero con su asentamiento y presencia tenga capacidad de transformarse con el cambio de los tiempos, de ajustarse a nuevas fórmulas, nuevas necesidades, nuevas gentes, nuevas perspectivas y a su vez seguir arraigada a la idea sustancial que las hizo surgir por casi toda Europa a finales del XIX y a principios del XX: la biblioteca como centro comunitario vinculado a la cultura, la democracia, el tejido social; la biblioteca como referente cultural creativo, sólido, transformador y de futuro.
Cientos, miles, millones de personas todas las mañanas, todas las tardes, todos los días acuden a las Bibliotecas en Segovia, en Sevilla, en Barcelona, en Valencia, en Buñol, en Sueca, en Amberes, en Nimes, en Berlín, en Sijan, en Leba…
De facto, las bibliotecas públicas son los lugares, vinculados al ocio y a la cultura, más visitados en España y en Europa: más visitados que cines, teatros, museos, más visitados que los campos de fútbol, aún cuando este ejemplo no sea útil, pues es claro que los campos de fútbol no están vinculados ni al ocio creativo, ni por supuesto a la cultura, ni por supuesto a la generación de un tejido social sano…
Y… ¿Qué es lo que ocurre frente a esta multitudinaria, natural, cotidiana y normal asistencia a las bibliotecas públicas? Ocurren muchas cosas, claro, y muchas cosas extraordinarias, ordinarias y normaluchas, pero una de las cosas que malogradamente también ocurren en los tiempos que corren es que una parte de las administraciones públicas, desafortunadamente para la ciudadanía, desafortunadamente para lo público, desafortunadamente para las bibliotecas no es que no estén por la labor que antes apuntamos: la transformación y el mantenimiento de las mismas, es que desconocen labor alguna e incluso devalúan su presencia con su inacción en la gestión o proyecto o, peor, con su perversa acción ¿Por qué ocurre esto? ¿Qué lotería del revés nos ha tocado, si esa fuera nuestra lotería? Quizás esta falta de aprecio, este desprecio incluso que ciertos gobiernos tienen hacia las bibliotecas, surja, en primer lugar, porque para algunas corrientes políticas asentadas en las administraciones públicas la cultura les es repugnante: realmente la derecha hispánica, a diestra y siniestra, es claramente heredera de la infamia de aquel militarote excretorio y sanguinario de «muera la inteligencia» y si esta repugnancia que sienten por la cultura se une a un profundo desprecio hacia lo público, hacia lo democrático, hacia lo que genera tejido y cohesión social, nos encontramos con el perfecto cóctel fatal, pues las bibliotecas públicas unen indefectible, indisoluble y extraordinariamente el concepto de «cultura» y el concepto de «público» como ningún otro servicio. En consecuencia, denostarlas, desatenderlas, devaluarlas es lo natural que la derecha más soez y analfabeta acostumbra a hacer, a diestro y siniestro, tanto en Turín como en Buñol, tanto en Brandemburgo como en Benicarló: gobiernos incompetentes que alardean de su ignorancia y que hacen de la incultura una virtud. En resumen, que el resumen de este romance no está en el romancero sino que lo encontramos en una frase de un poeta sevillano bien conocido y bien denostado que sabía de lo que estamos hablando: «mala gente que camina y va apestando la tierra».
Pero la verdad, además de ser un periódico de Murcia que también se editaba en Alicante, la verdad es… que los libros, la cultura, la ilustración, las bibliotecas siempre han ido más allá de muchas circunstancias aciagas y es sin duda seguro que estas recuas de zoquetes y zoquetas peligrosos y peligrosas no podrán arrumbar todo el valor que por sí las bibliotecas, los libros, la cultura, atesoran.
La UNESCO declaraba en su Manifiesto sobre la Biblioteca Pública: «…la fe en la biblioteca pública como una fuerza viva para la educación, la cultura y la información y como un agente esencial para el fomento de la paz y del bienestar espiritual a través del pensamiento de hombres y mujeres». Asímismo, declaró en 1995 el 23 de abril como «Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor», pero aunque este 23 y de abril sea el Día Internacional del Libro la verdad es que en todas las muchas bibliotecas públicas, con todas sus muchas circunstancias, con todas sus muchas dificultadas y con todas sus muchas alianzas, todos los días de enero, febrero, julio, diciembre o abril son «El día del Libro», pues las bibliotecas no solo son el paradigma del libro, de lo virtuoso, inclusivo, comunitario… son un verdadero lugar mágico. Un espacio colectivo, solidario, amable y vivo donde todas y todos contamos.
Biblioteca Pública Municipal
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