Todos los años lo mismo

Hay algo, aparte de las uvas y la ropa interior roja, muy común al finalizar un año: los propósitos de cambio. Esas metas que nos autoimponemos y que sabemos perfectamente que no vamos a cumplir. Dejar de fumar, hacer ejercicio, visitar más a nuestros familiares y, por supuesto, no olvidarnos de comer sano.

Todos los años lo mismo y sin embargo pocas veces llegamos a cumplir nuestro objetivo. De hecho, diversos estudios concluyen que el 20% de los propósitos de año nuevo se pierden dentro de la primera semana de enero, y por lo menos el 80% se abandonan a lo largo del año.

Pero, ¿por qué no somos capaces de conseguir lo que nos proponemos?
Mucha gente ya no se fija propósitos de año nuevo porque creen que es una pérdida de tiempo y, peor aún, nos sentimos frustrados si no conseguimos lo que queremos. No obstante, hemos de ser conscientes que no alcanzar la meta fijada no significa que seamos incapaces de trabajar por lo que queremos, sino que muy probablemente se deba a que no cerramos ciclos. Es decir, hay algo que nos está frenando y nos impide avanzar o mejorar en algún aspecto; y lo peor de todo, no lo estamos viendo, pudiendo este obstáculo tener forma de relación, trabajo, sentimiento o persona.

Nos empeñamos en no cerrar ciertas puertas, aún sabiendo que no nos convienen y nos inundan de basura emocional que nos impide conseguir aquello que deseamos, aún sabiendo que es positivo para nosotros.

Entonces, ¿qué puedo hacer para cerrar ciclos?

– Vacíate: elabora una lista con todo aquello que te hace no sentirte bien y al lado escribe como puedes apartarte de ello. Es necesario cortar con todo aquello que no te deja avanzar.
– No pienses en términos de todo o nada. En la vida no todo es blanco o negro, existe el gris. Por tanto, aprende a ser flexible. Quizás, lo que hoy crees que no vas a conseguir, mañana sea una realidad. No sabemos lo que va a pasar en un futuro.
– Adiós al remordimiento. Si algo no ha salido bien, sirve como aprendizaje. No somos perfectos, cometemos errores. Sé amigo y amiga de ti mismo/a y perdónate.
– Rodéate de tus seres queridos. Ya sé que suena a tópico, pero es la fuente de apoyo y cariño más importante que tenemos, y aunque a veces haya diferencias, en los malos momentos son incondicionales.
– Sé agradecido y agradecida. En lugar de estar pendiente de lo que no tenemos, deberíamos ver y valorar lo que sí. Seguro que somos muy afortunados en diversos aspectos, pero es más fácil para nosotros ver aquello que nos falta.
– Acepta. Existen cosas que están fuera de nuestro control, no intentes cambiarlas porque llegará a ti una inmensa frustración. No pienses en lo que pudo haber sido y sí en lo que ha sido.
– Todo va a ir bien. Por muy mala que parezca la situación en la que estamos inmersos, siempre tenemos que pensar: esto también pasará.

Si conseguimos llevar a cabo alguno de estos consejos, seguro que podremos cerrar ese ciclo que tanto nos molesta, y llegar a nuestra meta. Es importante recordar que a veces no avanzamos porque cargamos mucho peso en nuestras mochilas. Pero, al menos, siempre podremos vaciarlas y comenzar de nuevo el camino, aunque no sea el primer día del año.

Mari Fuertes Miguel
Psicóloga

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